La rumba catalana en el camino hacia la Unesco (3)

Cuando la rumba catalana salió a la conquista del mundo

Peret fue el primer gran impulsor internacional del género, a través de eventos como el Midem, de Cannes, o el Festival de Eurovisión, y trazó un camino transitado por varias generaciones de rumberos, de Los Amaya a Los Manolos, y de ahí a los franceses (de raíces catalanas) Gipsy Kings, que resultan ser los embajadores globales más incontestables

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Peret Manolos

Peret Manolos / PERET GRUPO LOS MANOLOS EN LAS OPIMPIADAS DE BARCELONA 1992 FOTO FUNDACION OLIMPICA

Jordi Bianciotto

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En el Festival de Eurovisión de 1974, Peret y los suyos actuaron con toda una orquesta dirigida por Rafael Ibarbia, pero a sus rumbas no les hacía falta mucha fanfarria para dejar huella allá donde iban. “Hombre, ahí la orquesta fue un refuerzo y la canción así cogía otro empuje, pero cuando actuábamos por Europa, íbamos con la guitarra y las palmas, y nada más, y eso era lo que gustaba”, explica uno de los palmeros que pisó aquella noche el escenario de Brighton, el docto Peret Reyes, que durante 38 años acompañó a Pere Pubill Calaf (su padrino) por medio mundo.

Guitarra en ventilador y el taca-taca-taca de los palmeros, rumba catalana en formato crudo: eso era lo que hacía arquear las cejas a diestro y siniestro. De Alemania a Venezuela, país al que fueron “ocho o nueve veces”. Galas en salas de fiestas y muchos platós televisivos, cuando los artistas cobraban por cantar ante las cámaras. La ‘troupe’ llegó a cruzar el Telón de Acero, anotándose el Gran Premio del Disco de 1968 en el Festival de Sopot (Polonia). Y viajó luego a la Rumanía de Ceausescu, recuerda Peret Reyes. “Donde cada mañana veíamos a un tipo vestido de negro que nos seguía”.

De Cannes al cielo

La primera proyección internacional de la rumba catalana tiene, en fin, mucho que ver con Peret, con aquella pica en Flandes que fue su actuación en el Midem, la feria de la industrial musical sita en Cannes, en 1967. Aquel día, tras un bolo atómico, su compañía, Discophon, se vio firmando contratos a discreción para publicar sus discos en varios países. Y de ahí salieron galas sonadas como la del londinense Palladium, montada por la BBC, junto a figuras como Paul Anka y Françoise Hardy. Tiempos del éxito ‘Una lágrima’.

Otro pionero, Chacho (Josep Maria Valentí), cruzó también el Atlántico, como harían Rumba Tres. Y Los Amaya, cuyo ‘Vete’ (ya en 1978) alcanzó las radiofórmulas de países como Israel y Japón. Y qué decir de las cuitas de Antonio González, El Pescaílla, con Lola Flores, hace notar Lluís Cabrera, el fundador del Taller de Músics, que, desafiando ciertas ortodoxias, defiende que “la rumba catalana se roza con el flamenco, y del roce viene el goce”.

The Rockin’ Rumberos

Fue así notable la difusión internacional de esta música desde finales de los 60 hasta el umbral de los 80, década esta en la que sufrió cierto fundido. Pero un nuevo auge rumbero llegó con Los Manolos, que con Peret y Los Amaya, proclamaron ante el mundo la “Barcelona poderosa” en el cierre de los Juegos de 1992. De ahí, a girar por Latinoamérica y Europa. En el Reino Unido los presentaron como ‘The Rockin’ Rumberos from Barcelona 92’.

Más operaciones ‘for export’: las de Sabor de Gràcia, que han constatado el asombro que causa el ventilador en tierras tropicales. “Los salseros de Puerto Rico, músicos como Luis Perico Ortiz, que ha tocado con Tito Puente, cuando me ven tocar siempre me dicen: ‘a ver, vuelve a hacer esto con la mano’”, testifica Sicus Carbonell. Y no podemos dejar fuera la digestión rumbera realizada por las generaciones de la música mestiza, grupos con pulsión internacional: Ojos de Brujo, La Troba Kung-Fú, Gertrudis, La Pegatina… El mismo Manu Chao coqueteó con ella en su ‘Rumba de Barcelona’. Y Cathy Claret, artista crecida en la comunidad gitana del sur de Francia, reconocida en Japón con su suave rumba-pop.

De Hollywood a Dubái

De hecho, a la pregunta de qué figura ha llevado la rumba catalana a más rincones del planeta, la respuesta apunta al otro lado de los Pirineos: los Gipsy Kings. “Vas a Japón y cantan ‘Volare’ en su versión rumbera. Son, sin duda, los rumberos más internacionales”, certifica Josep Gómez, de Los Manolos (y director del sello Ventilador). Aunque aunque la rumba de estos franceses con raíces catalanas plantee objeciones a los más puristas. En la actualidad hay tres versiones de Gipsy Kings operando bajo diversos liderazgos, y que tanto pueden actuar en el Hollywood Bowl como en la Ópera de Dubái. Una de ellas, la de Nicolás Reyes, fue la que intervino como invitada en los recientes conciertos de Coldplay en Barcelona.

Con todo, la rumba catalana se ha ido propagando por el mundo sin planes maestros ni estrategias de despacho. “Ha llegado a ser a la vez muy nuestra y muy internacional, pero habría podido llegar mucho más lejos si hubiera tenido el apoyo de ministerios e instituciones”, cavila Amadeu Valentí, presidente de la Plataforma per la Defensa de la Rumba Catalana, suspirando, y batallando, por la oportunidad que podría brindar a esta música el marchamo de la Unesco.