LO QUE NO SABÍAS DE...

La receta de la apetitosa película francesa 'Delicioso'

  • Ninguno de los dos actores protagonistas sabía cocinar casi nada antes del rodaje

  • Durante años, en Francia, las patatas y las trufas se consideraban productos del diablo

  • Un marionetista movía con hilos una gallina muerta para hacer creer que estaba viva

El director Éric Besnard, durante un rodaje.

El director Éric Besnard, durante un rodaje. / DAVID KOSKAS

8
Se lee en minutos
Eduardo de Vicente
Eduardo de Vicente

Periodista

ver +

Uno de los temas favoritos del cine francés es la historia, cómo los hechos del pasado marcaron el devenir del tiempo futuro. El realizador Éric Besnard (Pastel de pera con lavanda) se apunta a esta tendencia con la comedia dramática y gastronómica Delicioso, protagonizada por Grégory Gadebois (visto en El oficial y el espía) e Isabelle Carré (El húsar en el tejado, Tímidos anónimos), ambientada en los meses previos al estallido de la Revolución Francesa.

El protagonista es Manceron, un sofisticado cocinero que trabaja a las órdenes de un aristócrata que disfruta mucho con los platos que prepara. Pero, tras un desgraciado incidente, es despedido por el noble y decide montar un albergue en el que pueda dar de comer a todas las clases sociales. Le acompañará una recién llegada dispuesta a todo para poder aprender los secretos culinarios junto a él. Pese a sus múltiples diferencias, la pareja, con la ayuda del hijo, que parece un precursor del marketing moderno, intentará sacar adelante el primer restaurante de Francia. Es una película apetitosa, detallista y de buen rollo que se ve con una sonrisa de complicidad y algo de envidia por no poder probar los exquisitos platos que se muestran. Su director nos explica las mejores anécdotas del filme.

-La verdad sobre Manceron. “El personaje de Manceron no es real, pero la situación sí. El personaje es la suma de un conjunto de personas que pasaron por situaciones similares y también hay una parte de imaginación”.

-La recreación de la cocina. “Fue fácil, hay mucha documentación sobre la decoración de los platos, son platos para la vista, con colores, hay faisanes con plumas, pirámides, codornices, cerdos a l’ast, hay muchos dibujos muy bien descritos. Los libros de cocina existen desde siempre, esos platos se pudieron hacer y estaban muy buenos. Lo difícil fue escoger los platos de Manceron, para que fueran fáciles y simbólicos”.

El equipo se documentó a fondo para conocer los platos que se cocinaban en la época.

/ NORD-OUEST FILMS

-La imaginación al poder. “Cuando preparaba este filme, volví a ver Vatel (otra película gastronómica ambientada en el siglo XVIII protagonizada por Gérard Depardieu) y, en el primer plano había 40 carrozas, las conté. Yo sabía que para mi película solo tendría una carroza y cuatro caballos durante dos días y me vi obligado a hacer varias tomas para parecer que había más”.

-Documentación. “Para buscar recetas de la época contratamos a dos chefs, Thierry Charrier, que es el chef del Quai d’Orsay, el ministerio de Asuntos Exteriores francés, y Jean Jacques Karman, con quienes trabajamos sobre las recetas del siglo XVIII, la del Delicioso y los platos de nuestro protagonista para que correspondieran con lo que yo quería decir a través de esa cocina”.

El pastelito Delicioso es la estrella de las 'delicatessen' de la película.

/ NORD-OUEST FILMS

-La creación del Delicioso. “Cuando lo escribí, lo imaginé como un pequeño pastelito con trufa y patata. Unir ambos elementos tenía un sentido político. Cuando Colón trajo la patata de América, toda Europa la cultivó y se la comió menos en Francia donde, durante más de 200 años, se negaron a comerla porque la veían pequeña, de color oscuro, amarga y no confiaban en ella y la llamaron “la trufa de tierra”. La Iglesia consideraba que todo lo que salía de allí no solo era incomestible, sino que además era portador de enfermedades como la lepra. Las patatas y las trufas se consideraban productos del diablo. Para rodar la escena, tuvimos que escoger la forma y los ingredientes, y quedaba muy bien un pastelito de hojaldre relleno, pero entonces Thierry me dijo que en el siglo XVIII, no se había inventado todavía el hojaldre. Tuvimos que buscar otra pasta hecha con puré de patata y pusimos dentro unos redondeles de trufa y patata. Una cosa es lo que se tiene en la cabeza, el concepto, y luego está el resultado, lo que tuvimos que hacer para poder filmarlo”.

-La verdad y la ficción. “Los pastelitos Delicioso, por ejemplo, eran auténticos, había de trufa, había de champiñones y de patata. Si los actores se portaban bien les daba el de trufa, si me fastidiaban les daba el de patata. Obligatoriamente hay tanto platos verdaderos como falsos. Por fuerza, la mayoría son falsos porque los verdaderos son perecederos, se pueden estropear”.

