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Gente corriente

Jordi Bas: «En 'cartera' tengo sisones, abejarucos, grullas...»

NÚRIA NAVARRO

No hacen falta las espesuras de Kenia ni el panamá de Clark Gable en Mogambo para vivir la emoción de un safari fotográfico. Aquí cerca, en Lleida, los monta Jordi Bas, un naturalista armado con un par de nikons. No se trata de retratar gorilas, como Grace Kelly y su sufrido marido, sino una impactante variedad de aves. Entre los clientes, dice, hay extranjeros que cruzan mares y se dejan un buen dinerito en el territorio.

-Esto no es África.

-Kenia fue de los primeros países que empezó a hacer parques y reservas naturales. Se dieron cuenta de que valía más dinero un león vivo vendido a 3.000 fotógrafos que un león muerto abatido por un cazador. Supieron darle un valor económico a la conservación.

-Parece sensato, la verdad.

-Y en España, aunque suene contradictorio, los cotos de caza también han dado un valor indirecto a la conservación.

-¡Ahí se mata!

-Pero hay grandes extensiones en el centro de la península que están bien conservados precisamente porque hay caza controlada.

-¿Me cuenta su idea?

-La idea es que si llega gente de la otra punta del mundo a fotografiar al quebrantahuesos, pues igual miran al pájaro de otro modo y no optan por montar una pista de esquí. Es una manera de reequilibrar la economía del territorio.

-¿Se le ha ocurrido a usted?

-Hace unos años se inició esta actividad turística de baja intensidad en Escandinavia y Europa del Este. Y en España se hacían seguimientos desde lejos, con prismáticos. Pero para fotografiar pájaros tienes que estar a menos de 25 metros. Con otros dos socios, lo hemos hecho posible.

-¿Qué especies tienen en cartera?

-El quebrantahuesos, el buitre negro, el abejaruco, el mochuelo, el sisón, la calandria, el críalo, la grulla... Hay clientes que contactan a través de la web (www.birdinginspain.com) y te escriben: «Vendré del 25 al 30 de mayo y quiero fotografiar mochuelos».

-Si no hay mochuelos, ¿le devuelven el dinero?

-Tienes que asegurar con una probabilidad muy alta de que le pondrás un mochuelo salvaje a pocos metros del objetivo. Cuatro semanas antes de que venga el cliente, los localizas y montas el aguardo.

-Pero los pájaros tienen alas y se largan en un periquete.

-Se montan aguardos desde septiembre a mayo en lugares que sabes que irán los pájaros: en un carnero de buitres, en un lugar de paso de grullas o flamencos, en puntos de parada nupcial o de cría. Procuras atraerlos con comida y agua, e intentas vencer su recelo.

-Un inciso, ¿cómo es un aguardo?

-Es un sistema para parapetarse. Hay unos de tipo fijo, para cuatro personas, en los que estás todo el día dentro porque no sabes a qué hora vienen las aves. Otros tienen ventanas como las de la rueda de reconocimiento de la policía. Y los hay tipo iglú, individuales, en los que cabes sentado.

-Un turismo curioso. ¿Y caro?

-Una semana para un grupo de tres cuesta 1.600 euros. Eso cubre los traslados desde el aeropuerto, el hospedaje en casas rurales y la garantía de que retratarán 15 o 20 especies.

-En este negocio no trabaja usted a jornada completa.

-También vendo fotografías de naturaleza y soy profesor de Tecnología de cuarto de ESO.

-Un profesor bastante especial, tengo entendido.

-¿Lo dice porque a los alumnos les hago hacer trabajos? Si el tema es Instalaciones de la Vivienda, les pido que hagan un plano de su propia casa, estudien su orientación, calculen el IBI a partir de la referencia catastral y vayan al contador y comparen la lectura de los pasos con el recibo del mes anterior.

-Pedagogía de la realidad.

-Pues los chicos dicen que todo esto les supone demasiado trabajo. Me piden exámenes.

-El modelo tradicional. Podría dar Naturales sobre el terreno...

-El sistema impone una hora de Matemáticas, una de Lengua, una de Sociales... Es difícil salir al campo. Los maestros enseñan tal como les enseñaron, y cuesta romper la inercia.

-¿Aprendió usted diferente?

-Mi madre, maestra, y otros profesores fundaron una cooperativa de enseñanza, la Escola Heura, en Horta-Guinardó, para educar a sus hijos. Desde entonces, creo que la única manera de que el educando aprenda es motivándolo.

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