Crítica de cine

'Cinco lobitos': ¿se puede ser madre al tiempo que se continúa siendo hija?

Un retrato sólido y honesto de las inseguridades, lamentos y necesidades de una persona tan segura como frágil ante una situación deseada que la acaba superando

Fotograma de la película 'Cinco lobitos'

Fotograma de la película 'Cinco lobitos' / BTeam Pictures

Quim Casas

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‘Cinco lobitos’ pasó también por el festival de Berlín, en el año de gracia del cine español en el certamen alemán. Responde al ideario de un cine intimista, conciso, realizado por directoras que hablan de las cosas que escapan a la mirada masculina o son transformadas por esa mirada. Ruiz de Azúa sitúa a su protagonista, Amaia (Laia Costa), en el centro de todo. Porque acaba de ser madre, pero también es hija. Y las dificultades de ser plenamente ambas cosas se entrecruzan en un relato contado de forma muy ecuánime, tenso, pero sin grandes sobresaltos.

Amaia se enfrenta en solitario a los primeros días de la maternidad. Tiene pareja, pero el joven se ausenta por trabajo. Ahí se encuentra un conflicto dramático por explorar que la directora no convierte en el más importante. Porque pronto desplaza a Amaia y su bebé a la casa de los padres de ella. Lo que en principio es necesidad, adquiere poco a poco otros rasgos dramáticos. ¿Se puede ser madre, buena, mala o regular, al mismo tiempo que se continúa siendo hija, regular, mala o buena?

De un conflicto se pasa a otro con absoluta naturalidad. Ese es uno de los mejores aciertos de la película, sustentada también a partir de su ecuador en la confrontación de sus dos actrices principales, Costa y Susi Sánchez. El filme tiene altibajos, pero se revela, sobre todo en su primera parte, antes de la llegada a la casa de los padres, un retrato sólido y honesto de las inseguridades, incertezas, ansias, lamentos y necesidades de una persona tan segura como frágil ante una situación deseada que siempre, en algún momento, la acaba superando.

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