MÁXIMO GALARDÓN DE LAS LETRAS

Louise Glück, en 3 poemas

La Academia del Nobel de Literatura la ha galardonado su "inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, torna en universal la existencia individual"

Louise Glück, cuando ganó el National Book Awards, en el 2014.

Louise Glück, cuando ganó el National Book Awards, en el 2014. / ARCHIVO / AFP

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El Periódico

El Premio Nobel de Literatura 2020 ha recaído en la poeta estadounidense Louise Gluck, de 77 años. La Academia la ha galardonado su "inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, torna en universal la existencia individual".

Recogemos aquí tres de sus poemas que reflejan ese estilo que le ha valido el máximo reconocimiento de las letras: un estilo personal, íntimo que esconde situaciones universales.

EL DESEO

¿Te acuerdas de cuando pediste un deseo?

Yo pido muchos deseos.

Cuando te mentí

sobre lo de la mariposa. Siempre me pregunté

qué pediste.

¿Qué crees que pedí yo?

No sé. Que volvería,

que al final de alguna manera estaríamos juntos.

Pedí lo que siempre pido.

Pedí otro poema.

EL DILEMA DE TELÉMACO

Nunca me decido

sobre qué poner

en la tumba de mis padres. Sé

lo que él quiere: él quiere

'amado', lo que ciertamente resulta

muy exacto, sobre todo

si contamos a todas esas

mujeres. Pero

eso dejaría a mi madre

en la intemperie. Ella me dice

que en realidad no le importa

lo más mínimo; ella prefiere

ser descrita

por sus logros. No tendría yo mucho

tacto si les recordara

que uno

no honra a sus muertos

perpetuando sus vanidades, sus

auto-proyecciones.

Mi propio criterio me recomienda

exactitud sin

palabrería; son

mis padres y, en consecuencia,

los visualizo juntos,

a veces me inclino por

'marido y mujer, a veces por

fuerzas contrarias'.

PUERTO DEPORTIVO

Mi corazón era un muro de piedra

que tú de todas formas traspasaste.

Mi corazón era un jardín isleño

a punto de ser pisoteado por ti.

Tú no querías mi corazón;

tú ibas de camino a mi cuerpo.

Nada de eso fue mi culpa.

Lo eras todo para mí,

no sólo belleza y dinero.

Cuando hacíamos el amor

el gato se iba a otro cuarto.

Entonces me olvidaste.

No en vano

las piedras

se estremecían alrededor del jardín enmurallado:

no hay nada allí ahora

excepto ese salvajismo que la gente llama naturaleza,

el caos que se hace con todo.

Me llevaste a un lugar

donde llegué a ver la maldad en mi carácter

y me dejaste ahí.

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