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CIUDAD ON

6 coctelerías secretas (y dónde encontrarlas)

Aquí te sentirás más escondido de miradas indiscretas que Iñaki Urdangarin. Vuelven los locales clandestinos. Busca puertas ocultas en barberías, librerías y neveras

Ana Sánchez

Eric Basset y Dany Martín, en la barbería señuelo tras la que se esconde su coctelería: Bobby’s Free.

Eric Basset y Dany Martín, en la barbería señuelo tras la que se esconde su coctelería: Bobby’s Free.

¿Una barbería abierta? Son más de las ocho. Entras con la misma inconsciencia que la rubia con escote que muere en los primeros diez minutos de las pelis de Scream. Empiezas a sospechar cuando no ves ni una mísera barba hipster. Hay sillones de barbero de los años 20 y un tipo que también parece sacado del siglo pasado: gorra, chaleco, pajarita roja, te habla de usted. «¿Cortar o afeitar?», pregunta. Tú te tanteas el bigote por inercia, pero te mantienes firme: «Beber», respondes. «¿Tienes algo para mí?», te radiografía con la mirada como en una peli de Al Capone. Escupes la contraseña entre interrogantes. «Perfecto», asiente. «Chicos, baja uno»,  susurra a su camisa, empuja un espejo y, clac, abre una puerta secreta. Y aparece una coctelería.           

1. Bobby’s Free

(Pau Claris 85). Hace un mes vieron bebiendo aquí en plan clandestino  a Emma Stone, la de La La Land. «Esta barra ha vivido cosas», te dicen arqueando las cejas. Durante 40 años, fue un bar irlandés. Lo escondieron hace dos años tras una barbería el bartender Dany Martín y el chef consultor Eric Basset. El suyo es un secreto a voces: la contraseña se puede encontrar en sus redes sociales. La barbería solo funciona en eventos privados. «Por seguridad preferimos no afeitar a las 3 de la mañana –se ríe Eric–, porque haríamos un remake de El Padrino». Pero no te relajes: si te sientas a probar el sillón, Jake, el tipo de la pajarita, sacará a traición una maquinilla de afeitar.

Ambiente de speakeasy, con foto enmarcada de Al Capone incluida. Suena música de los 70 y 80. En la pared cuelgan vinilos de Status Quo, Queen, Madness. La carta está hecha con vinilos. Así que cuidado, que de la emoción ochentera se te puede salir sin querer una teta a lo Sabrina. ¿Su especialidad? Los twist de la casa, «una versión divertida del cóctel clásico», dice Dany. Tienen la Monkey colada (con espuma de plátano y cacao) y el Movie pop, que sirven en un bol con palomitas. Hay clientes que llegan a lamer las copas. «Sí, sí», asiente el bartender. La tendencia son los crustas: «Un cóctel que tiene un sabor alrededor de la copa». En el Bobby’s kiss, por ejemplo, la copa va impregnada  de cacao. Y sí, terminas lamiéndola en cuanto no te ven. Sabe a Mon Chéri. www.bobbysfree.com


2. Paradiso

Giacomo Giannotti prepara un Supercool martini en la barra de Paradiso. 

(Rera Palau, 4). Hay quien hace cola hasta una hora delante de la puerta de la nevera de un Pastrami bar. Aquí se esconde una de las coctelerías con más pedigrí de Barcelona. Te caerá un rayo encima si te pides un cubata. Tras la puerta de la nevera, hay cócteles con efecto wow, ambiente trendy, penumbra clandestina, hasta puedes encontrar otra sala secreta. 

En un mes, Paradiso cumplirá tres años. Tardan en crear los cócteles entre 6 y 12 meses, calcula el bartender Giacomo Giannotti. Cócteles-experiencia, que dice él. Mediterranean treasure se sirve en una caracola. Si pides el Caballo de Troya, llegará un minicaballo con una botellita escondida dentro. Al servir el Supercool martini se va formando un mini iceberg en la copa. Giacomo te da a probar una flor. «Es potente, ¿eh?», te dice cuando ya la has masticado. Es la flor de Sechuan. La flor eléctrica, la llaman. «En 30 segundos te empieza a adormecer la lengua», se ríe. «Son experiencias, sabores raros, que a uno se le quedan no solo en el paladar sino también en la mente». Apunte ecológico: han cambiado las pajitas de plástico por unas de bambú, papel y cristal. www.paradiso.cat


3. Tuxedo Social Club 

David Tan y Fabio Sinisi, en la antesala de Tuxedo Social Club. 

Para encontrarlo tienes que descifrar las coordenadas: «41º23’12.4’’ N 2º10’44.2’’ E», es la única dirección que aparece en la web. Llegarás a una mini salita con librería, sofá y retrato de la reina Victoria. Te sientes Harry Potter en busca del andén 9 y 3/4. Si eres socio, la librería se abrirá y aparecerá una coctelería de estilo victoriano.

