Ir a contenido

CRÓNICA

Arteta, entre la lírica y el musical

La soprano vasca, seductora y desinhibida, ofrece una noche de película en Cap Roig

Valèria Gaillard

Concierto de Ainhoa Arteta en el Festival de Cap Roig, con joven pianista Guillem Hernández. / FOTO DE JOSE IRUN/ ACN VÏDEO

En Cap Roig Ainhoa Arteta está como en su casa. Entra en escena pisando fuerte, arropada por un público que la sigue en cada una de sus regulares actuaciones en el festival de la Costa Brava, y sale de él con la platea de pie. Así de fácil. Entre medio, una retahíla de arias y canciones que el pasado miércoles interpretó de forma desigual, con alguna dificultad en los agudos que -veterana como es- eclipsó con la magnificencia de su voz. A diferencia de su última visita en el 2016, cuando acababa de divorciarse de su segundo marido, la soprano vasca, casada en junio con el militar Matías Urrea, se mostró alegre, seductora y desinhibida. También lució una gran complicidad con Andrés Salado, director de la versátil GIOrquesta, con el que ha compartido plató en el concurso televisivo 'Prodigios'.

Para esta ocasión, la soprano no dudó en introducirse en un genero que reconoció no ser el suyo. "Pero os lo pasaréis bien", aseguró a la audiencia. Así, mezcló un repertorio de canciones de películas musicales en la primera parte, mientras que consagró la segunda a la lírica. Después del azucarado 'Edelweiss', de 'Sonrisas y lágrimas', y un inspirado 'Summertime', de 'Porgy and Bess', Arteta abordó la no tan popular 'Hasta el último suspiro', de 'La sombra de la ley', dejando ondear su voz aterciopelada por encima del recinto al aire libre. Luego interpretó algunos temas acompañada al piano por uno de los talentos que participó en 'Prodigios'. Guillermo Hernández dejó el público boquiabierto por su maestría y juventud (11 años). En este recital, Arteta cumplió así la promesa que hizo al pianista precoz de compartir un día el escenario. "Guillem será un gran concertista", auguró. Tras la soñadora 'Somewhere over the rainbow', de 'El mago de Oz', Arteta explicó que se la cantaba a su hija "medio americana" de pequeña para dormir. "Seguro que ahora está llorando entre el público: ¡deja de llorar hija!".

Cambio de 'look'

Cambio de 'look' para la segunda parte, cuando substituyó su vestido largo y ceñido de lentejuelas doradas por otro gris perla de mangas anchas, también reluciente, ofreciendo un aspecto más acorde a una dramática 'La Wally' o una dulce 'O mio babbino caro', arias con las que se reafirmó en su papel de diva mediática y divina. Cuando ya se despedía con una contundente 'La mama morta', de 'Andrea Chénier', dio al público una sobredosis de 'show' con la habanera de 'Carmen' 'L'amour est un oiseau rebelle', que cantó contorneándose peligrosamente por la platea. Cerró este recital solidario en beneficio de la asociación AcompanyArt -que también sirvió de clausura el Festival- con un segundo bis fiestero, 'New York, New York!', partitura en mano. Sin duda, Ainhoa Arteta es la reina de Cap Roig.