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TENSIÓN ENTRE LAS GRANDES POTENCIAS

Putin y Obama, en un tenso encuentro en Hangzhou (China), el 5 de septiembre.

AP / ALEXEI DRUZHININ

El zapato de Kruschev 2.0

Ramón Lobo

EEUU y Rusia se enzarzan en una escalada que nos devuelve a los tiempos de la guerra fría

Vuelven los viejos tiempos, los de películas como la de Norman Jewison 'Que vienen los rusos' o cualquier otra de Hollywood que dibujaba a la URSS como una amenaza. Tras años de coqueteo después del 11-S, EEUU y Rusia han regresado a la casilla de salida enzarzados en un escalada verbal que recuerda a los años de la guerra fría. Las relaciones parecen estar en su punto más bajo desde los años 70.

Esta especie de preguerra fría 2.0 nace en un mundo globalizado y zarandeado por una prolongada crisis económica que ha generado un rechazo hacia la clase política y potenciado los discursos populistas. Coincide con unas elecciones que podrían situar en la Casa Blanca a un tipo como Donald Trump, quien parece más cercano al líder ruso, Vladímir Putin, que a su compatriota y rival, Hillary Clinton.

La Administración Obama acusa formalmente a Rusia de estar detrás del hackeo de los ordenadores del Partido Demócrata. Hillary acusa a Putin de interferir de la mano de Wikileaks (revelación de parte de los e-mails borrados) en la carrera presidencial en favor de Trump. Algunos políticos europeos ven la mano de Putin en el 'brexit', en los anhelos independentistas de Escocia y Cataluña y en la financiación de la extrema derecha europea. Esta psicosis es típica de la guerra fría.

Obama ha cruzado una frontera al anunciar que denunciará a Rusia por crímenes de guerra en Siria ante los tribunales de la ONU. La necesidad de teatralizar la firmeza en un periodo electoral contrasta con la exigencia de mantener abiertas las vías de diálogo en Siria, convertido en el principal escenario de enfrentamiento.

CUATRO OBJETIVOS

El Kremlin tiene cuatro objetivos visibles: conservar la base naval de Tartus, sostener al régimen de Basar el Asad, considerado su aliado tradicional, derrotar al Estado Islámico (ISIS) y tener una voz en el rediseño de Oriente Próximo. Hay una quinta que lo envuelve todo y explica la anexión de Crimea y la defensa de la Ucrania rusófona: proteger sus fronteras.

EEUU solo tiene un objetivo declarado en Siria: derrotar al ISIS, pero le falta un plan. Quiere  derrotar a la vez a los yihadistas y al régimen. Los resultados, de momento, no son buenos. Occidente dejó en la estacada militar al Ejército Libre de Siria, su mejor opción en los primeros años de la guerra. Las dudas favorecieron el nacimiento de Jabhat Fatá al Sham (Frente al Nusra) y el ISIS, financiados desde Qatar y Arabia Saudí.

En Siria se mueven hoy más de 30 grupos armados que pugnan entre sí y contra el régimen de Damasco en una guerra que parece condenada a unas tablas eternas. El problema de Obama es que no sabe quién es su aliado. En este asunto, Trump tiene una propuesta más clara: apoyar a Asad y alinearse con Putin para derrotar al ISIS.

Hasta hace unas semanas parecía que Washington y Moscú se repartían los papeles del poli bueno y el poli malo en Siria. Rusia, que carece de una opinión pública capaz de derribar presidentes, se puede permitir el lujo de excederse en los bombardeos. En ese esquema de cooperación se presentó el último alto el fuego de mediados de septiembre, que en exceso de entusiasmo se llamó hito para la paz.

Cuatro días después de la firma, EEUU bombardeó una posición del Ejército de Basar al este del país. Murieron 62 soldados. Washington habló de accidente. Unos días después, el Pentágono acusó a Rusia de atacar un convoy humanitario a las afueras de Alepo. Más tarde, aviones rusos bombardearon posiciones de los grupos rebeldes apoyados por EEUU. Esta escalada llevó a EEUU a hablar de crímenes de guerra.

La tensión no es solo verbal. La aviación rusa realiza desde hace ocho meses vuelos cerca o dentro del espacio aéreo de países miembros de la OTAN, sean por el Báltico o en el Cantábrico. La European Leadership Network afirma que los incidentes militares han aumentado hasta niveles de la guerra fría. Tiene confirmados hasta 40 incidentes considerados peligrosos.

REPARTO DEL MUNDO

La primera guerra fría empezó al final de la segunda guerra mundial, consumado el reparto del mundo en la cumbre de Yalta. La muerte de Roosevelt nos dejó sin saber cómo hubiera sido esa postguerra con él al mando. Su sucesor, Harry Truman, lanzó dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. La segunda tenía un mensaje para Stalin: somos la única superpotencia, tenemos La Bomba, dictamos el rumbo.

Ahí comenzó una carrera de armamentos basada en un principio: MAD. Además de significar loco, son las siglas del Mutual Assured Destruction (recuerden Kubrick y su 'Teléfono rojo Volamos hacia Moscú'). La no-guerra se basaba en la garantía de que la destrucción en el campo del vencedor sería tan grande como la destrucción en el campo del perdedor. Aquella carrera de armamento consumió a la URSS, incapaz de mantener el pulso.

Su desplome en 1991 dejó un país sumido en la hiperinflación, el caos político y a los pies de Occidente. Fue un choque emocional descubrir que todo era un decorado, una gran mentira. Putin dice que la desaparición de la URSS es la mayor tragedia del siglo XX. Su empeño desde que llegó al poder en 1999 es regresar a los días felices en los que disputaba el mundo a EEUU. Ser superpotencia.

La imagen de Obama y Putin en la cumbre del G-20 en Hugaduzu (China) es la de dos boxeadores mirándose a los ojos a palmo de distancia antes de partirse la cara. Para ObamaPutin ha sido una decepción. Para el ruso, EEUU amenaza sus fronteras con la OTAN y juega con fuego en Ucrania. En la memoria rusa están Napoleón y Hitler; en la de EEUU, Stalin y el zapato de Kruschev.