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Muere Jaime Vándor, superviviente y cronista del Holocausto

Xavier Rius

El lunes murió en Barcelona Jaime Vándor, uno de los de 5.200 judíos húngaros salvados del Holocausto de la Cruz Flechada y las SS en Hungría el año 1944, gracias a la actuación del diplomático español, Ángel Sanz Briz, y del italiano Giorgio Perlasca, que, sin serlo, actuó como a cónsul de España cuando Sanz recibió la orden de abandonar Hungría. Sanz Briz y Perlasca, sin informar del todo a las autoridades españolas, otorgó protección y pasaporte español a miles de judíos húngaros amparándose a una ley de Primo de Rivera que permitía dar la nacionalidad española a los sefardíes o descendientes de los judíos expulsados de los reinos de Castilla y Aragón el 1492.

Estos últimos años, con motivo de los diversos libros y estudios sobre la ultraderecha, he conversado horas y horas con militantes y dirigentes de extrema derecha que dicen que el Holocausto nazi de los judíos no existió o se exageró. Pero el testimonio de supervivientes de aquel genocidio planificado, como es el caso de Vándor, recuerdan el mundo que, lamentablemente, sí que sucedió y no fue ni un accidente, ni una acción localizada o improvisada por unos cuantos.

Vándor nació enViena en febrero del 1933, semanas después de la llegada al poder de Hitler. Su nombre era Helmut Jacques Vándor, de padre austríaco i madre húngara. Y en 1939, mientras el padre conseguía viajar a Barcelona, la mare con parte de la familia huyó a Budapest, pensando que allí estarían seguros, sin imaginar que el 1944 se daría la orden de exterminar a todos los judíos de Hungría.

La voz de Vándor siempre fue un doble clamor. Un clamor de esperanza en la humanidad, en explicarnos en primera persona como él tantos otros sobrevivieron gracias a la acción espontánea y desinteresada de un diplomático español y un fascista italiano que, en lugar de cerrar los ojos a la barbarie, tomaron posición en el asunto. Y poniendo en peligro sus propias vidas, salvaron a miles de judíos húngaros de una muerte segura en las cámaras de gas o de un disparo en la orilla del Danubio.

Y es que Vándor prefería presentarse como un docente, músico o experto en lengua y cultura hebrea, que como supervivente del Holocausto 

Pero las palabras de Vándor son también un grito de denuncia de unos crímenes execrables y sin ningún tipo de justificación racional, ejecutados con precisión, gracias a la complicidad de unos y el silencio de otros. Denuncia que Vándor hacía de manera pausada y sin odio ni rencor, con la misma emoción que se dedicaba a la filología, la música, la literatura húngara o hebrea, la historia del pueblo judío, o a escribir poesía. Y es que Vándor prefería presentarse como un docente, músico o experto en lengua y cultura hebrea, que como supervivente del Holocausto. 

Tuve el placer de compartir con Jaime Vándor, en mayo del 2009, un viaje a Mauthausen que organizó la asociación Amical Mauthausen en el campo de concentración austríaco, con motivo de los actos anuales de conmemoración de su liberación. También fue a aquel viaje el publicista Lluís Bassat, de familia sefardita balcánica, que viajaba por primera vez a un campo nazi.

Tanto Vándor como Bassat perdieron a buena parte de les sus familias en los campos de exterminio y, en los cuatro días que duró esa estada en Mauthausen y los campos e instalaciones próximas, alternaban el escuchar en silencio el testimonio de la media docena de catalanes y españoles supervivientes de Mauthausen, que nos explicaban en la pedrera, las minas, en los crematorios y en los barracones como se llegaba, se vivía y la mayoría morían allí, con su viaje interior familiar, como judíos supervivientes de una barbarie difícil de explicar y entender desde la racionalidad.

Pero Vándor también participó aquellos días activamente en diversos actos explicando su historia y la de los miles de húngaros i austríacos salvados per Sanz Briz y Perlasca que a él, su madre y sus hermanos les permitió llegar a Barcelona en 1947, donde les esperaba su padre. Una historia poco conocida hasta que fue portada en el cine en 2002 por el italiano Alberto Negrín.

El destino ha hecho que la su última obra no haya estado una nueva edición de poemas, sino el libro 'Una vida al caire de l'Holocaust', escrito conjuntamente con Jaume Castro, publicado hace unos meses. Un testimonio de denuncia de unos hechos y un viaje -como dice el su apellido- que va escribió con los ojos de un niño que llegaba a la vida a la vez que Hitler era nombrado Canciller del Reich, y con once años, conseguía escapar del gueto de Budapest y de los trenes hacia Auschwitz, iniciando un viaje con pasaporte español que le llevaría a Barcelona, la ciudad donde murió, en paz, el lunes.

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