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ANÁLISIS

Kamikazes europeos

Carlos Carnicero Urabayen

Vista desde Bruselas, la crisis griega, que dura más de cinco años, puede causar fatiga. Observada desde Washington o Pekín debe generar sonrojo. Las interminables negociaciones entre los europeos y Grecia revelan la gran irresponsabilidad de los primeros, empeñados en exprimir la última gota de jugo heleno aun a costa del riesgo de hundimiento colectivo. ¿Arruinaremos un proyecto tan bello como el europeo por un problema tan pequeño? Con 11 millones de habitantes, Grecia tiene el 2,2% de la población europea y su PIB representa el 2% de la Eurozona.

Se escuchan voces ingenuas que relatan los cortafuegos que garantizarán que no se producirá un contagio sobre la Eurozona si Grecia sale del euro. Abramos los ojos: los europeos tenemos mucho más que perder que los propios griegos. Los costes de tomar medidas de gracia -por mucho que irriten a nuestros contribuyentes- son mucho menores que los costes de una salida de Grecia. Poco importará culpar a la soberbia de Varoufakis o al amateurismo de Syriza. El daño estará hecho. Y habrá pasado por encima de los peligros que se avecinan.

Primero lo que les espera a los griegos. Se podría desatar una crisis social de imprevisibles consecuencias. Servicios básicos como la atención sanitaria o la seguridad en las calles podrían desaparecer de la noche a la mañana. Por no mencionar su golpeado sistema democrático. El partido nazi, Aurora Dorada, tercero en las últimas elecciones, emergerá con más fuerza, a pesar de que en estos momentos está siendo juzgado por ser una organización criminal. Grecia podría terminar siendo un estado fallido.

En segundo lugar, el peligro que representa la ruptura de la eurozona. De la noche a la mañana, el repetido mantra de que la pertenencia al euro es irrevocable se esfumará, llenando de incertidumbre a países como España que, ante la mínima dificultad que se avecine, no podrán reivindicar su pertenencia como sagrada. La vía que abrirá la ruptura del euro pondrá en riesgo la supervivencia de la Unión Europea, pues el euro es su proyecto nuclear.

El tercero apunta a Rusia, la amenaza actual más grave para los valores que encarna la Unión Europea. Es conocido que el Gobierno griego lleva meses acercándose a Moscú. La salida de Grecia -también miembro de la OTAN- y la consolidación de un eje Moscú-Atenas abre un peligroso flanco en la frontera sureste de la Unión Europea.

Otros escenarios de caos, producidos por el descontrol fronterizo podrían traducirse en la llegada desordenada de refugiados e inmigrantes de Oriente Medio y el norte de África, con el riesgo de infiltración de terroristas en un momento en que la expansión del yihadismo es más fuerte que nunca.

Ante esta espiral desintegradora, los partidos populistas antieuropeos se harán más fuertes. Sus llamamientos al refugio nacional calarán más que nunca ante el desconcierto ciudadano. El Reino Unido podría ser el siguiente en marcharse. ¿No merece la pena evitar todos estos riesgos?

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