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En momentos de gran confusión, hay varias maneras de encarar la situación. Una consiste en intentar dar respuestas simples y sencillas a problemas muy complejos. La otra pasa por, en lugar de simplificar la respuesta, hacerlo con la pregunta; ir a la raíz del problema que motiva el conflicto.

Aunque es posible que no haya unanimidad, parece que la inmensa mayoría cree que el problema central hoy en nuestra sociedad es cómo conseguir mejorar las condiciones de vida de las personas.

Y si esto es así, déjenme decirlo --aunque pueda parecer una herejía-- que, para mejorar las condiciones de vida de la gente en nuestro país, hay más margen y potencialidad de futuro en la lucha por cambiar el modelo socioeconómico europeo que en la batalla por la estructura política de Catalunya y su relación con España.

Para evitar malas interpretaciones o manipulaciones, quiero dejar claro que esta lucha hay que darla en todos los frentes, pero insisto en que los márgenes y las potencialidades son, a corto, medio y largo plazo, más amplias en el conflicto sobre el modelo socioeconómico de la Unión Europea.

La batalla por la soberanía real en el siglo XXI nos la jugamos en el modelo de Unión Europea

Dos ejemplos de los muchos que podemos poner: para recuperar la soberanía real, la de la ciudadanía frente a los mercados de capitales, los márgenes y sobre todo las potencialidades están en el futuro de la Unión Europea. Obviamente, también hay que disputar la soberanía a nivel del Estado español y la derogación del actual artículo 135 de la CE es un buen ejemplo. Y evidentemente, la apuesta por ampliar la soberanía de Catalunya. Pero la batalla por la soberanía real en el siglo XXI nos la jugamos en el modelo de Unión Europea.

Para mejorar las condiciones de vida de la gente, la capacidad de los poderes públicos para disponer de recursos fiscales es determinante. Y sin menospreciar la mejora que podría suponer un nuevo modelo de financiación en un Estado autonómico o federal o la fiscalidad de una Catalunya independiente, el conflicto central, de nuevo, está entre mercados y economía globalizada de un lado y sociedad e instituciones de otro. Y los márgenes y las potencialidades más grandes para hacer frente fiscal de tú a tú a una economía globalizada están en la Unión Europea. Vuelve a ser cierto que la batalla por una fiscalidad suficiente, justa y eficiente hay que darla también en España y en Catalunya. Pero la soberanía fiscal real necesita de la armonización fiscal y de la lucha contra el fraude y la evasión fiscal, y eso hoy sólo es posible en la Unión Europea.

La ocurrencia de una candidatura "unitaria" sugerida insistentemente por CDC no es que no sea viable, es que sería contra natura

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Entenderéis, pues, que la ocurrencia de una candidatura "unitaria" sugerida insistentemente por CDC y aireada interesadamente por algunos medios de comunicación, no es que no sea viable, es que sería contra natura. A quienes consideramos que las próximas elecciones al Parlamento Europeo son determinantes para comenzar el camino de la recuperación de la soberanía real de la ciudadanía, no nos entra en la cabeza que alguien pueda pensar que puede haber una candidatura unitaria entre los que votan, avalan, aplican o acompañan a las políticas de ajuste duro e injusto de la Troika en Catalunya y quienes las combatimos en Europa, en España y en Catalunya.

Disculpen la herejía.