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INTANGIBLES

Entender la crisis bancaria en Alemania e Italia

Guillem López Casasnovas

Desconozco con toda certeza qué ocurrirá con la banca alemana e italiana, su crisis y su resolución. Pero aportaré algunos datos relevantes para que el lector se haga una una idea del probable desenlace.

Vamos por partes. Sabemos, por un lado que, con la nueva normativa de rescates bancarios la UE exige, entre poco y mucho, algo de bail in, es decir, que la asunción de pérdidas empiece por quienes gestionaron mal la entidad. O sea, que las ayudas no les salen gratis a entidades y depositantes. También sabemos que este acuerdo, tras las anteriores crisis financieras, supone un arreglo peor que el que España tuvo en su día. Pero esa ya es otra historia, en minúscula, por vergonzante.

Sabemos que el primer ministro italiano, Matteo Renzi, se la juega políticamente con el próximo referendo, por plantearlo como algo propio. Es conocido que el gobernante italiano, hiperactivo y con preocupaciones de sobras por una economía estancada, en el tema del rescate no se ha callado, como hubiera aconsejado la prudencia. Al contrario, ha dicho que la ayuda europea al sistema bancario italiano no ha de costar nada a los italianos (“como a España”, afirma). Y ha enfatizado las líneas rojas proclamando que habrá que pasar por encima de su cadaver.

De manera que Europa, incluso sin zurcir los descosidos antes del referendo italiano, compromete a futuro la palabra de Renzi. Así, la Unión genera un problema importante aunque llueve sobre mojado: cómo hacer creíbles las resoluciones que ha aprobado –véase la multa a España que nunca llega--, las que dicen que los beneficiarios de un rescate han de asumir una parte de las pérdidas.

Y si a los italianos no les sucede nada, con una economía que crece la mitad que en el resto de países, más el desbarajuste financiero del Monte dei Paschi de Siena, ¿qué diremos si la crisis aparece también en los alemanes Deutsche Bank o Commerzbanck? ¿Quién se atreverá a entrar hasta la cocina financiera alemana para poder orden, exigiendo que se saneen?

Es cierto que la ingeniería del Banco Central Europeo, la Junta de Estabilidad o la Autoridad Bancaria Europea pueden intentar zurcir sin que se note mucho el pastiche, para evitar agravios. Pero no lo tienen fácil. Basta con recordar que la multa del gobierno americano por las malas prácticas del Deutsche Bank equivale casi a su valor total en bolsa. Solo si la burbuja alemana estalla finalmente a la vez que la italiana, es probable que estos últimos se salven de quedar damnificados de manera discriminada.

Ahora bien, si el rescate del Deutsche lo asumen íntegro los alemanes sin intervención europea, por aquello de dejar claro de quién manda en su propia casa, los italianos tendrían mal arreglo, porque la exigencia sería entonces que la ayuda europea no les salga gratis a los italianos si los alemanes se han hecho cargo de lo suyo ellos solitos.

Por todo ello, las gesticulaciones y declaraciones sobre las expectativas de cuantos están implicados son equívocas: Merkel ha de decir que no habrá rescate del Deutsche –cuyos activos equivalen al 50% del PIB alemán—porque si no su silencio equivaldría a que quien calla otorga, lo cual aceleraría la necesidad de rescate. Y Draghi, desde el BCE, ha de afirmar cada día que no ve riesgo sistémico en la actual situación bancaria, porque el día que deje de hacerlo se interpretaría como un cambio de tendencia que fomentaría ese riesgo.

Los tempos sobre la economía, la persistente interferencia de los gobiernos sobre las instituciones europeas, la credibilidad del compromiso europeo, más lo de que cuanto peor, mejor --que solo beneficia a quien le van mal las cosas—componen el actual panorama. Se puede sofisticar lo que se quiera, pero estos son elementos básicos para enjuiciar la situación.    

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