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GOLF

Augusta, del odio al amor

Luis Mendiola

Durante muchos años la aproximación de Sergio García a los títulos del Grand Slam fue complicada. En el caso del Masters de Augusta, el torneo por excelencia con el que todos los jugadores sueñan, podría añadirse, que incluso tormentosa.

Desde que irrumpió en la escena como el nuevo prodigio del circuito, se le consideró como la alternativa europea a Tiger Woods. Se le definió como el sucesor de Seve Ballesteros. Como el relevo natural a José María Olazábal, que se consagró en el Masters en 1999 y se vistió con la chaqueta verde de Augusta con él sentado a su lado (fue el mejor amateur) como imagen de un futuro prometedor. Demasiadas etiquetas a las que dar respuesta.    

Han sido casi dos largas décadas construyendo una sólida carrera internacional, pero arrastrando una pesada carga emocional (la falta de un grande en su pamarés) de la que, al fin, se ha desprendido de forma merecida en el Augusta National.

García ha dejado de ser el mejor jugador que nunca ha ganado un grande y paradójicamente lo ha conseguido en Augusta, el campo con el que estableció una relación de amor y odio con el paso de los años y de cuyo recorrido renegaba cada vez que sus calles y sus greens le cerraban el paso, lo que le costó en más de una ocasión la reprobación del público estadounidense.  

A sus 37 años, con una imagen mucho más paciente y positiva en el campo, rebajado su elevado nivel de exigencia y alejado del perfil rebelde de sus inicios, ha conseguido incluir su nombre en el mismo grupo que el de sus ídolos de la infancia, Seve Ballesteros y José María Olazábal. El Niño disfruta de su madurez.      

Después de años de desafección mutua, el público de Augusta ha acabado entendiendo que García ya ha expiado sus pecados de juventud (el noviazgo con la tejana Angela Akins seguro que ha ayudado) y en esta edición ha acabado celebrando su actuación y jaleando sus birdies, mientras el castellonense lanzaba besos a la grada tras culminar su conquista. Como en las buenos guiones de Hollywood, el drama de los inicios de su carrera, ha acabado en final feliz. En una inesperada historia de amor.

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