27 oct 2020

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El futuro de la economía productiva

Nace la Unión por la Innovación

Antonio Tajani

Europa debe recuperar la industria como pilar insustituible para el crecimiento y la competitividad

Durante bastante tiempo hemos creído en la ilusión de que deslocalizar sectores productivos hacia países con una mano de obra barata tendría unos riesgos limitados, y hemos preferido concentrarnos en los servicios, la tecnología y las finanzas. Este planteamiento ha resultado miope y nocivo para la economía europea.

Hoy en día, teniendo en cuenta la globalización de los mercados y los efectos de la crisis económica, no tenemos más solución que recuperar la centralidad de la economía real, es decir, nuestra base industrial, nuestras empresas y nuestra competencia. La industria es un pilar insustituible para el crecimiento y la competitividad del sistema europeo, una columna central que, desde luego, debe desvincularse de la antigua manera de actuar y de ser percibida.

Una competitividad débil, unos bajos niveles de productividad y las dificultades para crear más empleo son, de hecho, el resultado de unas inversiones escasas o inexistentes en innovación. Y es que no hay crecimiento y competitividad sin innovación. Por eso, con la estrategia Europa 2020 en la Comisión Europea nos hemos impuesto el objetivo de incrementar las inversiones en investigación y desarrollo hasta el 3% del PIB europeo. Hoy estamos en el 1,9%, frente al 2,6% de EEUU y el 3,4% de Japón.

En este contexto, la Comisión presenta hoy su comunicación sobre la Unión por la Innovación. En paralelo a esta iniciativa, a finales de octubre prevemos aprobar la propuesta sobre una nueva política industrial europea. Las dos estrategias son dos caras de la misma moneda. Nuestros estudios nos indican que alcanzando el objetivo del 3% de inversión en I+D a nivel europeo obtendremos unas ganancias netas equivalentes al 4,7% del PIB y crearemos más de tres millones de puestos de trabajo hasta el 2025.

Más allá de las cifras, el objetivo de la Unión por la Innovación es proponer un nuevo concepto de innovación, más amplio. Hoy, innovar no significa concentrarse únicamente en la tecnología, sino también orientarse hacia otros modelos de innovación: conceptual, social, de diseño, vinculado a los servicios, al establecimiento de marcas o a las industrias creativas y culturales. Este nuevo planteamiento es especialmente importante para Catalunya, un país que se encuentra a la vanguardia del diseño y la moda gracias a la innovación creativa de su industria. A nivel español, se están haciendo esfuerzos para diversificar la actividad económica y para fomentar la innovación en sectores que, como el turismo, luchan para seguir siendo competitivos.

Entre las medidas que se proponen hoy figura la necesaria racionalización y simplificación del acceso a los instrumentos financieros y a los programas de financiación europeos, con especial atención a las necesidades de las pymes. Estoy convencido de que las ayudará el reciente acuerdo sobre la directiva relativa al retraso en los pagos, que tiene como objetivo que las administraciones públicas estén obligadas a pagar a los proveedores en el plazo de 60 días. Cuando se supere, se aplicará una sanción del 8%. De esta forma esperamos poner en circulación una liquidez equivalente a unos 180.000 millones de euros, con lo que se volverá a dar oxígeno a las pymes que corren peligro de asfixia a causa de la crisis económica y los retrasos de los pagos y que, debido precisamente a la falta de financiación, no pueden invertir en innovación.

Finalmente, y para facilitar y potenciar toda la cadena del proceso de innovación, que va desde la investigación primaria hasta la producción industrial y la introducción de los productos en el mercado, proponemos tener como objetivos las llamadas asociaciones por la innovación. Y es que innovar significa contribuir de manera decisiva a la evolución de la sociedad y de la economía, aportando nuevas soluciones que puedan responder a los principales retos sociales, como por ejemplo el cambio climático, el crecimiento demográfico, el envejecimiento de la población o la escasez de materias primas. Este último es un reto especialmente relevante para nuestras empresas. Cualquier distorsión del suministro de materias primas implica un retroceso no solo de la competitividad de los sectores industriales afectados, sino de todos los sectores posteriores de la cadena de valor. Por eso, además de mejorar la seguridad del suministro a medio o largo plazo, es indispensable centrarnos en el I+D+i para desarrollar nuevas actividades de sustitución, recuperación y reciclaje de las materias primas. Nuestros competidores ya han conseguido posiciones de predominio en las principales fuentes de suministro. EEUU y Japón hace tiempo que han diseñado una estrategia de sustitución de materias primas sensibles, que muy a menudo son controladas por un único país o un círculo limitado de países.

Solo mediante una estrategia coordinada a nivel europeo que se oriente hacia la investigación y la innovación podremos encontrar respuestas a este y otros importantes retos sociales a los que se enfrenta Europa. Vicepresidente de la Comisión Europea. Responsable de Industria y Empresa.