EL DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN

Rajoy y su chistera del deber cumplido

"El resultado fomenta la indignación ciudadana porque el presidente del Gobierno ha sido incapaz de interpretar los ecos y los clamores de la calle"

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Rajoy, durante el debate sobre el estado de la nación.

Rajoy, durante el debate sobre el estado de la nación. / JUAN MANUEL PRATS

Carlos Carnicero

"Cumplimiento del deber" es un cascarón que ha envuelto las mayores atrocidades de la historia. La mayoría de los que lo invocan reclaman el derecho de interpretación exclusiva de este concepto que generalmente solo es una excusa. Para Rajoy el cumplimiento del deber frente al incumplimiento de sus promesas y compromisos es la coartada perfecta para despreciar, incluso, a sus electores, y llevar a cabo una agenda conservadora que dejará a España 50 años atrás del lugar que había conquistado.

Analicemos sensibilidades presente en el discurso de Rajoy.

Ante el creciente número de suicidios por causa de los desahucios, ni siquiera ha mencionado el drama de las decenas de miles de personas que han perdidos sus casas y a las que las perderán en los próximo meses. Muchos minutos dedicados al rescate que los ciudadanos han hecho a los bancos y ni una palabra para quienes esos mismos bancos han despojado de sus casas.

Ni una sola autocrítica. Bajo el principio de haber cumplido con su deber, las equivocaciones desaparecen en la misma chistera en la que llevaba los conejos señuelos en economía.

Bárcenas es un fantasma sin nombre en el ideario de Rajoy. Otra ocurrencia que esconde el mayor escándalo político de la democracia. "Todo es falso, salvo alguna cosa". Y ya está.

Un nuevo decálogo contra la corrupción. Medidas generales para un problema que el considera puntual y excepcional. Mayores controles legislativos para tapar la falta de voluntad política que tiene la de aclarar los que han explotado en su propia casa. Si Rajoy pretende un borrón y cuenta nueva con la corrupción que habita en su partido, está perdiendo el tiempo. Los ciudadanos no lo permitirán.

Retórica sin crédito. El día que un político español reconozca un error habremos recuperado la senda de la credibilidad. Mientras tanto, cortinas de humo en una representación teatral que carece de interés porque los ciudadanos conocen el guión de principio a final.

Índices económicos sin precisión. Promesas de futuro que serán desmentidas de antemano por el cumplimiento del deber. La reforma laboral ha sido un fracaso excepto para depreciar los derechos laborales. ¿Le preocupan a Rajoy los escándalos en la organización empresarial española?

No se genera empleo sino que se sigue destruyendo. ¿Conoce el señor Rajoy los índices de pobreza en España? ¿Sabe cuantos hogares no tienen ningún ingreso? ¿Conoce el número de ciudadanos que acuden cada día a los comedores de caridad?

Ni una palabra de los recortes en sanidad. Ni una palabra de los recortes en educación. Ni una palabra de las estadísticas que miden la diferencia entre los que más y los que menos tienen. Ni una explicación de los delincuentes que se han beneficiado de la amnistía fiscal. Ni una palabra de la profunda crisis de la monarquía por el 'caso Urdangarin'.

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Sin duda, un equipo de técnicos brillantes han elaborado un discurso de loas a la gestión del presidente y habrán rebuscado en todas las carpetas del poder para tratan de justificarlo.

El resultado fomenta la indignación ciudadana porque el presidente del Gobierno ha sido incapaz de interpretar los ecos y los clamores de la calle.