29 mar 2020

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LAS RELACIONES CATALUNYA-ESPAÑA

¿Qué significa diálogo?

Jordi Pujol

"Si de los dos que discuten uno persistiera en no cambiar nada de lo que siempre ha practicado y el otro no quisiera renunciar a lo que para él es esencial sería necesario que ambas partes dieran por acabada la relación"

Ahora hay gente inquieta, o incluso asustada, por como están yendo las cosas. No tan solo desde el punto de vista económico o social. Que se entiende. Porque la situación es grave. Y se precisa un gran esfuerzo para enderezarla.

Pero también preocupa el creciente empeoramiento de la relación Catalunya-España. Mucho. Y de ahí viene que en Madrid y en Catalunya ahora haya gente alarmada que reclama que haya diálogo entre Catalunya y el resto del Estado. Sectores sociales, sectores mediáticos, tal vez algunos ambientes intelectuales y políticos... Asustados también por la crisis económica, a pesar de que sus causas son diferentes de la crisis de Estado.

Y es en esta coyuntura que algunos sectores reclaman diálogo. ¿Sobre qué? No se sabe del todo. Ya hablaremos de ello, dicen. ¿Sobre qué bases? Ya se verá. ¿Y cuando? ¿Y quién debe dialogar? Ya se verá. ¿Y no sería lógico que a la hora de sentarse a dialogar hubiera unas propuestas sobre la mesa? O algún esbozo de propuesta. Últimamente no se ve propuesta alguna. Por lo tanto, de hecho, sin nada más, sin más perspectivas que la continuidad de la situación actual. Que es letal para Catalunya. Letal desde el punto de vista económico, político e identitario. Con el referendo por la independencia como única alternativa.

Enredar la madeja y no resolver nada

Diálogo. Sobre todo diálogo. Que en principio es una conversación entre dos o más personas que intentan entenderse. O que se someten al juicio de un tercero, que en justicia debe ser neutral. Pero debe haber diálogos de todo tipo. Hay diálogos para ganar tiempo o enfriar la tensión. Hay diálogos para enredar la madeja, crear confusión y no resolver nada. Hay diálogos limpios y con espíritu de entendimiento. Y hay diálogos con trampa, contaminados por los sofistas.

Todo esto está bien estudiado ya desde Platón.

Pero es que hace 50 años que desde Catalunya hemos reclamado y practicado el diálogo y la negociación. Constantemente. En términos de afirmación y de garantía política, social y nacional de Catalunya, de interés general español y de solidaridad. Sin nunca llegar del todo a un acuerdo total y definitivo, con altibajos. Aunque durante años, con resultados no lo bastante positivos, pero lo bastante decididamente negativos para hacer imposible el diálogo. Pero ahora esto se ha roto.

Ahora España y Catalunya están amenazadas de fracaso por todos lados. Y en cuanto a Catalunya, sucede que la política española últimamente se orienta hacia la residualización. Y por lo tanto tienen toda la lógica que en Catalunya de unos años a esta parte haya habido una fuerte reacción. De perspectiva difícil. Pero potente. Y que dejará señal. Y que como mínimo no está en la línea del abandono y de la difuminación, sino del esfuerzo y de la esperanza.

Es un momento de crisis muy seria. En el que podría ser bueno que hubiera diálogo. Pero no un "bla, bla, bla". No un diálogo insincero. O tan solo táctico y orientado a hacer perder el impulso y a disgregar nuestra reivindicación. A enfriar la reivindicación, justa y democrática, del derecho a decidir.

Propuestas sobre la mesa

Para que haya diálogo es necesario que haya propuestas sobre la mesa.

Por la parte catalana, las ha habido siempre.

Una propuesta de afirmación catalana, pero en el marco español. Es decir, de respeto y garantía hacia la identidad de Catalunya (lengua, cultura, instituciones, auténtico autogobierno y con una financiación adecuada), con posibilidades por tanto de un buen desarrollo económico y social (estado del bienestar) y con el compromiso firme por parte de Catalunya de contribuir a fondo al progreso y el fortalecimiento general de España.

Esta ha sido nuestra propuesta. Nuestra propuesta de diálogo, de colaboración y de encaje. De convicción y de proyecto común. Que al cabo de 50 años es rechazada rotundamente por la otra parte, que recupera su vieja tradición centralista y uniformizadora. De gradual disminución del peso y de la personalidad de Catalunya. De lo que hemos denominado la residualización de Catalunya en todos los terrenos.

No basta con ir diciendo "diálogo, diálogo". Hay que mojarse más. Mucho más. Cuando la situación llega al punto donde estamos ahora, los que piden diálogo deben asumir el riesgo de hacer propuestas. Propuestas de fondo, serias y que inspiren confianza. Porque si de los dos que discuten uno persistiera en no cambiar nada de lo que siempre ha practicado (y ahora con más presión que nunca), y el otro no quisiera renunciar a lo que para él es esencial, lo que sería necesario es que, con una actitud de mutuo respeto, las dos partes dieran por acabada la relación. Sin renunciar a otros tipos de relación y de colaboración que puedan surgir. Europa está llena de experiencias así. Democráticas y finalmente positivas para todo el mundo.

http://www.jordipujol.cat