31 may 2020

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El debate sobre la independencia de Catalunya

Una imagen de la Diada del 2015. 

Camus y la criminalización del adversario

Josep Fèlix Ballesteros

Como bien afirmaba el humanista francés, la libertad del pueblo es indivisible y no puede construirse sobre la base de excluir a la mitad de la población

Como era, por desgracia, previsible el enconamiento de las posiciones inmovilistas tanto por parte del Gobierno del PP como del Gobierno de Junts pel Sí y sus socios parlamentarios de la CUP nos han situado a todos en el umbral de un escenario de imprevisibles consecuencias.

Ahora mismo nadie es capaz de pronosticar qué pasará en Catalunya los próximos meses teniendo en cuenta la voluntad de la Generalitat de convocar un referéndum vinculante o sí o sí que irá acompañado de la aprobación 'exprés' de las llamadas leyes de desconexión de España, por la vía de urgencia, sin debate parlamentario, ni información previa a los grupos de la oposición, ni al pueblo de Catalunya.

INCOMPRENSIÓN Y OSADÍA

La fenomenal incomprensión de unos y la osadía aventurera otros está situando el país a los pies de los caballos del choque de trenes institucional ante el desconcierto de la tan proclamada mayoría silenciosa, el sufrido ciudadano, que escucha atónito expresiones como estas: "No cederemos ni un milímetro en nuestras posiciones ", "no hay nada que hablar más allá de impugnar las decisiones ilegales del Parlamento catalán ante los tribunales", o bien "queremos negociar pero el referéndum se hará este año o sí o sí", "la democracia española es de tan baja calidad que no merece ser defendida", entre otras sentencias similares que se escuchan casi a diario. Y no por parte de determinados opinadores exaltados, no, sino por parte de personas con responsabilidades institucionales que tienen la obligación de sentarse a hablar y resolver los problemas de los ciudadanos.

Quizá esta actitud tan inflexible con las opiniones ajenas, esta descalificación, burla e, incluso, criminalización de las posiciones consideradas adversarias, me ha recordado el ejemplo del escritor y humanista francés Albert Camus. De su ejemplo y de su valentía.

"ACUERDO CÍVICO"

En un situación infinitamente peor -la guerra de Argelia que enfrentaba a los independentistas argelinos con los colonos franceses- Camus tuvo el extraordinario valor de defender el diálogo entre ambos grupos, que formaban parte de la misma sociedad, y pedir un "acuerdo cívico" que pusiera fin a la guerra y reconociera una sociedad con sentimientos de identidad nacional plurales. ¿Diálogo? ¿Negociación? ¿Acuerdo? Cientos de franceses que rodeaban el local de Argel donde Camus hacía su propuesta arrojaban piedras contra los cristales de la sala mientras gritaban "¡Camus traidor!". Al día siguiente, cuando se dirigía al aeropuerto, eran manifestantes independentistas los que la amenazaban y burlaban "¡Camus traidor!". Camus volvió a París afligido y frustrado...

Cuando el mito, sea lo que sea, impone su relato unilateral el diálogo cívico es la primera víctima

Frustrado pero persistente. Persistente en la convicción de que cuando el mito, sea lo que sea, impone su relato unilateral el diálogo cívico es la primera víctima. "Cada vez que un conciudadano nuestro es excluido del  'pueblo' todos somos excluidos con él. La libertad es indivisible. Debe ser para todos o no será de nadie". 

Y añadía: "Cuando la incomprensión genera más incomprensión se entra en un delirio que exaspera y vuelve imposible el diálogo racional que es sustituido por cuatro consignas y exhortaciones a "no ceder" ante las razones del considerado adversario. El papel de los humanistas no debe ser disculpar una de las incomprensiones y condenar el otro ya que esto solo alentará la determinación del excluido y radicalizará sus posiciones dogmáticas. Ningún problema humano se ha resuelto diciendo: no te escucho".

BENEFICIO GLOBAL

Releo estas frases y lamento enormemente que en este momento no tengamos en Catalunya y España más personas con responsabilidades institucionales de la valía y dimensión ética de un Albert Camus. Sin duda con Albert Camus en el Palau de la Generalitat y en la Moncloa el previsible choque de trenes se evitaría. Se evitaría y los ciudadanos de Catalunya y del conjunto de España serían los beneficiados porque, como muy bien afirmaba el humanista francés, la libertad del pueblo es indivisible y no puede construirse sobre la base de excluir a la mitad de la población. La libertad no puede ser mutilada. Debe ser para todos o no será de nadie.