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TEATRO

'Els ocells': fuego a discreción de La Calòrica

La compañía se fija en una comedia clásica de Aristófanes y le da un buen meneo en 'Els ocells', una farsa cabaretera sin complejos que dispara contra los achaques de la democracia en estos tiempos de populismo neoliberal

José Carlos Sorribes

'Els ocells': fuego a discreción de La Calòrica

Anna Fàbrega

La democracia se inventó en Atenas, pero cuando no había cumplido ni 50 años ya empezó a mostrar sus flaquezas. Así nos lo recordó el clásico Aristófanes con su comedia 'Las aves'. En ella nos presenta a un rico ciudadano que abandona el mundo terrenal por la injerencia pública en sus asuntos privados. La fábula se traslada al reino de los cielos en el que nuestro personaje trata de convencer a los pájaros de crear una nueva civilización. Pues bien, partiendo de Aristófanes llega 'Els ocells', el último trabajo de La Calòrica, una compañía que lleva tiempo pisando fuerte. Ahí está, por ejemplo, su premiada 'Fairfly', que ha iniciado su gira española.

Els ocells

Sala Beckett
Dramaturgia: Joan Yago
Dirección: Israel Solà
Reparto: Xavi Francés, Aitor Galisteo-Rocher, Esther López y Marc Rius
Hasta el 26 de mayo
De 9 a 18 euros

La tropa de La Calòrica ha dado ahora un paso al frente. Recogen el guante de Aristófanes y se embarcan en una farsa cabaretera 'peti qui peti'. Los tiros se concentran en ese populismo neoliberal que, con mensajes biensonantes, embaucan a la ciudadanía, sea con alegatos a favor del 'brexit', del 'America first' o de políticos que solo ven españoles, ni rojos, ni azules. Aquí son todos pájaros en una alusión que es uno de las muchos aguijonazos de una pieza que también lo es de teatro político y que nunca pierde su tono festivo. Mala leche, sí, de aquella propia del inolvidable Rubianes.

Ese es el mérito de 'Els ocells'. No hace falta haber leído, casi ni conocer, a Aristófanes para entrar en el juego que propone La Calòrica. Un juego que arranca algo falto de ritmo, pero que se propulsa con una asamblea de esas aves. Deben aprobar un cambio de hábitat que pasa por la construcción de una ciudad celestial, o sea en el cielo. Un 'puput', una abubilla en castellano, y una gaviota son los incautos que compran la peregrina idea de un tipo charlatán y que se mueve con máximas propias del liberalismo, el de ayer y el de siempre. Con un lema formado por tres palabras: individuo, mercado y competencia.

Que nadie piense que estamos ante una lección de teoría política, que también la hay, sino ante un delirio cabaretero y colorista en el que igual se nos presenta a la democracia como una viejecita achacosa en silla de ruedas, que se lanza un envenenado dardo contra la pederastia eclesial o hacia el papel que juegan instituciones como la justicia o las fuerzas de seguridad.

Equipo sobresaliente

El director Israel Solà y el dramaturgo Joan Yago apuestan fuerte en el desenfreno y el tren no descarrila porque cuentan con un equipo actoral sobresaliente. De los cuatro, a Marc Rius le toca el papel más serio, el de Pisteter, el vendedor de humo que mantiene el nombre original de la obra de Aristófanes. Xavi Francés, Aitor Galisteo-Rocher y Esther López compiten a ver quién provoca la carcajada del espectador. Si la última también canta de manera majestuosa, Xavi Francés destroza con enorme gracia una pieza de Camilo Sesto. Los cuatro bordan una escena costumbrista de una familia de pájaros a la hora de la cena. Desternillante.

LO+

Todo el equipo se aplica al máximo en una farsa que mira a la realidad y lo hace sin complejos.

LO-

La obra flaquea algún momento porque abarca tanto que es inevitable bajar el listón.

'Els ocells' pide, por lo tanto, la complicidad para dejarse arrastrar por su tono irreverente, sarcástico y festivo. También poner el oído para estar atentos a las pullas que se sueltan. Y ojo al vestuario de  Albert Pascual. De traca.

Temas: Teatro