Fin de rodaje

'Alcarràs', el desafío de Carla Simón entre melocotoneros

Carla Simón, en el rodaje de su película ’Alcarràs’

Carla Simón, en el rodaje de su película ’Alcarràs’ / Lluís Tudela

  • La directora catalana ha tenido que esperar un año a causa de la pandemia para rodar su segunda película, 'Alcarràs', que constituye su nuevo trabajo después de la aclamada 'Estiu 1993'

  • Rodada en catalán y en las comarcas de Lleida, pretende ser una oda al trabajo de cultivo de la tierra desde un punto de vista familiar.

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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Carla Simón tenía todo preparado para empezar a rodar su segundo largometraje, 'Alcarràs', cuando la pandemia dejó el proceso en standby. La película, que se desarrollaba en la localidad leridana, tenía lugar durante la cosecha de melocotones, entre junio y agosto, y su reparto coral estaba formado por ancianos y niños, todos ellos actores no profesionales y con demasiadas escenas grupales. El riesgo era demasiado alto, así que decidieron posponer todo el proceso un año hasta que las condiciones fueran más propicias. 

El pasado viernes, por fin, la directora catalana daba por finalizado un rodaje que ha durado ocho semanas y que por muchos motivos ha sido muy especial para ella y su equipo, no solo por haber tenido que sacrificar parte de las expectativas que habían puesto el pasado año en él, sino por la propia naturaleza de un proyecto en el que el sentimiento de comunidad resulta fundamental. 

Carla Simón quería homenajear a una parte de su familia que se dedica al cultivo de melocotones para poner en valor un trabajo casi artesanal que se encuentra en peligro de extinción. Por eso, escribió un guion alrededor de las relaciones entre varias generaciones de un mismo clan que se articulan alrededor del ‘padrí’, ese abuelo que, a modo de patriarca, ha intentado trasmitir el amor por la tierra a sus hijos para que continúen con este modelo de vida. Pero la noticia de que deben abandonar su finca, que pertenecía a un terrateniente antes de la Guerra Civil cuyo hijo quiere ahora instalar placas solares, los enfrentará a toda una serie de dilemas en torno a su modelo de subsistencia. 

Cultivar en familia

“El tema que atraviesa la película es la agricultura en estos momentos, cómo el hecho de cultivar en familia, que es uno de los oficios más antiguos de la humanidad, se está perdiendo porque no se apoya lo suficiente”, cuenta Carla Simón un día después de la última claqueta de 'Alcarràs' y todavía con las emociones a flor de piel. “En Lleida hay grandes empresas que compran tierras y contratan gente para trabajarla. El resultado es que no se mima el terreno ni las plantaciones como se debería”. 

Rodaje de la película 'Alcarràs', de Carla Simón

/ Lluís Tudela

Ese trasfondo ecológico recorre una película en la que también se pone de manifiesto el peligro de la despoblación, la relación con los temporeros (prácticamente nula) o las diferentes visiones que aporta cada miembro de la familia, al mismo tiempo que los niños (que abarcan todo el espectro de edades) juegan y se mantienen al margen de los diferentes dilemas que se plantean. 

En su ópera prima, 'Estiu 1993', por la que Simón consiguió el Goya a la dirección novel, el grueso de la trama se centraba en unos pocos personajes y el punto de vista era el de la pequeña Frida (Laia Artigas), sin embargo, en 'Alcarràs' la cámara sigue al menos a doce personajes, por lo que la complejidad era mucho mayor. “Aunque teníamos las cosas muy claras desde el principio, era fácil perder la perspectiva. Había que saber con qué personaje se estaba en cada momento, quien tenía la emoción en cada plano, cómo debíamos orquestar los relevos entre ellos en las escenas más coreográficas, y al mismo tiempo intentar mantener un espíritu orgánico, con mucha cámara en mano”, continúa la directora. 

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La directora se ha rodeado de un equipo de mujeres para hacer realidad 'Alcarràs'. Con muchas de ellas ya había trabajado en 'Estiu1993', como con la productora María Zamora, la montadora Ana Pfaff, Eva Valiño en el sonido… y así hasta completar todos los departamentos, incorporándose en la fotografía Daniela Cajías, ganadora del Goya por ‘Las niñas’.

“Cuando hice ‘Estiu 1993’ mi familia entendió que giraba en torno a un tema muy personal como era mi infancia, pero cuando les dije que quería hacer una película sobre ellos y su relación con la tierra no entendieron nada”, ríe la cineasta. “Para ellos resulta muy poco interesante lo que hacen, y a mí me ocurre precisamente lo contrario, me parece un trabajo tan digno y admirable, tan sacrificado, que implica tanto compromiso, que tenía ganas de sumergirme en ese mundo”. Para terminar de establecer los inevitables paralelismos entre realidad y ficción en la obra de Carla Simón, su propia hermana aparece en la película interpretando a una de las protagonistas, y sus tíos hacen un cameo entre sus queridos melocotoneros.