25 oct 2020

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Órdago soberanista

Fachada de un edificio de Barcelona con banderas española, una ’senyera’ y una ’estelada’.

España en decadencia, Catalunya en el limbo

Jesús López-Medel

Sepan los catalanes que en Madrid también hay gente que estos días se encuentra muy triste

Es este uno de los momentos más tristes en la larga historia común. Junto a la alegría de los que hace tiempo luchaban por la secesión, sectores catalanistas no radicales y que solo en los últimos meses se sumaron a la independencia tienen ahora tristeza. Muchos se incorporaron a un sentimiento (es lo que en el PP jamás entienden) colectivo y, sobre todo, desde el rechazo a la catarata de errores y humillaciones desde el Gobierno hacia Catalunya. No están felices hoy.

Pero también en Madrid, buena parte de su población tiene también un sentimiento de gran tristeza. No ya es que se fracciona un territorio con el que los lazos históricos (aun con desencuentros) son muy hondos sino también por la manera lamentable que se produce el rompimiento. Ellos se van y desde aquí se les empuja. Muchos pensamos, también en Catalunya, que el proceso de Puigdemont ha sido una huida alocada hacia adelante y ha sido atrapado por el empuje de sus socios para hacer cosas fuera de lógica. Han sido muchas actuaciones disparatadas y bananeras las que han protagonizado el Govern y el Parlament.  

El engaño de Zapatero

Pero eso no impide al mismo tiempo que se aprecie una enorme responsabilidad de quien, por ser partícipe de esa fractura, pueda pasar a la historia por su nombre: Mariano Rajoy. En la segunda legislatura de Aznar había solo un diputado de ERC y los de Convergència hablaban de la Constitución. Ese solo diputado independentista se multiplicó hasta ocho. Llegó Zapatero y engañó a los catalanes con pretensiones que no cumplió. El Congreso afilaría la humillación que completó el Tribunal Constitucional haciendo aún más nimio un Estatut ya recortado e incluso votado por el pueblo catalán. Y llegó Rajoy…

Que sepan desde Catalunya que ese procés lo interpretamos así no poca gente en Madrid aunque resalten más los patriotas que exhiben banderas. Un problema político ha sido tratado como un problema judicial y con toda la maquinaria engrasada del aparato estatal, fuerzas policiales desbocadas (ganas le quedaron a la altiva Cospedal de enviar las tropas), fiscalía, judicatura,  promoviendo grupos de adhesión de quienes debían ser neutrales.

Gente que no quería en Catalunya la independencia fue empujada a ella desde Madrid. Me irrita cuando los peperos hablan de Estado de derecho. Es una patraña que pervierten constantemente. Otros actores de la política madrileña se han comportado como forofos de la selección de fútbol. El lamentable discurso del Rey (de Felipe V a Felipe VI), el vergonzante PSOE como partido del sistema, personajes como Pablo Casado incendiando de odio la lumbre...

Respetuoso entendimiento

Sepan los catalanes que en Madrid vivimos también gentes que hoy nos sentimos muy entristecidos, que por encima de nacionalistas somos demócratas y vivimos con la confianza de que deje un día de gobernar el PP y se establezcan bases para un respetuoso entendimiento.

Releo ahora a un hispanista, John H. Elliott, cuyo libro La rebelión de los catalanes lleva por subtítulo La decadencia de España. Trataba de lo acontecido en el siglo XVII. La historia se repite.