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Pequeño observatorio

Un padre que no recibía regalos

Josep Maria Espinàs

Es curioso que el 19 de marzo, festividad de San José, se celebre el Día del Padre. Porque, que yo sepa, san José no fue padre. Hay un hecho indiscutible: si Jesús no fue hijo de José, José no podía ser su padre natural. Legal, sí. Para honrar la paternidad se habría podido elegir a cualquier otro santo; los hay que han tenido unos cuantos hijos y han construido una familia que les ha acompañado hasta la muerte.

Pero no importa que cuando los textos religiosos hablan del padre se refieran a Dios («padre nuestro que estás en los cielos») y no al descendiente de David, que era carpintero en Nazaret. Lo que cuenta es que si se había instituido socialmente el Día de la Madre, no era justo que no existiera el Día del Padre. Había que respetar a uno y a otro. Además, si las madres son receptoras de afectos y regalos, sería un error que los padres quedaran marginados del mundo de la comercialización.

He visto un anuncio, entre otros, que dice: «En este Día del Padre te mereces...». Lo que el padre merece es un determinado regalo. Una máquina de afeitar, en este caso. Pero las páginas publicitarias tienen en cuenta todas las posibilidades: regala un jerséi, un móvil nuevo, una corbata, una colonia pour homme, un reloj super-lo-que-sea, unas zapatillas de diseño...

Los productos que ofrece una empresa con motivo del Día del Padre tienen, se asegura, dos años de garantía. Hay que entenderlo, la garantía es del producto que constituye el regalo; que el regalo en sí guste no está garantizado de ninguna forma. Y en cuanto a si el padre merece, como la máquina de afeitar, «dos años de garantía», quizá sería pedir demasiado.

En los tiempos que vivimos, y con la crisis que hay, que el 19 de marzo se pudiera regalar un vale por dos años de sólido afecto y de perfecta paz casera sería posiblemente arriesgarse mucho. Y san José no puede hacer nada para evitarnos problemas, malas caras, ni otras trabas que pueden perturbar la vida familiar. Al fin y al cabo, él era santo, de acuerdo, pero como padre singular no tenía la experiencia que tenemos nosotros.

Nuestro tiempo no es el suyo. Los padres de hoy en día no traen una bonita vara florida en la mano; traen tarjetas de crédito que a menudo se encuentran en estado de agonía. Y los humanos que viven en una cueva, sin recursos, no ven la llegada de pastores cargados de ofrendas.

San José me ha pedido que no lo utilicemos como coartada.

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