28 sep 2020

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OTROS ESCENARIOS POSIBLES

Un tornado en el terrado

La azotea del Centre Cultural La Bòbila de L'Hospitalet acogió un atronador pase del cuarteto Tiger Menja Zebra organizado por la discográfica digital Bestiar

Nando Cruz

Actuación de Tiger Menja Zebra en la azotea del Centro Cultural La Bòbila de L’Hospitalet

Actuación de Tiger Menja Zebra en la azotea del Centro Cultural La Bòbila de L’Hospitalet / FERRAN SENDRA

Última tarde de sábado antes de la vuelta al colegio. Los niños corretean por la plaza mientras las abuelas conversan en los bancos. Los bares que rodean el mercado de Can Vidalet trabajan a buen ritmo: el Tropicana, El Buen Tapeo, El Cascarilla, La Rotonda… El muro en el que se reunían los vecinos durante las protestas del 15M se ha reciclado en panel de anuncios donde conviven ofertas de excursión a Carcasona y alquiler de habitaciones con pasajes de la Biblia.

A lo lejos suena el ‘Drive my car’ de los Beatles, pero la música no procede de ningún bar, sino de la azotea de un edificio. Y no es la de los estudios Apple Corps, sino la del Centre Cultural La Bòbila. Cuando llegas a este terrado del barrio de Pubilla Cases te sorprende su amplitud: tiene más metros cuadrado que muchas salas de conciertos. ¡Y está al aire libre! Las vistas son espectaculares, pero lo realmente excepcional es que aquí arriba se pueden celebrar conciertos respetando todas las medidas de seguridad. El acceso es gratuito, pero hoy solo han podido acceder quienes reservaron su entrada días atrás.

El sello discográfico digital Bestiar celebra así diez años de infatigable labor visibilizando grupos del subsuelo catalán con querencia por los sonidos incómodos. Hoy, en alianza con los locales de ensayo La Universal de L’Hospitalet hacen algo más por esos grupos: los sacan del sótano y los suben al terrado. Y hasta aquí arriba ha subido gente con camiseta de Circle Jerks, Nirvana, Television y de Vallcarca #ProuEnderrocs. El director del centro pide al público que no se mueva de su silla, pues en cualquier momento subirá la policía. Esto no va a ser un sonriente pase playero a lo Stay Homas. Se avecina tormenta.

Autodestrucción del ser humano

El tornado lo trae Tiger Menja Zebra, veterano grupo de exploradores ruidistas que estos días cierra una etapa de “autodestrucción del ser humano” a la que han dedicado ocho años y tres discos. Lo hacen con una descarga de ritmos industriales y voces saturadas. Las antenas del edificio de detrás son un decorado estupendo para estos saboteadores de la armonía y el buen rollo. Para cerrar etapa con mayor estruendo, han fichado a dos baterías que, situados frente a frente, aporrean tambores y platillos en perfecta sincronía como siameses conectados por 'bluetooth'. Entre ambos, los cerebros del grupo manejan la cacharrería electrónica, tocan bajo y batería y también aporrean platillos si se tercia.

El personal mantiene la compostura. Como mucho, se golpean los muslos al compás marcial de la música. ‘Anarquia i mal de cap’, titularon su último disco. “A la puta merda tot”, reza la camiseta de un espectador. El endeble equipo de sonido impide al cuarteto exhibir su verdadero potencial.  Aun así, es un tremendo placer percibir tamaña explosión de rabia y distorsión en esta época de pandemia y anemia musical. El estruendo ha alertado a un vecino que ha subido a su terrado para ver el concierto como si estuviera en la zona VIP. Cada vez que dejan de tocar, llega el griterío de los niños que aún juegan en la plaza.

La gente, obediente, solo abandonará sus asientos al final del concierto y para lapidar a los músicos. El cuarteto ha decidido someterse a un escrutinio y ofrece al público que les lance huevos o pétalos de flor en función de si les ha gustado o no la actuación. Recibirán de todo y en gran cantidad. “Me ha gustado mucho, pero tengo más ganas de tiraros uno”, confiesa una espectadora. Y huevo a la cara. (La 'performance' tiene su origen en el videoclip que filmaron hace ocho años y en el que Tiger Menja Zebra lanzaban huevos a Mishima, Els Amics de les Arts, Dorian y algunas otras bandas que nadie recuerda hoy).

Silbido, culebrilla, punkitón

Anochece y el trío de pop cubista Wapísimo toma ya el relevo. A partir del ‘Girls just wanna have fun’ de Cindy Lauper dan forma deforme a una canción-monstruo de siete cabezas. Un silbido, tres falsetes, cinco pellizcos a la guitarra, y ya tienen otra. Dos alaridos, pausa seca, regate del gadgeto-bajo, vacío, punteo culebrilla y otra más. La penúltima empieza con ritmo punkitón chiki-chiki bang bang. Tan juguetona es su manera de componer, que hace rato que una niña de siete años de la primera fila les ha perdido el respeto y no para de vacilarles.

El éxito de convocatoria ha sorprendido a propios y extraños. En pocos días volaron las 60 entradas disponibles. Años atrás se las veían y deseaban para atraer a 40. De repente, una propuesta condenada a pasar desapercibida en épocas de ingente oferta musical, emerge como una de las iniciativas más osadas, seguras y excitantes que se pueden disfrutar hoy en día. El presupuesto del ayuntamiento de L’Hospitalet da para lo que da y los grupos cobran una miseria. Aun así, Bestiar ya anuncia otro sarao. Será el 2 de octubre. Cómo no, en el único terrado acondicionado para afrontar tornados, huracanes y tifones.