04 jul 2020

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Análisis

Pedagogías, aulas y tarimas

Jaume Trilla

Tenemos tan asumida la estructura de la clase tradicional que cuesta identificar como tal otros formatos posibles

Con un simple vistazo a una clase es posible conocer un montón de cosas sobre la educación que en ella se practica. De hecho, cada pedagogía escolar diseña unespacio propio y funcional. Como no es posible presentar aquí la gran variedad de modelos, históricos y actuales, existentes, me limitaré solo a dos de ellos. El primero es el que entiende la actividad escolar fundamentalmente como transmisión unilateral de información desde el profesor al grupo de alumnos. Para esta función el espacio idóneo son pupitres alineados frente al encerado y la mesa del profesor, elevada esta mediante una tarima. Es la configuración propia de la llamada pedagogía tradicional y que ha sido la dominante, al menos desde el siglo XVIII. Todos conocemos perfectamente este formato, pues en él se ha basado la mayor parte de nuestra experiencia académica.

Cuando en mis clases con futuros maestros hablo de estas cosas suelo hacer una sencilla actividad. Le muestro a un estudiante una viñeta del dibujante Sempé y le pido que la describa al resto del grupo. La imagen representa un aula como la anterior, con la salvedad de que el maestro en aquel momento no está presente en la clase; y los chicos están entonces todos revueltos, los hay jugando a la pelota, uno se ha instalado en la silla del profesor haciendo una parodia del mismo, otro vigila en la puerta por si vuelve el profe...

LOS REFORMADORES ESCOLARES

Cuando los estudiantes describen esta viñeta siempre vienen a decir lo mismo: «Es un aula en la que en este momento no está el maestro». Pero nunca explican cómo es el aula en cuestión. Y hacen bien, pues diciendo que se trata de un 'aula', todos sobreentenderán que hay mesas alineadas al frente donde se halla la tarima, etc., etc. Tenemos tan asumido este tipo de aula que cuesta identificar como tal otros formatos posibles. Como los que imaginaron e hicieron realidad los geniales reformadores escolares del siglo XX y ya antes: FroebelMontessoriDeweyDecroly ... Y entre ellos el gran maestro francés Celestin Freinet; de él su mujer decía: «Freinet sueña (soñar no cuesta nada …) con mesas móviles, con sillas plegadizas, con bibliotecas infantiles, con vitrinas, con acuarios, con telares, con pequeños talleres que comuniquen con la sala común, sin puertas, (…) pero el sueño está lejos de la realidad. Entonces, tan solo, para estar absolutamente al nivel del niño, para vivir su pensamiento y vibrar con su propia emoción, Freinet realiza un acto que será un símbolo: quita el estrado que le daba un prestigio inútil y pone su escritorio en el piso, junto a las mesas de sus chicos. ¿El estrado? Con cuatro patas sólidas hace una mesa robusta (...) y he aquí el taller de imprenta».

Recordará el lector que hace unos años Esperanza Aguirre, entonces presidenta de la Comundad de Madrid, tuvo la ocurrencia de prometer que iba a reinstalar tarimas en los centros de enseñanza de su comunidad. Un ejemplo más de esta moda pedagógica reaccionaria que pretende recuperar o legitimar anacronismos que, los más optimistas, creíamos afortunada y definitivamente relegados al baúl de los recuerdos (tarimas, uniformes, castigos corporales, separación de sexos...).

Y, en todo caso, si hubiera que volver a las tarimas, que al menos las pongan de buena madera, para que quienes no se resignen a la moda reaccionaria puedan seguir el, simbólico y útil, ejemplo de Freinet.