CONDE DEL ASALTO

El amigo número 11

El número mágico de las restricciones es 10. El amigo número 11 se queda en casa sorbiendo mocos, escuchando canciones tristes y esperando la llamada. Es el amigo suplente

Miqui Otero

El amigo número 11

El brillo de la vida de una persona (y también de las novelas y de las películas) se mide por la calidad de sus secundarios. Esos que parece que no son fundamentales, pero que, sin embargo, logran salpimentarla y deparar pequeños grandes momentos que la animan y la justifican.

Pienso en esto mientras, como el niño con TOC que fui, me dedico a contar la gente que hay en cada reunión de las terrazas de Barcelona. El número mágico de las restricciones por la pandemia habla de diez. Y no puedo evitar pensar en ese amigo o familiar número 11 que está en casa sorbiendo mocos, escuchando canciones tristes y esperando la llamada.
A priori, solo hay algo más triste que ser el número 11 de un grupo de amigos. Y es haber reservado una paella para dos en el restaurante justo la noche antes de que te deje tu pareja. Llegar y comer el doble sin hambre.

Salir con lo puesto

Ser el amigo número 11 es como ser la llamada de emergencia a la expareja cuando acaba la noche, el sexto hombre en el baloncesto y el 12º en el fútbol. Del mismo modo que este calienta la banda, hace estiramientos, mira la grada y sale más motivado que el resto por mero aburrimiento, el número 11 puede estar en casa pinchándose youtubes con el móvil mientras prepara cócteles imposibles y ensaya chistes ingeniosos delante del espejo. Llegado el momento, si falla otro amigo, tendrá que salir con lo puesto, así que es importante que viva permanentemente enfundado en su camiseta favorita y con las bambas puestas (si la gloria llama a su puerta, o a su teléfono, sería imperdonable que compareciera en la reunión en pijama). Tomadas estas medidas, cuando llegue el momento, el número 11 sabrá deslizar la cita literaria, proponer brindis imaginativos, explicar chistes que no callen conversaciones, asentir muy vehementemente ante los desconsuelos ajenos (por melodramáticos que sean) y ofrecer hombros para gimoteos a los que lo deseen. Será voluntarioso en el humor y sobrio en el consuelo, incluso aunque sea algo torpe. El número 11, en definitiva, será Julio Salinas en el Barça de Johan Cruyff. De hecho, hace unas semanas, ante el amago de huida de Messi y el delirio de Bartomeu, un amigo hizo un grupo de Whatsapp de diez personas para convocarnos vistiendo la camiseta del Barça y exorcizar demonios. 

Misión de suplente

Con estas restricciones no habría existido un clásico del cine como '12 hombres sin piedad' (quizás se habrían puesto de acuerdo antes en sentenciar al acusado), así que el papel del 11 es crucial, tanto como lo es la actitud con la que afronta su misión de suplente. No puede, por tanto, caer en el nefasto recuerdo infantil. Porque si a algo me recuerda ser el amigo suplente número 11 es a la elección de capitanes en el colegio. Los dos más buenos se ponían delante del resto de la clase, alineada en el muro del patio y, por turnos, iban escogiendo uno a uno. Dado que a menudo eran magnánimos como emperadores romanos de buen humor y elegían a alguien muy malo solo para sentirse justos, era posible que al medio-bueno le tocara atravesar el bochorno de no ser elegido ronda a ronda y solo serlo cuando estaba ya rematadamente solo. Es importante no caer en estos pensamientos estos días. Yo, por mi parte, me dispongo a calentar la banda a mi manera. Me acabo de abrir un botellín que estrenaré justo después de ponerle el punto y final a este texto. Chin.