29 mar 2020

Ir a contenido

Análisis

Momento de la fotación en un colegio electoral. 

EFE / PACO CAMPOS

El premio a la localización del voto

José Rama

Los partidos catalanes que concentran su voto en las provincias sobrerrepresentadas obtienen más rédito político

Los sistemas electorales son los mecanismos que permiten articular la representación política, pues su función es la de transformar los votos en escaños y repartirlos entre los partidos. Ahora bien, el resultado de la transformación dependerá de cómo se combinen los distintos elementos que componen cada sistema electoral: tipo y magnitud de circunscripción, prorrateo de escaños, fórmula electoral y barrera legal.

El sistema electoral español ha sido tachado de desproporcional, debido a que el porcentaje de escaños que reciben los partidos se aleja de su porcentaje de votos. La principal fuente de distorsión es la baja magnitud media de las circunscripciones electorales, las provincias. Existe, asimismo, un segundo foco de desproporcionalidad, relacionado con la desigualdad del voto entre electores, pero también con el hecho de que la geografía electoral española es heterogénea: los habitantes de las provincias menos pobladas tienden a apoyar más a unos partidos que a otros. Esos partidos que reciben un mayor porcentaje de votos en las circunscripciones del interior (excepto Madrid) se ven beneficiados por el sistema por partida doble: 1) en las provincias sobrerrepresentadas los votos son más valiosos; 2) los partidos mayoritarios en esas provincias, al haber pocos escaños en juego, reciben una jugosa bonificación. Como los principales partidos beneficiados por este fenómeno han sido la UCD y el PP, a esto se le ha llamado el sesgo conservador.

La Catalunya metropolitana y la otra

A falta de ley electoral propia, las elecciones en Catalunya se rigen en lo esencial por la normativa electoral estatal. ¿Significa esto que en las elecciones autonómicas catalanas se reproducen los mismos efectos que en las elecciones generales? No exactamente. En realidad, el sistema electoral catalán, al igual que el español, tiene un claro sesgo partidista; pero en este caso la localización del voto favorece a los partidos nacionalistas catalanes, que concentran su voto en las provincias sobrerrepresentadas (Girona, Lleida y Tarragona). Así sucedió en las elecciones autonómicas de 1999 y el 2003, en las que CiU, con menos votos que el PSC, obtuvo más escaños.

Realizando una simulación a partir de los estudios poselectorales del CIS tras las autonómicas del 2010, el 2012 y el 2015, en la que comparamos, por un lado, Barcelona y su área metropolitana, y por otro el resto de municipios catalanes, comprobamos lo siguiente: mientras que fuera del área metropolitana barcelonesa los partidos nacionalistas catalanes superaron de forma holgada el 50% de los votos (llegando en el 2015 al 63%), en el interior de esa área el porcentaje es inferior y solo alcanza el 50% en las elecciones del 2015. Por el contrario, los partidos no nacionalistas recibieron un mayor apoyo en Barcelona y su área metropolitana. Es más, las diferencias entre el porcentaje de votos que obtuvieron dentro y fuera del área metropolitana son, en todas las elecciones, superiores a 10 puntos porcentuales.

A igualdad de apoyos, frutos distintos

Si realizamos el mismo ejercicio en función del tamaño del municipio, vemos cómo mientras el porcentaje de votos que obtuvieron los partidos nacionalistas en municipios de menos de 50.000 habitantes roza el 80% en los comicios del 2012 y el 2015, en aquellos que tienen más de 50.000 habitantes su número de votos ronda el 50% en el 2010 y el 2015. Los partidos no nacionalistas, en cambio, corrieron una suerte muy distinta, y su porcentaje de votos en los municipios de más de 50.000 habitantes fue notablemente superior. En las elecciones del 2015, por ejemplo, solo cosecharon el 19% de los votos en zonas de menos de 50.000 habitantes; mientras que en las de más población esta cifra ascendió al 49%.

Este ejercicio demuestra que la geografía electoral catalana tampoco es uniforme. Lo cual, sumado a la desigualdad del voto que proyecta el sistema, evidencia un sesgo partidista claro: a igualdad de apoyos totales, los partidos no reciben los mismos frutos. Las últimas encuestas auguran un resultado apretado, en el que los partidos más votados (ERC, C's, JxCat y, quizá, el PSC) podrían moverse en un margen de pocos puntos. Es por ello que, de confirmarse ese escenario tan ajustado, existe la posibilidad de que se produzcan resultados no monótonos, es decir, una situación en la que el orden de los partidos a partir de su número de votos sea diferente a su orden en cuanto en cuanto a su número de escaños. En suma, el sistema electoral catalán va a resultar determinante, premiando o castigando a los partidos en función de la localización de su voto.