04 jul 2020

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MIRADOR

Juan Carlos Monedero saluda a Ramón Espinar, tras su victoria.

JOSÉ LUIS ROCA

El radicalómetro

Cristina Pardo

A la espera de las futuras metamorfosis de Podemos, la victoria de Espinar es buena para Iglesias y también para el PSOE

"Íñigo Errejón es más radical que yo”. Esta frase es de Monedero, presente en el Congreso durante el debate de investidura. Supongo que era la manera que tenía el dirigente de Podemos de minimizar el debate sobre la existencia de dos corrientes en el partido: la cara amable de Errejón y el ceño fruncido de Iglesias. Sin embargo, pienso que empieza a ser urgente el uso de un ‘radicalómetro’ para ubicar a los líderes morados en su propio debate interno o para que, al menos, nos aclaren si Monedero es, como él vino a decir, el punto de referencia a la hora de valorar quién es más de hablar en voz baja y quién prefiere el grito rapeado. 

En las primarias que se han celebrado en Madrid han ganado los ‘pablistas’, encabezados por Ramón Espinar. Con el apoyo activo de Monedero, por cierto. Este proceso ha evidenciado que, hombre, el lema aquel de “La sonrisa de un país” igual ya se queda viejo. A la campaña no le faltaron trapos sucios como el famoso piso protegido y vendido de Espinar, víctima de su propio listón ético. Tampoco faltaron ataques nada velados. Sirvan de ejemplo unas declaraciones que hizo hace unos días Miguel Urbán, miembro anticapitalista de la candidatura ganadora, contra su rival ‘errejonista’: “Rita Maestre es moderada y nos resta antagonismo con el PSOE”. En la primera parte de su afirmación me pierdo. No tengo a Monedero a mano. Pero la segunda creo que es lógica y que esa es, además, la tesis que se impondrá cuando dentro de unos meses midan fuerzas Iglesias y Errejón en la batalla por el liderazgo nacional.

A la zona más caliente del ‘radicalómetro’, a los ‘pablistas’, nunca les ha interesado el acercamiento al PSOE si eso implicaba ir a rebufo. Liderar, sí. Sumar desde una posición inferior, no. Por el contrario, el sector conocido como moderado, se presenta como partidario de una aproximación a los socialistas si eso permite arrinconar al PP. Ambas partes comparten el objetivo de hacerse con la hegemonía de la izquierda, pero no el camino para conseguirlo. Con la victoria de Espinar, se demuestra que entre lo que ellos consideran “la gente” hay todavía mucho cabreo que canalizar e interés por cambiar el sistema. Sin embargo, parece evidente que un Podemos más amable puede hacer que votantes que no se sienten identificados con los gritos de Iglesias, puedan en un futuro pasar a formar parte del selecto club de “la gente”.

En todo caso, y a la espera de ver hasta dónde llegan las futuras metamorfosis de Podemos, la victoria de Espinar es buena para Iglesias y, de rebote, también para el PSOE. Suponiendo que los socialistas se encuentren a ellos mismos un día de estos, ambos partidos tendrán un espacio diferenciado que reivindicar. En el PSOE habría una ‘errejonización’ consistente en volver a ampliar su base electoral con ideas claras y zurdas, pero con líderes amables. Podemos sería ‘pablista’; o sea, unos días venezolano y otros más tirando a Donald Trump, en función de la marcha que lleve el ‘radicalómetro’ de la oposición.