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¿Qué cabe esperar de Trump y su política comercial?

Jorge Díaz Lanchas

En un mundo multipolar, es difícil pensar el proteccionismo que anuncia el nuevo presidente de EEUU no provocaría respuestas de los demás países

Shock y frustración. Este es el ambiente que se respira en buena parte de la sociedad americana desde la confirmación de Donald Trump como el nuevo presidente de Estados Unidos. En estos momentos la pregunta que todo el mundo se está haciendo es: "¿Ahora qué?". Y lo cierto es que es una duda más que razonable, pues ningún candidato a la presidencia estadounidense ha mostrado tal falta de coherencia y conocimientos en nociones relacionadas con la política económica y las relaciones internacionales en particular. De hecho, estas últimas han sido su caballo de batalla desde sus inicios como candidato a la nominación republicana. A su manera, Trump pareció entender la frustración que los efectos de la globalización están acarreando sobre una parte no despreciable de la población americana. En sus discursos, canalizó dicha rabia hacia el comercio internacional como origen de la pérdida de empleo y el estancamiento de los salarios que están sufriendo los trabajadores con bajos niveles formativos, incapaces de adaptarse al entorno tan cambiante del mundo actual.

UN FUTURO POCO HALAGÜEÑO

Tal es la incertidumbre de sus declaraciones que cabe plantearse qué tipo de estrategia comercial va a seguir Trump en estos años. Si bien es cierto que carecemos de un programa detallado, fijándonos en sus intenciones podemos atisbar un futuro poco halagüeño en cuanto a la cooperación comercial se refiere. A diferencia de la estrategia seguida por Barack Obama en su segundo mandato, Trump parece virar hacia una nueva forma de neoproteccionismo con el que pretende que EEUU vuelva a ser el centro de todas las negociaciones comerciales, a semejanza de la situación privilegiada que poseía en las décadas 60 y 70 del siglo XX. Pero lo cierto es que el mundo actual poco tiene que ver con aquel mundo bipolar.

El rechazo del libre comercio no ha hecho más que crecer entre los seguidores del presidente electo

En este tiempo, Trump ha amenazado con subir aranceles a los productos llegados de México y China. Ha mostrado su intención de derogar anteriores tratados de libre comercio como el NAFTA, y abandonar la negociación de los que están en curso, el TPP con países de la cuenca del Pacífico y el TTIP con la Unión Europea. De hecho, tal ha sido su énfasis en romper con estos tratados que llevó a la propia Hillary Clinton a mostrarse reticente con la continuidad de estas negociaciones. Y parece que la estrategia electoral le ha funcionado, pues si atendemos al perfil de sus votantes, y de acuerdo con los datos del Pew Research Center, pese a que el comercio internacional se encontraba en el puesto 18 de las principales preocupaciones de la sociedad americana (junio del 2016), el sentimiento de rechazo hacia el libre comercio no ha hecho más que subir entre sus seguidores, alcanzando al 72% de opuestos al TPP (octubre del 2016). Esto es, mostrar una posición proteccionista no solo reafirmaba las ideas de Trump, sino que además tenía rédito electoral.

EFECTO ECONÓMICO BUMERÁN

De llevarse a cabo sus medidas, estaríamos hablando de una guerra comercial originada desde el país que más ha hecho por impulsar la integración económica a través del comercio y las inversiones. El Peterson Institute for International Economics (PIIE) plantea varios análisis según los cuales las medidas de Trump acabarían perjudicando a la propia economía americana, llegando a rozar tasas de desempleo del 8,6%, y reducciones del consumo y la inversión en cifras cercanas al 3% y al 9,5% respectivamente.

Ello en un escenario en el que pudiese unilateralmente aplicar dichas medidas. Pero en un mundo multipolar es difícil pensar que esto no provocaría respuestas por parte de los demás países, fundamentalmente de China. Así, cabría esperar que China siguiese una estrategia de toma y daca ('tit-for-tat') obstaculizando las cadenas de montaje de las empresas norteamericanas en el país, subiendo aranceles e imponiendo restricciones a las inversiones de EEUU, o incluso manipulando el tipo de cambio dólar/yuan. Es más, a nivel geopolítico China podría intensificar sus relaciones con países cercanos a EEUU como Japón o Corea del Sur.

CRISIS DE LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL

Por último, Trump ha llegado incluso jugar con la propia salida de la Organización Mundial del Comercio. De ser este el caso, estaríamos ante una profunda crisis de la cooperación internacional. Ante retos como el cambio climático o la gestión de los intercambios comerciales, faltar a la credibilidad y legitimidad de una de las instituciones que consigue sentar en la misma mesa a la mayor parte de los países supondría dejar en entredicho el débil sistema multilateral de relaciones. Con todo, esperemos que EEUU sepa controlarse a sí mismo.

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