Opinión | ANÁLISIS
Periodista
CARLOS ELORDI
Rajoy se va a ir, pero más tarde
El líder del PP no tiene futuro. Pero su presente puede ser muy largo

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Mariano Rajoy tiene contados los días que seguirá a la cabeza del PP. Pero pueden ser muchos. A menos que un clamoroso episodio judicial obligue a cambiar los planes, su partido y él mismo se van a tomar el tiempo que les convenga para llevar a cabo su inevitable relevo. Es impensable que este se produzca antes de que se celebren las próximas elecciones. Después, el momento del cambio dependerá de las dinámicas políticas que provoquen sus resultados.
Lo que parece bastante claro es que el proceso, sean cuales sean sus plazos, será un asunto interno del PP. Que ninguna exigencia de relevo por parte de otros, como la que el miércoles formuló Albert Rivera, lo van a alterar. Lo de Rivera fue un gesto de cara a su propia galería o, si se quiere, una señal de que lo que pretende Ciudadanos es seguir creciendo a costa de los electores populares. Él debe saber perfectamente que cualquier presión externa sobre los asuntos propios de un partido no hace sino que se aprieten sus filas.
Dos son las razones por las que el PP terminará apartando a Rajoy. Una es su implicación demasiado directa en los escándalos de corrupción. La otra es el desastre electoral del 20-D. Ambas terminan por confundirse, pero la segunda es la principal. Aunque la propaganda oficial haya hecho lo posible por disimularlo, con no poco éxito, por cierto, la pérdida del 40% de los votos obtenidos en el 2011, es la preocupación prioritaria de los dirigentes del PP. Y la primera medida para tratar de superar ese síndrome es cambiar al líder, al responsable formal y operativo de ese desaguisado. Ha pasado siempre y en todas partes.
Es seguro que Rajoy es el primero en saberlo. Puede que no desde el primer día, pero hay pocas dudas de que ya sí. El desparpajo, la seguridad y, si se quiere, la eficacia con que ha actuado en las sesiones de investidura muestran a un hombre con un plan, que sabe hacia donde camina. La posibilidad de que pueda presidir un gobierno de coalición es tan indefinida e incierta que no puede proporcionar serenidad alguna. Sí, en cambio, la de saber cuándo cómo y va a marcharse.
Rajoy sigue contando con la fuerza política interna necesaria para dirigir y controlar su propio relevo. Será él quien escoja a su sucesor y quien fije los tiempos y las condiciones de la sucesión. En el PP no hay ningún otro personaje ni instancia que pueda aventurarse a hacerlo… contra Rajoy y los suyos. Porque es así y porque en un partido asediado por los tribunales solo un control estricto y desde arriba de cualquier movimiento interno puede asegurar que las cosas no empeoren respecto de cómo ya están.
Rajoy no tiene futuro. Pero su presente puede ser aún muy largo. De entrada, volverá a encabezar una campaña electoral. Y hasta puede que ésta no le vaya tal mal como la anterior.
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