Adaptación de un clásico

Julio Manrique lleva 'Les tres germanes' al siglo XXI

El Lliure estrena este jueves una moderna versión de la obra de Chéjov con una burguesía atrapada en su burbuja frente al desastre climático

Julio Manrique lleva 'Les tres germanes' al siglo XXI
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‘Les tres germanes’, un clásico de Chéjov de 1901 que el Lliure revisita cada cierto tiempo, regresa al escenario de Montjuïc a partir de este jueves esta vez con una moderna producción dirigida por Julio Manrique, que la ha adaptado a nuestra época con Marc Artigau y Cristina Genebat. Ella además es también una de las protagonistas de esta gran obra que muestra a una burguesía incapaz de cambiar, de arriesgar y de vivir en sintonía con aquello que realmente desea en un mundo decadente que deja entrever una nueva era. "Queríamos que Chéjov conviviera entre nosotros", afirma Manrique, que ya buceó en el universo del escritor ruso con 'L' hort dels cirerers' estrenado hace 10 años en el Romea. Dibuja a las tres hermanas del título como mujeres de hoy que se enfrentan a las eternas preguntas del ser humano con una perspectiva actual, haciendo hincapié en el cambio climático y el deterioro del planeta que amenaza a la humanidad. "Las preguntas que plantea la obra son vigentes: ¿qué quedará de nosotros? ¿Qué estamos haciendo bien y qué no? ¿Qué mundo dejaremos?". Ese sueño de felicidad que promete Moscú, la gran ciudad adonde anhelan ir las tres para iniciar una vida diferente, es sinónimo de esa felicidad que uno espera hallar cuando logra vivir en paz consigo mismo, de acuerdo con lo que piensa y con lo que siente.  

Aunque no se habla explícitamente del covid-19 en la obra, su eco llega a través de ese momento de transformación que muestra Chéjov, una sociedad donde se palpa el advenimiento de un mundo diferente. Estéticamente llega a través de una puesta en escena con muros de cristal que separan al espectador de los actores, que están aislados en su pecera, metáfora de esa burbuja en la que conviven y que no logran romper. La escenografía de Lluc Castells, que se desarrolló en paralelo a la creación del espectáculo, surge de esa idea. Esos muros simbolizan muros más difíciles de derribar, los de las ideas a las que que cada uno se agarra para navegar por este mundo donde cada cual lidia como puede con sus anhelos y sus contradicciones. "Los personajes son como hámsteres. Viven en una prisión infinita. Se mueren por escapar pero no son capaces de hallar la salida", sentencia Manrique, que regresa a la sala donde estrenó otro clásico, 'L' ànec salvatge' de Ibsen con el que consiguió un Max. 

Genebat, Maria Rodríguez y Elena Tarrats son las protagonistas de este gran fresco contemporáneo. Ellas encarnan a Masha, Olga e Irina, esas tres hermanas incapaces de tomar las riendas de sus vidas tras la muerte de su padre. Completan un sólido reparto Lluís Soler, Ivan Benet, Carme Fortuny,  Mireia Aixalà, Marc Rius, Joan Amargós y Jordi Rico.

Lluís Soler, Maria Rodríguez, Elena Tarrats y Joan Amargós en un momento de 'Les tres germanes'.

/ SÍLVIA POCH

Pese a ser muy fiel a la estructura y esencia del texto original, la puesta al día ha conllevado bastantes cambios. Por ejemplo, los militares que llegaban a la ciudad de provincias donde transcurre la obra han sido sustituidos por un equipo de geólogos. "Hemos preservado el alma de la obra pero han cambiado las formas", comenta Artigau. Como Shakespeare, Chéjov, que además de dramaturgo era médico, habla de los grandes temas. Por eso nunca pasa de moda. "Chéjov habla de la vida, de sus imperfecciones-recuerda Manrique-, por eso lo tiene todo: alegría, tristeza, esperanza... y todo se mezcla en la obra. Y no hay un género claro porque, como a veces pasa en la vida, todo ocurre a la vez".

Un director "superexigente"

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Ivan Benet, un actor que ha trabajado en muchos montajes con Manrique, alaba su capacidad para acercar a Chéjov al público del siglo XXI. "Es una adaptación muy fiel -indica Benet-. Mantiene el arco temporal con cuatro actos muy diferentes entre sí. Ves cómo pasa el tiempo y los personajes siguen anclados a sus vidas de siempre". Para él la pecera trasparente donde se mueven los personajes tiene un punto "impúdico", porque convierte al público en 'voyeur'. "Veremos las miserias de una familia que, en el fondo, son las miserias de todos nosotros. Al fin y al cabo, ¿quién puede presumir hoy de llevar la vida que soñaba? ¿Quién es plenamente feliz? Desgraciadamente, todos perseguimos aquello que no tenemos". Sin embargo, él sí está relativamente feliz, explica, porque no ha parado de trabajar tras el descalabro que la pandemia ha provocado. "Me considero un afortunado, tengo propuestas muy interesantes y este proyecto es brutal". El actor, que ha visto crecer a su amigo Manrique como director, añade: "Con los años Manrique ha desarrollado una mirada estética. Siempre ha sido superexigente pero con el tiempo, más. Es obsesivo. Tiene toda la obra en la cabeza, se sabe todo el texto y el recorrido de cada personaje para poder acompañarte. Nunca te deja tirado", comenta. "En los ensayos, no tienes sensación de jerarquía sino de estar todos explicando una historia. Además, como es actor, si ve que algo no le funciona con uno de nosotros, no lo fuerza, mira de cambiarlo y buscar otro camino". Hay ganas de llegar al jueves y ver el resultado.

De musas, cabras y máscaras

Otros dos estrenos muy diferentes destacan en la cartelera esta semana. En la Villarroel, 'La cabra o ¿Qui és Sylvia?', una obra de Edward Albee que plantea un interesante debate sobre los límites de la tolerancia. Hace años Josep Maria Pou la bordó en un aclamado montaje que dirigió e interpretó. Iván Morales capitanea esta producción de la Villarroel interpretada por Jordi Bosch en el rol de perfecto arquitecto que confiesa un amor bestial que trastoca su imagen de familia feliz. Dos aclamados actores como Emma Vilarasau, Jordi Martínez y el joven Roger Vilà completan este potente montaje.

En la Akadèmia, que acaba de ampliar sus gradas, Mario Gas dirige 'L'home de la flor als llavis i...', donde fusiona el tratado existencialista de Luigi Pirandello y la admiración del dramaturgo italiano por su musa, la actriz Marta Abba. Creada a ocho manos junto a los actores Àlex Casanovas, Montse Guallar y Xavier Ripoll, la pieza plantea el hipotético encuentro de un acomodador de cine con una actriz. Una reflexión sobre la vida y el mundo del teatro a partir de juegos de máscaras, el amor, la muerte y la identidad. En el fondo todos actuamos en esta vida.