GALARDÓN DE LAS LETRAS CATALANAS

Albert Forns gana el Premi BBVA Sant Joan tirando del hilo de un dietario hallado en un mercadillo

El periodista y escritor arma la novela 'Abans de les cinc som a casa' a partir de unos diarios de los años 70 de un contable barcelonés que compró en el Mercat de Sant Antoni

Albert Forns, en una imagen del 2016. 

Albert Forns, en una imagen del 2016.  / EFE / ANDREU DALMAU

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Un domingo de junio del 2015, Albert Forns paseaba por el Mercat de Sant Antoni y, entre una pila de libros de viejo, halló “13 libretas ligadas con gomas de pollo”. Eran los dietarios de un barcelonés cualquiera –un contable, vecino de Les Corts y muy cinéfilo- que empezaban en 1969 y terminaban en 1980. Tras regatear con el vendedor, los adquirió. “Compré una vida”, piensa el escritor y periodista, pero también una historia que ha transformado en la novela que este miércoles ha ganado la 40ª edición del Premi BBVA Sant Joan, uno de los mejor dotados de la literatura catalana (con 35.000 euros libres de impuestos más derechos de autor). Su título: ‘Abans de les cinc som a casa’, que presentará en la Setmana del Llibre en Català, a primeros de septiembre, coincidiendo con su publicación, el 26 de agosto, en Edicions 62.

Para Forns (Granollers, 1982), el BBVA Sant Joan, convocado por la Fundació Antigues Caixes Catalanes, es su tercera novela y también su tercer premio: en el 2012 ganó el Premi Documenta con ‘Albert Serra’ y, en el 2016, el Llibres Anagrama, con ‘Jambalaia’. 

Siguiendo la pista

“Hallar aquellas libretas me hizo preguntarme quién era el autor de ese dietario, cómo llegaban unos diarios, una de las posesiones más preciadas para quien los escribe, a venderse en un mercado”, explica Forns durante la rueda de prensa –virtual, por exigencias de la pandemia del coronavirus- del anuncio del Premi Sant Joan. 

En la novela el autor va descubriendo esa búsqueda, que revela que “se llama Hilari, que era un personaje entrañable pese a ser un contable de los de la peseta y el duro, un cinéfilo adicto a los cines de sesión continua, que hacía excursiones y viajes…”. Y eso llevó a Forns a investigar “el mundo de los ‘vacíapisos', de los anticuarios, de las subastas en los encantes de las cosas de un piso vaciado, del negocio de las librerías de viejo, de las quincallerías… y qué recorrido hacen y qué pasa con nuestras cosas cuando morimos”. 

No acabaron ahí los interrogantes para Forns en lo que ha acabado siendo, desde la ficción, un "homenaje a los dietarios y al protagonista". “Me preguntaba por qué escribimos diarios y cómo los escribimos: unos ponen ‘Querido diario’, otros, como Hilari, cosas como ‘antes de las 5 estamos en casa’ –que le da título-. También si aún hoy se escriben diarios o bien si los diarios de hoy día son las redes sociales. Hay gente que ha quemado sus diarios de juventud por vergüenza… En Inglaterra hay un almacén que recoge diarios para que no se pierdan, porque son una fuente histórica”.

Búsqueda de familiares

No quiere desvelar el escritor si ha localizado a la familia del autor del diario original. “Sería un ‘spoiler’, porque esa es una parte importante de la novela, del misterio que hay que guardar para los lectores. Pero eso ha hecho que yo no tenga ya los diarios -dice cauteloso-. Me ha interesado preservar la intimidad real de este personaje, hacer una construcción a partir del hecho de encontrar unos diarios vendidos de cualquier manera. El resto son las herramientas del novelista”.

Escritos en  “un catalán normativísimo”, cosa que hizo pensar al periodista que su autor pudo “estudiar en la Mancomunitat o preocuparse de aprenderlo”, los diarios reflejan una “vida rutinaria”. “No son literarios. Son una especie de agendas, de rutinas… El trabajo del novelista está en hallar cosas extraordinarias en esa vida rutinaria, ves que le pasan cosas y ves que las novelas permiten dotar de más épica a las pequeñas cosas únicas que hacen entrañable al personaje”, añade Forns, que ve ejemplos de “prototuits en lo que escribe al volver del cine: ‘esta peli es una mierda’ o ‘Dustin Hoffman es un actor lamentable, es tan bajito que no es creíble’”. 

Por edad, el protagonista pudo ir a la guerra. “Son diarios muy blancos  y eso es lo que me provocó preguntas. Es un vencido, y sabe que no puede alzar la voz sobre demasiadas cosas, se entrevén. No hay grandes cosas políticas pero aparecen las primeras elecciones democráticas y la muerte de Franco. Pero también cuando el aeropuerto de El Prat era casi un campo de hierbas, el desarrollismo, o cómo le regalaron la primera tele en blanco y negro y cómo se compró la primera en color en aquella época de canal único en que todo el mundo veía lo mismo”.   

Forns, que confiesa que también practica y siente “la pulsión de escribir diarios”, aunque no sabe si algún día querrá publicarlos, opina que hoy día “el dietarismo no ha desaparecido”. “Yo mismo me he aficionado a dictarme notas en el iPhone. Se publican dietarios, mucha gente escribe, en blogs o en libretas. Aunque es cierto –admite- que hoy en Twitter la gente gasta esa pulsión más a lo bruto. Y es una manera de perdurar. A muchos, estos días de confinamiento, les habrá servido escribir un dietario”. 

Edición anterior, desierta

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Este año se han presentado 67 obras a la convocatoria de un BBVA Sant Joan cuya edición anterior quedó desierta por quinta vez en los 39 años de historia del galardón, por no alcanzar los originales presentados el mínimo de calidad exigida. En el 2018, la ganadora fue Gemma Lienas.  

Creado por l’Obra Social de Caixa Sabadell en 1981, el galardón lo viene convocando en los últimos años la Fundació Antigues Caixes Catalanes con el objetivo de fomentar la escritura y la lectura en catalán.