14 jul 2020

Ir a contenido

en contra

El terrorista no da pistas

Xavier Rius

No habría nada que objetar sobre el seguimiento que realizan los Mossos d'Esquadra de mujeres que salen a la calle con el rostro cubierto con niqab o velo integral si ello fuera solo un mero estudio sociológico para ilustrar a la comisión del Parlament que va a debatir la regulación y posibles limitaciones de ir con la cara tapada en la calle y en los equipamientos públicos.

El Parlament aprobó el pasado julio una moción instando a la propia Cámara a debatir y regular las medidas a adoptar en materia de seguridad pública ante la ocultación del rostro, sea un velo integral o un pasamontañas. Regulación que, en el caso de que implicase su absoluta prohibición en la vía pública, considero que sería de dudosa constitucionalidad y de difícil aplicación, dado que no creo que una ley pueda regular, por ejemplo, a qué temperatura se puede llevar la cara tapada en invierno, sea con pasamontañas o un niqab.

Pero al margen de que la realización por parte de la policía de dicho censo y la localización de mujeres con velo integral no infrinja ninguna ley, es de poca utilidad si lo que se pretende es, como parece, localizar y desactivar preventivamente posibles células de terrorismo islámico. Si observamos a los terroristas suicidas que han actuado en Europa y EEUU los últimos 12 años, la mayoría de ellos llevaban una vida muy distinta a la del islamista barbudo vestido con túnica blanca y una esposa cubierta con velo integral. Muchos de ellos bebían alcohol o habían bebido hasta fechas recientes anteriores a los atentados y también habían tenido novias vestidas al modo occidental. Y además, forma parte de los manuales de acción, tanto de los grupos terroristas como de los llamados lobos solitarios, no dar pistas y evitar ser identificados en la vida cotidiana como islamistas radicales.

Ciertamente, las pocas mujeres que en Catalunya llevan niqab seguirán la corriente salafista del islam. Pero se vuelve a confundir el salafismo con el terrorismo. El salafismo es una corriente del islam, de aquellos que desean vivir como lo hacían los primeros discípulos de Mahoma. Y ello no significa que los salafistas propongan la violencia. La mayoría de los terroristas musulmanes en Europa no surgen del entorno de mezquitas salafistas sino del desarraigo social, y toman el islamismo violento como una salida a su crisis personal y de identidad. De quienes sí deberían sospechar los cuerpos policiales es de aquellos jóvenes nacidos o crecidos en Europa que regresan tras haber combatido en Siria o Afganistán. Estos, que los hay, sí son un colectivo a controlar.