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CRÓNICA

Protagonismo femenino en una gran jornada del BAM

Courtney Marie Andrews deslumbró con su voz cristalina en una jornada también marcada por el encanto de Lorena Álvarez

Juan Manuel Freire

Courtney Marie Andrews, en un momento de su actuación en el BAM, este sábado.

Courtney Marie Andrews, en un momento de su actuación en el BAM, este sábado. / JORDI COTRINA

La Antiga Fàbrica Estrella Damm ha acogido este sábado, día 21, una de las más completas y selectas jornadas del festival BAM de este año: cinco actuaciones con protagonismo femenino, muy diferentes a nivel de estilo, todas ellas eficaces, capaces de seducir no solo al público ya entregado de antemano, sino también al neófito o casual.

Solo hace falta tener sangre en las venas para vibrar con Los Sara Fontán, el equipo formado por la violinista que da nombre al proyecto y el batería Edi Pou, quienes ya coincidieron en La Orquesta del Caballo Ganador o Big OK (el grupo de Paul Fuster). Lo suyo es un magma de ritmo, melodía y ruido en perpetua e imprevisible mutación. Fontán estruja todas las posibilidades del violín: el lamento, la épica, el drone, lo que sea, mientras Pou sirve un latido escurridizo. Hubo pasajes de clima cinematográfico y otros de experimentación desatada. Todos totales.

Al ruido glorioso de Los Sara Fontán siguió el prístino country-folk de Courtney Marie Andrews, una artista de voz cristalina y composiciones emocionales que en un mundo más justo, más lógico, estaría arrasando en listas y presidiendo escenarios mayores. Arrancó con 'Rookie dreaming', de su disco revelación del 2016 'Honest life': esa canción en la que habla del "amanecer de Barcelona". El sábado hizo énfasis en el "Barcelona". Pero cantó más sobre las partes menos favorecidas de Estados Unidos y reivindicó riquezas como el amor, la amabilidad o la ternura. Además de country y folk, Andrews puede ser soul: véase cómo alargó las sílabas a la altura de 'Rough around the edges'.

La artista que menos presentaciones necesitaba del programa del día era Maria Rodés. Al final nos la perdimos, pero todo sea por que se recupere de ese accidente doméstico que le ha quemado parte del labio y de la barbilla. A cambio tuvimos a Lorena Álvarez, en formato de dúo con Alonso Díaz de Napoléon Solo. La asturiana supo ganarse al público (también el infantil) a base de gran pop de aromas tradicionales y, claro, su conocido buen humor. "Si no cantáis os hago hacer un corro con desconocidos", amenazó a la altura de 'Soy un olmo'. Si se tenía que poner seria, también sabía: no le sentó muy bien que la gente del fondo no dejara de hablar cuando llegó el momento de tocar 'La nube', dedicada a las abuelas. "Quien quiera escucharla que la escuche", concluyó. Fuimos mayoría.

El ruido volvió a la Fàbrica con los madrileños Yawners y su pop-punk con escapadas emo-rock de primer calibre. En el primer tercio de la actuación insistieron en la algarabía y la velocidad, pero después fueron combinando los asaltos directos y a la encía con canciones de estructuras más cambiantes e incluso tendencia melancólica: estupenda 'I'm not gonna miss you anyway'. No se dejaron, por suerte, 'La escalera', en la que la voz de Elena Nieto golpea con fuerza especialmente emotiva. Deberían explorar más la vía del castellano.

Cerrando la jornada estuvieron Y La Bamba, el proyecto de la californiana de padres mejicanos Luz Elena Mendoza, en el que caben indie rock, música mariachi y afropop; desde esta última órbita despegaron.