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GESTIÓN EMPRESARIAL

Exterior de la central nuclear de Santa María de Garoña, en el norte de la provincia de Burgos.

FEDERICO VELEZ / EFE

Estirar más el brazo que la manga

Ramon Folch

La connivencia del poder con los lobis energéticos ya empieza a ser más que preocupante

El Boeing 737-800 del vuelo 120 de China Airlines quedó enteramente destruido por un incendio tras aterrizar, el 20 de agosto del 2007, en la isla de Okinawa; la falta de una arandela causó el desprendimiento de un perno que perforó el depósito de combustible. Otro Boeing 737, en el vuelo 243 de Aloha Airlines, perdió media carlinga el 28 de abril de 1988 mientras volaba entre dos islas de Hawai; la vida estimada por el fabricante para los 737 es de 34.000 vuelos, pero el avión accidentado ya llevaba 90.000.

Una arandela vale diez céntimos, un Boeing 737 cuesta 90 millones de dólares y una vida humana no tiene precio. En las cuentas de explotación de las dos compañías, las revisiones superficiales o las amortizaciones alargadas tal vez eran positivas; en el balance empresarial global, resultaron ruinosas. En efecto, lo barato puede salir muy caro.

HISTORIAL DE INCIDENTES

Por eso sorprende e inquieta que el Consejo de Seguridad Nuclear saliera días atrás con la propuesta de ampliar la vida útil de las centrales nucleares de los 40 años usualmente admitidos hasta los 60, o incluso más. Así, propuso reabrir la central de Santa María de Garoña, inaugurada en 1971, hace 46 años. Sería la décima más vieja de las 449 que funcionan en el mundo, en el bien entendido que las otras nueve arrastran un lamentable historial de incidentes y bajo rendimiento.

RIESGO A PRECIOS ELEVADOS

La energía nuclear no está exenta de riesgo (menos que dicen unos, más que admiten otros) y, sobre todo, es carísima. No lo parece porque no se le imputan las mil externalidades negativas que genera. Ahora, con el fin de maquillar cuentas, se pretende alargar su amortización. La connivencia del poder con los lobis energéticos ya empieza a ser más que preocupante.

China Airlines y Aloha también quisieron hacerse los listos. Al final, las cuentas fueron desastrosas y las vidas perdidas, irreparables. Alguien debería dar la cara y explicar, de paso, por qué se pagan sueldos tan elevados a directivos y consejeros que toman decisiones tan objetables.

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