Algunos de los platos que aparecen en la película son verdaderos, pero la mayoría eran falsos.

/ NORD-OUEST FILMS

- Los primeros planos. “Los primeros planos de las manos de Gregory no son de un doble, es él, son sus manos. Si miras lo que hace, tampoco es tan complicado. La cámara lo magnifica y lo acelera, pero cortar despacio una patata tampoco es tan difícil. Hay sólo dos planos en que no es él, cuando corta la cebolla muy deprisa, pero en el resto de la película, siempre son sus manos. Yo quería que fueran las suyas porque son fuertes y frágiles a la vez y me parecía esencial, ya que mostrar la inteligencia de sus manos era importante”.

-Dos principiantes en la cocina. “Los dos protagonistas no sabían cocinar nada de nada, ni él ni ella, ella incluso menos que él, y continúa sin saber cocinar. Lógicamente tuvieron que aprender algunas cosas, estuvieron unos días en el Quai d’Orsay, sobre todo Gregory, que estuvo en el equipo de cocina trabajando con Thierry. Aprendió a hacer pan, a hacer los Delicioso y a moverse en la cocina. Un día yo estaba haciendo un travelling y vi que Gregory iba con delantal moviéndose por la cocina, cogió una cuchara de madera y la metió en el asa de una cacerola. Estaba claro que había visto a Thierry hacerlo en su cocina. Este es el trabajo del actor, que le roba al verdadero chef esos pequeños gestos, cómo la forma de usar el trapo para limpiar los fogones. A lo mejor ni tú ni yo nos damos cuenta, pero es la forma en que el actor crea su personaje, con esos ligeros detalles”.

Ninguno de los dos actores protagonistas sabían cocinar casi nada antes del rodaje.

/ NORD-OUEST FILMS

-Los animales. “La cabra no quería vivir con los corderos y fue un problema. Las aves del corral quería que estuvieran siempre en libertad, pero tenían que habituarse a nosotros. Vivíamos con ellas, siempre estaban por allí. Lo más complejo fue rodar cuando la gallina come el pastelito envenenado y se cae. No fue fácil hacerlo, porque las gallinas para dormir no se echan, por lo tanto no se caen. Lo que hicimos fue coger una gallina muerta de verdad, y un marionetista con unos hilos la hacía revivir, la levantaba, la hacía moverse y luego la dejaba caer”.

-Los detalles del restaurante. “El restaurante es un lugar donde se viene a pasar un momento agradable, vivirlo usando todos los sentidos, y también se debe saber lo que se va a comer, es el placer antes del placer. Tener una carta con lo que vas a comer es generar el placer de lo que vas a degustar, no es sólo para informar, es para que empieces a prepararte. Un restaurante es esto, no es sólo alimentarse sino también gozar del momento. Es todo el conjunto, como el ramito de flores en la mesa, los manteles, es crear un ambiente, para hacer de ese momento un momento particular, especial”.

Para el realizador, un restaurante tenía que generar placer en todo momento.

/ NORD-OUEST FILMS

-¿Quién inventó las patatas fritas? “En la película se sugiere que las inventaron los franceses, pero lo cierto es que no sé quién las inventó. Los franceses te dirán que en Francia, los norteamericanos te dirán que fueron ellos, pero lo que me parecía interesante es que un hombre, por inteligente que fuera, por buen cocinero que fuera, pudiera ver una invención tan importante como esta y dijera que no tendría éxito porque era pésima y no valía nada. Ahora lo que parece es que se inventó en esa zona pero quién inventó las patatas fritas es como quién inventó la rueda, no se sabe”.

-El preludio de la Revolución Francesa. “La idea que teníamos al principio era representar el siglo de las luces. Cuando empecé a escribir el texto, no pensaba explicar la historia de un restaurante. Fue trabajando sobre el siglo de las luces cuando me enteré de que el restaurante había sido una invención de ese momento, de esa época, y era la manera ideal de plasmarlo”.

El filme denuncia la prepotencia de la aristocracia que derivó en la Revolución Francesa.

/ NORD-OUEST FILMS

Noticias relacionadas

-La escena de la harina en los créditos finales. “Es una escena que me gusta mucho. En principio, era más larga y mucho más erótica, era como si estuvieran haciendo el amor. Era la primera vez que cocinaban juntos y cuando la escribí estaba en otro lugar de la película. Era tan intensa que, cuando la incorporé a la película era cómo si el filme terminara ahí y entonces me di cuenta de que todo lo que iba a pasar a continuación ya no tenía sentido. Me peleé con la montadora, que quería eliminarla y decidimos ponerla al final y está claro que así anuncia el futuro de la pareja, lo que va a acontecer después”.

La escena de los créditos estaba ubicada, inicialmente, en otro lugar de la película.

/ JÉRÔME PRÉBOIS