28 feb 2020

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CRÍTICA DE TEATRO

'Justícia': el culebrón del pujolismo

La pieza de Guillem Clua impacta en el TNC con el retrato de un prohombre de la época pujolista que encubre su homosexualidad

La afinada puesta en escena del director Josep Maria Mestres cuenta con un magnífico trabajo coral de los 10 intérpretes

José Carlos Sorribes

Pere Ponce, Roger Coma, Josep Maria Pou, Alejandro Bordanove, Katrin Vankova y Vicky Peña, en una escena de ‘Justícia’.

Pere Ponce, Roger Coma, Josep Maria Pou, Alejandro Bordanove, Katrin Vankova y Vicky Peña, en una escena de ‘Justícia’. / TNC / MAY ZIRCUS

Ambiciosa, valiente, poliédrica, reivindicativa, incómoda... Así es 'Justícia', la monumental obra escrita por Guillem Clua, dirigida por Josep Maria Mestres y con Josep Maria Pou y Vicky Peña al frente de un magnífico reparto con 10 intépretes (para una veintena de personajes) de tres generaciones. Nombres ya suficientes para uno de los must del curso teatral. La expectación quedó ratificada la noche del estreno con la presencia en la platea de la Sala Gran del TNC de un ‘expresident’, José Montilla, un ‘exconseller’, Ferran Mascarell, y un diputado en el Congreso, Jaume Asens. Tres testigos de un montaje que recorre la vida –pública y privada– de un prohombre de la burguesía catalana, el juez Samuel Gallart, también diputado convergente en el Parlament de la época del pujolismo.

Clua ha debutado en la Sala Gran con toda la caballería. Bravo por su arrojo y compromiso. Porque la obra cabalga a lo largo de varias décadas entre la definición de una identidad personal –la de un prohombre con doble vida– y otra colectiva, la de un país que zozobró hace algo más de cinco años con la confesión de quien fue su (tramposo)timonel durante 23 años. Justícia se abre con la celebración del 75º cumpleaños de Gallart, un señor de Barcelona con una salud ya endeble. En la celebración familiar da muestras con desvanecimientos y alucinaciones que le llevan a repasar la película de su vida. No le será gozosa por la irrupción de fantasmas pasados, secretos inconfesables, dolorosas herencias familiares, doble moral, y una vida marcada por un homosexualidad oculta con un amante reclutado en los jardines de la Font del Gat... Un cóctel que el marco de una familia disfuncional evoca a la magnífica Agost, de Tracy Letts, de recordado pase en la Sala Gran.

Denuncia y reivindicación

Es en su segundo acto cuando llega toda la carga de denuncia y de reinvindicación. El breve recuerdo de Banca Catalana, de la corrupción, del fango del oasi català, van de la mano de un homenaje a los tiempos en que los grises apaleaban a homosexuales que defendían sus derechos. O a la terrible huella del sida, que conduce a otro referente del autor, 'Àngels a Amèrica', de Tony Kushner. 

Un sobresaliente Pou va al límite en un rol de gran complejidad sin un segundo de sosiego

Clua apuesta fuerte en el reto de abordar un argumento tan complejo que, además, viaja del presente al pasado con diálogos simultáneos, elipsis o 'flahsbacks'. Todo un alarde de un dramaturgo talentoso para los diálogos y el rápido perfilado de los personajes. Levanta así un hiperconcentrado serial, un culebrón melodramático, que daría para varias temporadas de una serie.
 
A ese material argumental tan potente, le dota Josep Maria Mestres de una afinada y dinámica dirección. Dispone además de la epatante escenografía de Paco Azorín con una tarima inclinada como la casa familiar. Se deconstruye conforme lo hace la vida del protagonista.

En el elenco, un sobresaliente Pou va al límite en un rol de gran complejidad, hacia adentro, introspectivo, en su primer acto y con mayor expresividad en el segundo. No tiene ni un segundo de sosiego. Vicky Peña, mientras, se sale como su sacrificada mujer, una creyente de la vida extraterrestre. Igual para olvidar lo que vive en casa. Manel Barceló, Roger Coma, Anna Sahun y compañía tampoco desfallecen en un gran actuación coral despedida con un cerrado y más que justificado aplauso.

Un dramaturgo con proyección internacional

Con formación periodística y prestigio como guionista audiovisual, la carrera teatral de Guillem Clua (Barcelona, 1973) avanza de forma sostenida como demuestra su debut en la Sala Gran del TNC, donde lo hicieron antes dramaturgos de su generación como Jordi Casanovas, Pere Riera o Josep Maria Miró. Como en el caso de este último, su proyección ha ido más allá de los escenarios catalanes. Tres obras tan distintas como ‘La pell en  flames’, ‘Smiley’ y ‘La golondrina’ se han traducido a numerosas lenguas y se han representado en diversos países. La última significó,  además, el regreso a los escenarios de Carmen Maura. La segunda parte de ‘Smiley’ echará el cierre este verano al Club Capitol.