El impacto en una generación

Quino entró en España por la izquierda con Mafalda de la mano

El dibujante argentino mantuvo un éxito internacional durante 50 años con un humor pesimista y delicado

Quino entró en España por la izquierda con Mafalda de la mano
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Javier Cuervo

Gracias a la tierna redondez de los dibujos de Quino y a que las tiras de "Mafalda" estaban pobladas por niños, muchos chiquillos que empezaban a dejar de serlo aprendieron a leer humor adulto. Pero era una confusión o una transgresión. Lo normal en la España de los años setenta, cuando aparecieron los 10 tomitos apaisados con los chistes de Mafalda, era que los llevaran a casa los hermanos mayores. Por varias razones: entendían a la primera todo lo que había detrás de aquel teatro social representado por niños y tenían más dinero para comprar aquellos tomos tan caros que dieron tanto beneficio a la editorial Lumen de Esther Tusquets.

Mafalda, en sí misma, era una proclamación. "La pequeña Lulú" quería ser igual que los chicos y "Periquita" ("Nancy") era traviesa, pero Mafalda era la primera niña de historieta que reflexionaba acerca del mundo. Elegir una protagonista femenina, en un momento en que el feminismo era pujante en la izquierda, fue un acierto que se confirmó más cada año. Mafalda era una feminista consciente que señalaba las contradicciones en su madre.

Quino había llegado a Europa a través de Milán, donde residía en un ambiente más confortable que la Argentina de las Juntas Militares, la censura, las persecuciones, los desaparecidos. El contacto entre la burguesía culta milanesa y su prima la catalana plantó en España las tiras de la niña contestataria, su familia y su pandilla del barrio. La otra vía de acceso a España, también desde Milán, fue por la burguesía vasca, a través de Luis Gasca, que editaba una revista de cómics muy exquisita llamada "El Globo" en la que "Mafalda" ocupaba las primeras páginas y a veces salía a la portada.

Las tiras de "Mafalda" llegaron al público más por la política que por el humor, porque en los últimos años del franquismo sus primeros lectores fueron los jóvenes informados que buscaban claves del exterior en las revistas progres. El tomazo "10 años con Mafalda", cuando ya Quino había abandonado el personaje, tuvo como prologuista a la periodista Maruja Torres, por si sirve de contexto.

Con los años Mafalda, el dibujo, "¡tan linda!", entró como bien mostrenco en el politizado mundo de las pegatinas y se le añadieron todo tipo de banderas. La de Asturias, también. Cuando Quino vio a su niña argentina portar la bandera del partido de ultraderecha española Fuerza Nueva, se enfadó y mandó parar. Por el mundo de la propaganda institucional, Mafalda y sus amigos tocaron techo cuando explicaron la Declaración de los Derechos de la Infancia para Unicef.

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Fuera de Mafalda, Quino siguió en el humor internacional con sus prodigiosos chistes de una página, a veces secuenciados, las más de las veces de imagen única, en los que sus hombres pequeños se mueven en un mundo grande, frecuentemente hostil, en el que solo en ocasiones consiguen pequeñas victorias en la linde entre lo tierno y lo patético. Es muy pesimista el humor de Joaquín Salvador Lavado, que empezó inspirándose en los humoristas de "París Match", Jean Bosc y "Chaval" (Yvan Le Louarn). "Los dos se pegaron un tiro", apostillaba. En su carrera fue un campeón del humor en un espacio internacional muy competitivo, una especie de Fórmula 1 de la risa en la que hay que conseguir que las ideas y los temas salten fronteras espaciales y temporales: chistes para cualquier parte del globo que perduren años. Dejó de hacerlos en 2007, cuando su salud declinante se lo aconsejó.

Le entrevisté durante un cuarto de hora en el Hotel Reconquista cuando vino a recoger el premio "Príncipe de Asturias" de Comunicación y me gustó encontrarle el parecido a su obra en su delicada inteligencia y en su educada dignidad. Hablaba bajito y era un poco triste, lo que no tiene nada de contradictorio con su oficio, porque la alegría y el humor no son sinónimos. En el trajín de aquellos días lo desplazaban en silla de ruedas pero para la entrevista exigió un sillón del Hotel Reconquista "para no dar una imagen dramática".

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