Inicia sesión

Inicia sesión con tu cuenta de El Periódico

Olvidé la contraseña Política de privacidad

Si todavía no eres usuario, Regístrate

LOS RESTAURANTES DE PAU ARENÓS

Baroz: arroz con vistas y caracoles

Enrique Valentí sirve paellas finas-finas con ingredientes marinos (y de la huerta y la montaña) en el piso 23 de la Torre Colón

Pau Arenós

Enrique Valentí, en el piso 23 de la Torre Colón, con el puerto a su espalda.

Enrique Valentí, en el piso 23 de la Torre Colón, con el puerto a su espalda. / JOAN CORTADELLAS

Después de estudiar el apartado de arroces de Baroz, en el piso 23 de la Torre Colón, lo tuve claro enseguida: el de caracoles de tierra y mar, curvas y pinchos.

Enrique Valentí también quiso que probara el de 'botifarra del perol', alcachofas y setas. Baroz es el bar debajo de Marea Alta, con la oferta arrocera como bandera (verde). Enrique va con cuidado para que este Baroz recién parido no le hurte clientes a Marea –¡esos pescados a la brasa!– y su flota.   

Cada vez más, el arrozófilo tiene que fijarse en el precio de la ración de paella, que en la Barcelona con parche en el ojo y garfio por mano suele superar los 20 euros y ya va camino de los 30. Los dos que tomo en Baroz están en 18. Por supuesto, el 'paelló' en la mesa.

Defiendo la 'cargolada' doble porque , según sospecha Enrique, será poco exitosa, y ¡no! Está rica: lleva caldo de conejo y podría enriquecerse con unas costillitas del bicho y alguna ramita de romero. Protejamos la orgía caracolera.

Capa delgada –¡incluso demasiado!– de arroz bomba del Delta. También en su punto el de 'botifarra del perol' con ¿alcachofas? «Son de aquí», asegura el chef. Un trabajo prudente con los fondos, y lo sé porque mientras escribo la crónica mi boca no es un páramo salobre necesitado de pozos de agua.
«Arroz, sangría y ja-ja, ji-ji», resume Enrique las pretensiones de este chiringuito superior.

Baroz

Av. de las Drassanes,6-8. Piso 23. Barcelona
T: 93.631.35.90
Precio medio (sin vino): 35 €

El subtítulo de Baroz es «arrocería con vistas». Un establecimiento con una de las mejores panorámicas del mar y de la ciudad miniaturizada. Desde la Torre Colón oteo la Torre Catalunya, donde Nobu abre una sucursal de su cadena de lujo, y lujuria.

En los altavoces, la música de la Movida madrileña y en la mesa, la movida del aperitivo: los celebrados mejillones (gloria bendita), el matrimonio de la anchoa con el boquerón, los berberechos XL, el gazpacho y la sardinilla ahumada (¡más humo!).

Platos hondos para la travesía: un bacalao con judías o «mitad 'esqueixada', mitad 'empedrat'», con la legumbre jugosa, acierto que repiten con los garbanzos y berberechos viajados (toques 'thai') cubiertos con eneldo, albahaca y cilantro (un exceso de hierbas).
Enrique es un guisandero de primera y en la olla humea desarrollo y futuro. La olla como barco para salvarnos del naufragio.

El arroz con fondo de conejo y caracoles de mar y montaña. / JOAN CORTADELLAS

Los patés se fueron (¿por qué?) y van regresando con la lentitud de los viajeros antiguos: este, de pollo escabechado, fino-fino.

'Marimontañeamos' con una versión del 'vitello tonnato': 'tartar' de vacuno con espuma de atún de lata, corona que pesa demasiado en los hombros de la vaca. Con menos se conseguiría un mejor resultado.

Sigue una marranada buenísima: el huevo picante con sobrasada y cubierto con pan frito. Romper, mezclar, marear: disfrutar, y sudar.

Butacas altas y cómodas y mesas con patas largas, una buena decisión para admirar el paisaje de la ciudad fatigada desde este piso 23 que durante un tiempo fue Marea Baja. Nerea Arriola lleva muy bien la sala.

En el intento de recuperar el «espíritu de los merenderos de la Barceloneta» preolímpica, jarras de sangría, rebujito, agua de Valencia... No soy nostálgico de aquella época, que recuerdo aceitosa. Empiezo con una cerveza bien tirada y sigo con vino tinto: han decidido una oferta rotatoria de botellas. Esta semana toca Boig per tu, de Vinyes Domènech.

LO+

La buena textura del grano de arroz, el festival del aperitivo y el huevo picante.

LO-

Falta humo en la sardinilla, es dulzón el paté y hay demasiadas hierbas en los garbanzos.

El limón helado y la copa con sorbete de horchata, granizado de café y espuma de turrón devuelven a la niñez y a las tardes sin prisa bajo un cañizo.

En el Bar Bas, Enrique freía unas patatas fritas que enviciaban más que un opioide: en Baroz deberían recuperarlas.

Han comenzado con cinco arroces y la familia, para honrar a la especialización, tendría que crecer de inmediato: además de los secos, los caldosos y los melosos. Vale, también, 'risotto'.

Y un arroz al horno en cazuela de barro. ¿Quieres la receta familiar, Enrique Valentí?