No hay relojes. No suenan móviles. Están prohibidas las llamadas, fumar y la mala educación. Justo lo contrario que en Gran hermano. «Muchos dicen que les recuerda a las salas de estar de sus abuelos», apuntan sus ideólogos, David Tan y Fabio Sinisi. Tiene ese aire de novela de Agatha Christie, donde lo mismo tomas un Manhattan que investigas un asesinato. Un bar Cheers de finales del XIX: conversaciones de barra entre botellas vintage y un piano. 

LO+

La sensación de exclusividad, la complicidad, la sorpresa.

LO-

La mayoría son secretos a voces, como las grabaciones de Villarejo.

Es un club donde sentirse exclusivo. «Mimado», puntualiza David. «Dejamos a la gente ser ese puntito egoísta». Esta semana ha cumplido un año. Ya tienen cerca de 5.000 miembros. Caben 25 personas, así que aconsejan reservar para asegurar  mesa. Puedes hacerte socio rellenando un formulario en la web. En breve empezarán a pedir que un socio avale a los clientes neófitos.

Se define como club de lectura. Puedes encontrar desde libros de física cuántica hasta un Recetario industrial de 1933 que te enseña tanto a quitar manchas de grasa de motor como a hacer mermelada. También han acogido talleres y presentaciones. «Es un espacio con una intención cultural divulgativa y cooperativa que tiene un servicio de cóctel-bar», resume David. ¿La especialidad? El cóctel clásico. Su lema: «Un Oldfashioned al día mantiene lejos al médico». «Es un cóctel que nosotros hemos bebido mucho», justifican. Y se les ve sanos. «El alcohol conserva», se ríen. www.tuxedosocialclub.com


4. The Doping Club Barcelona

(València, 205). En la puerta se lee Dirty Office Pizza. Es una pizzería con aires setenteros y pizzas de masa madre que hacen babear a los foodies. Pero su secreto no solo está en la masa. Si le das al encargado una contraseña, te abrirá una pared y te colará en un club secreto.

Te recibe un zorro disecado enseñando los dientes. «El guardián de la puerta», se ríe Gianluca Crinelli, uno de los dueños. Él y Alessandro Cesario –los dos italianos– inauguraron este doble local hace un año. Existe otro calcado en Milán que Alessandro abrió hace 11 años.

Ambiente acogedor y sospechoso a la vez. Hay sofás en los que te quedarías a vivir, cuadros con ojos rasgados, lámparas y jarrones chinos. Toda la decoración es original de la China de los años 30. «Por la primera sociedad de mafia secreta del mundo, que es china», explica Gianluca. Si necesitas aún más intimidad, puedes esconderte en el speakeasy del speakeasy. Es un baño, pero está acomodado para que se sienten dos personas. Puedes comunicarte desde aquí con la bartender y te sirve el cóctel a través de una ventanilla. La carta se basa en tragos clásicos con toque oriental, como el club. Déjate aconsejar por Daniela Sanguinetti, la bartender. Te dejará con los ojos achinados a juego con el local.   

Hasta ahora la contraseña del club solo se podía saber mediante el boca a boca. De hecho, mucha gente que viene a comer pizza se va sin enterarse de que hay un club clandestino. «Es la cocina», les dicen si sospechan. A partir del 1 de enero, funcionará con tarjeta de socio. www.facebook.com/dirtyofficepizzabcn


5. Speakeasy1952

 (Valencia, 189). Entra en el Buenos Aires Grill y pide que te lleven al matadero sin que te tiemble la voz. Te conducirán a una vitrina con carnes. No eches a correr. Es una puerta secreta. Al otro lado hay cuadros de Evita Perón, una virgen con velas a la que rezar para no tener resaca y un argentino dispuesto a darte un cóctel con conversación.

«Queremos hacerte sentir en Buenos Aires», asegura Daniel Sacca, el propietario. Abrió esta coctelería secreta hace ocho meses. «1952 fue el año que nació mi papá, el fundador de todo –dice–. También fue el año en que murió Evita Perón». Ofrecen shows de tango y cócteles con toque argentino, como el Bloody Mate, que se sirve en una bombilla de mate. www.facebook.com/BuenosAiresGrillRestaurant 


6. El Bombón

(Ample, 20). Es un restaurante latino: Machete. Hay que atinar el ojo para ver la manilla de una puerta entre un matojo de hojas. Entras, cruzas un pasillo con un santuario a Celia Cruz y te topas con cien personas bailando salsa. «Es como estar en el Caribe en pleno barrio Gótico», resume el dueño, Juan Vega. Hay otro Bombón escondido en Pla de Palau, 12.

Dos minutos en la barra y te sabrás de carrerilla los nombres básicos salseros. Ricardo ejerce de bartender y de Wikipedia latina. «Llorarás», te dice a lo culebrón. «Vas a llorar de lo sabroso que está», puntualiza riendo, y aparece con un vaso con forma de calavera. Llorarás es como se llama uno de los cócteles. Todos llevan el nombre de canciones salseras.

La ironía: el local secreto se ve desde la calle perpendicular a través de dos enormes cristaleras. Hasta las doce no echan las cortinas. «Hay gente que da toda la vuelta a la manzana buscando el club», se ríe El Coco. Resulta que el bar secreto tiene hasta portero.  facebook.com/machetelatinostreetfood

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