Fotografía

Gasparini: el gran fotógrafo de la desigualdad social en América Latina

  • El italiano Paolo Gasparini, venezolano de adopción, presenta en una exposición de más de 300 fotos en el centro KBr sus seis décadas de compromiso y denuncia social reflejando las contradicciones de Latinoamérica

Juego con ’zancúos’, Maracaibo, Venezuela, 1971 / PAOLO GASPARINI

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Paolo Gasparini tenía 11 años en mayo de 1945, con la Segunda Guerra Mundial agonizando en su Gorizia natal. Allí hay que buscar el primer encuentro del italiano, dramático, con la fotografía. "Era ya zona de posguerra y las casas estaban ocupadas por el ejército yugoslavo de Tito. En la nuestra había un coronel que pese a los miedos de mi madre me llevó a un viejo almacén para enseñarme algo. Eran unos baúles llenos de fotos de muertos, ahorcados, fusilados… ‘¡Cuidado!’, me dijo. ‘Son la documentación de una guerra’. Aquello me marcó", explica ahora a sus 87 enérgicos años ante la exposición más completa de su obra, ‘Campo de imágenes’, que muestra hasta el 16 de enero el centro KBr de la Fundación Mapfre de Barcelona. Venezolano de adopción -llegó a Caracas a los 21-, las más de 300 fotos expuestas, que recorren seis décadas de compromiso y denuncia social, reflejan "las contradicciones sociales, económicas, culturales... de Latinoamérica, de un mundo ofendido por la guerra, el poder, la prepotencia…", a menudo en contraste con imágenes tomadas en grandes ciudades de Europa y Estados Unidos. 

"Aspiro a que la gente vaya más allá de la foto, a lo que hay tras ella, que se pregunte cómo está el mundo y la gente que sufre en él", señala Gasparini, quien cree que "la foto hay que buscarla". "Tienes una idea y buscas la foto para construir un relato, para dar forma a lo que quieres contar". Como lo que explica al espectador su serie sobre Cuba, desde el mismo título, ‘De la utopía al desencanto’. "Documenta la Revolución cubana en sus inicios -detalla la comisaria de la exposición, María Wills-: el proceso alfabetizador, el cambio social, la alegría de las mujeres que despiden a los trabajadores que van al cultivo de la caña de azúcar..., la proyección de esa utopía, y sin olvidar la parte festiva, muestra 30 años después el desencanto, la resignación en las caras de la gente". 

El fotógrafo Paolo Gasparini, este martes en el centro KBr, que expone la muestra más completa de su carrera.

/ JORDI COTRINA

Argumenta la influencia en su obra del cine y los fotomontajes de Eisenstein: "El cine viene de la fotografía. El fotograma es un elemento suelto de un discurso, que es lo que a mí me interesa. Con una serie de imágenes puedes ir adelante y atrás en el tiempo, relacionar fotos de hoy con las que has hecho antes, con la sabiduría del después, y articulando un discurso, una nueva manera de pensar las cosas". Y señala Gasparini un díptico: una imagen es del edificio donde estudió Primaria fotografiado 40 años después, con un niño que hace un gesto con los brazos similar al que en la foto de al lado realiza con sus muñones un ‘menino’ de Brasil mutilado de manos y piernas en 1983. "Doy una lectura al espectador, para que él cree la suya propia". 

Decisivo Paul Strand

Gasparini fue a Caracas para huir del servicio militar en Italia y porque allí estaba su hermano arquitecto, quien además le había regalado una Leica cuando cumplió 17 años. A la influencia de la estética de posguerra que le llegaba del neorrealismo italiano y de los contenidos documentales sociales de las agencias americanas se sumó la de su maestro Paul Strand, al que conoció en Francia en 1956 y con quien viajó por Venezuela. De él aprendió a construir relatos con imágenes y a generar discursos revisitando su obra anterior con la actual. También el compromiso que conlleva la fotografía. Y el arte del fotolibro, del que es autor de referentes como ‘Para verte mejor, América Latina (1972)’ o ‘Bobare’ (1959), sobre la miseria de una comunidad indígena andina.  

'Mercado de Chinchero', Perú, 1976.

/ PAOLO GASPARINI

En la construcción de esos relatos, Gasparini refleja, a menudo con dípticos, la dura realidad de México, Colombia, Venezuela, Brasil, Perú, Cuba…, en contraste con imágenes críticas con la publicidad y la sociedad de consumo de Los Ángeles, París, Nueva York, Londres o incluso Barcelona, presente con una foto de un gran anuncio en una calle del Eixample en 1997, dentro del fotomural de 12 metros ‘El ángel de la historia’. Enfrente, la serie ‘La calle’, con la instantánea de un chaval pobre y descalzo sobre unos zancos en el Maracaibo de 1971, entre dos coches; a su lado otra foto enseña un concesionario de coches en París, y una tercera una limusina en Nueva York. Algo más allá, un perro muerto de hambre en un descampado de "la verde Irlanda". "Es un nómada entre Europa y Latinoamérica. Se cuestiona el primer y el segundo mundo, la pobreza no solo está en Latinoamérica, de ahí muchos dípticos de contrastes", apunta Wills, que rompen los estereotipos eurocentristas.  

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En Venezuela empezó ganándose la vida con la fotografía de arquitectura. "Aquello me permitía fotografiar en paralelo lo que me interesaba de verdad", es decir, la gente que la habitaba, los arrabales, la calle y su cotidianidad.... Dos ejemplos: la Brasilia proyectada, la ciudad utópica, frente a la vivida, llena de contrastes, porque la gente común vivía extramuros, y el mural ‘El faquir de la torre Capriles’: "El faquir era como llamaban a un indigente, ‘el testigo incómodo’, como lo titulé yo", recalca Gasparini. El verdadero protagonista de ese espacio público de Caracas no era el imponente y moderno edificio sino ese hombre sobre el asfalto entre caminantes indiferentes.