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Raikkonen en el Gran Premio de China.

WU HONG (EFE)

La innecesaria venganza de Kimi Raikkonen

Emilio Pérez de Rozas

Es posible, muy posible, más que probable, que el finlandés Kimi Raikkonen llevase tramando la venganza desde hace meses. Por algo le llaman, entre otras cosas, 'Iceman', el hombre de hielo. Sí, también por el hielo de su whisky pero, sobre todo, por su enorme frialdad a la hora de pilotar y, por lo visto, perdón, oído, esta mañana en la parte final del Gran Premio de China, por su capacidad para vengarse del rival.

El año pasado, cuando Raikkonen era compañero de equipo de Fernando Alonso en Ferrari, el bicampeón español le derrotó en el 98% de los duelos. Y, cuando digo 98%, me refiero a los múltiples entrenamientos del fin de semana, las calificaciones del sábado y, por supuesto, en carrera. Cuando uno tiene un coche tan vulgar como el que, en el 2014, ofreció Maranello a sus dos campeones, la rivalidad, la competitividad de uno y otro, se mide, solo, por sus duelos.

Y Alonso humilló siempre, siempre, a 'Iceman'. Le sacó 106 puntos de ventaja al final del campeonato (161 contra 55) e, incluso, el 'Nano' fue capaz de subirse al podio, al ser segundo en Hungría tras el australiano Daniel Ricciardo (Red Bull). Alonso nunca habló de ellos, pero sí la prensa italiana e internacional que se lo restregó por la cara a Raikkonen durante todo el año.

Ahora, con la polémica decisión de Alonso de cambiar Ferrari por McLaren, el campeón finlandés de los rojos ha visto el cielo abierto. Cierto, ha aparecido frente a su morro un campeón, perdón, un tetracampeón, tan o más hambriento que el español, el alemán Sebastian Vettel, que tampoco piensa tratarle con guante de seda (es más, ya ha ganado una carrera, en Malasia), pero 'Iceman' se sabe poseedor de un coche mucho mejor que el McLaren. De forma y manera que, a la primera de cambio, es decir, hoy, en Shanghai, a falta de diez vueltas, cuando ha visto la posibilidad de doblar al español, ha gritado por la radio de su monoplaza para que lo escuchase todo el mundo, millones de aficionados, "¡por favor!, sacarme a ese coche de delante".

Ese coche era el flamante McLaren plateado de Ron Dennis; el impresionante, o debería, motor Honda, con el mismísimo Fernando Alonso al volante. Mucha rabia acumulada de meses, de entrenamientos, de 'qualys', de carreras, debía llevar, lleva, Raikkonen encima para, en la tercera carrera del año (la segunda de Alonso; la primera entera), devolverle, con ese desprecio, todas las derrotas que el 'Nano' le infringió, por mejor cabeza y mejores manos, el pasado año, cuando ambos vestían de rojo.

Esto es muy largo y quien mejor lo sabe es Raikkonen, que, el año pasado, sufrió en su propia piel de qué es capaz Alonso cuando posee el mismo coche que su compañero de equipo. Ni que decir tiene que, cuando le comentaron el incidente al español, éste respondió con señorío: "Es normal, somos más lentos que ellos y les molestamos".
 

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