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El radar

Trump y su mujer, Melania, felicitados por la multitud tras el discurso de aceptación de la victoria del magnate, en el hotel New York Hilton Midtown, en Nueva York, el 9 de noviembre.

AFP / MARK WILSON

Esos tontos americanos

Joan Cañete Bayle

Las elecciones estadounidenses se han seguido con el interés de los temas que afectan de forma directa

Muchas opiniones sobre el resultado se basan en el desdén con que se mira desde Europa a Estados Unidos

Son las de Estados Unidos unas elecciones globalesFuck Dunald Trump, se lee en una pintada en una pared del Eixample de Barcelona, impecable ortografía inglesa en el exabrupto, no tanto en el nombre del presidente electo de Estados Unidos. En Entre Todos hemos recibido decenas de cartas sobre la victoria de Donald Trump en las elecciones del país norteamericano, un nivel de participación que solo se da en asuntos muy cercanos y que afectan directamente a los ciudadanos. Varios motivos para ello: el impacto de que alguien como Trump vaya a mudarse a la Casa Blanca ha sido brutal; las elecciones en EEUU se siguen casi como algo propio; esta vez, además, hay un hilo conductor entre algunas de los factores que confluían allí con lo que sucede aquí. Porque, al fin y al cabo, algo sabemos también por estos lares de una clase media dejada a su suerte en la cuneta a causa de los efectos de la crisis económica, de una recuperación cuyos efectos solo la notan algunos (lo que se dice "a nivel macro"), de las ganas de darle una patada en las partes al sistema, de resultados electorales que resultan incomprensibles para mucha gente.

Por eso, resulta familiar la pregunta: ¿cómo es posible que tanta gente haya votado a este tipo? Sin ir más lejos, muchos se la hicieron cuando Mariano Rajoy ganó y mejoró sus resultados en las elecciones del 26 de junio. Entonces, como ha sucedido ahora con la victoria de Trump, un argumento corrió como la pólvora en la conversación pública, alimentado sobre todo por el fuego de las redes sociales: ¿cómo es posible que tantos millones de personas hayan votado por un candidato como Rajoy, con sus políticas de recortes, con los casos de corrupción que implican a su partido? La misma pregunta, entre perpleja e indignada, se repite con Trump: ¿cómo es posible que haya ganado alguien con un discurso racistamisógino y populista como el del magnate? ¿Cómo se explica que trabajadores de clase media arruinada por la crisis, en paro, o con trabajos precarios a causa del desvanecimiento de una industria que no regresará, hayan votado a un candidato como TrumpFuck Dunald Trump.

PREPOTENCIA Y DESDÉN

"No es difícil entender por qué todas las encuestas son poco fiables y por qué el voto oculto se ha disparado tantísimo. En parte es culpa de la prepotencia, petulancia y desdén que se utiliza por parte de la izquierda para criticar a los votantes de derechas. Se les trata de tontos, de inconscientes y de retrógrados, y esto lo hacen tanto los propios votantes como los políticos", escribe Òscar Soler, de Barcelona.

Hay, en efecto, mucha superioridad moral en la conversación que proviene de cierta izquierda a la hora de analizar en su momento la victoria de Rajoy y hoy la de Trump. Si a ello se le añade el estupor, la incredulidad y la frustración surge un discurso en el que se descalifica como "ignorantes", "incultos" y "gente que no sabe lo que vota" o "votan en contra de sus intereses" a  quienes han elegido otra opción política. En el caso de las elecciones de EEUU, se le añade una segunda superioridad moral: la tendencia europea de mirar a EEUU por encima del hombro. La combinación de las dos miradas concluye: ¿cómo no van a votar a un tipo como Trump los ciudadanos de un país como EEUU? En algunas cartas que hemos recibido y en comentarios en redes sociales abundan comentarios como "tontos", "racistas", "paletos". ¿Qué se podía esperar de estos tontos americanos? Un pequeño detalle es que son los mismos que hace ocho años generaron una exageradísima corriente de euforia mundial con la elección de Barck Obama. Al menos no fueron los ciudadanos estadounidenses los que le concedieron el Nobel de la Paz recién llegado a la Casa Blanca.

La superioridad moral no suele ser una buena forma de mirar. En un discurso de izquierdas es una contradicción insalvable (es la paradoja de hablar en nombre de una gente a una parte importante de la cual se menosprecia intelectualmente); en términos de madurez y sofisticación y de no caer en populismos pocas lecciones puede dar la población europea a la estadounidense. Y en términos de entender por qué suceden  las cosas, los apriorismos no ayudan. Unas cifras: de los más de 300 millones de habitantes de EEUU, el 46,9% no votó. El 25,6%  votó a Clinton y el 25,5% a Trump. ¿De verdad son tontos todos los americanos?

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