03 jul 2020

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ESTRENOS DE CINE DE LA SEMANA

'John Wick 3', el espectáculo a ras de suelo

Juan Manuel Freire

Keanu Reeves, en un fotograma de ’John Wick: Capítulo 3 - Parabellum’

Keanu Reeves, en un fotograma de ’John Wick: Capítulo 3 - Parabellum’

Los responsables de la saga 'John Wick', esa franquicia improbable nacida de una película que a punto estuvo de salir directamente en vídeo en EEUU y aquí ni siquiera llegó a salas, se enfrentan a un verdadero desafío con cada nueva entrega: ¿cómo sorprender al espectador sin perder todo aquello que distinguió a su criatura en un principio, es decir, la acción creativa pero inteligible, las escenas de lucha en las que puedes ver quién golpea a quién y dónde?

Por suerte para los fans del asesino profesional encarnado por Keanu Reeves, los creadores siempre han acabado encontrando respuestas. Y además, elocuentes. 'John Wick: Capítulo 3 – Parabellum' desborda de acción tan espectacular como táctil, convierte temerariamente a los animales (caballos y perros) en aliados del héroe, diversifica el arsenal de armas y viaja hasta alguna localización inesperada; nunca en el espacio exterior. Seguimos hablando de un espectáculo a ras de suelo, sonorizado por el crujido de huesos.

Y seguimos viendo a Reeves protagonizar, quizá no todos, pero sí muchos de sus momentos de máximo riesgo. Quien prefiera llegar felizmente ignorante a la sala debería dejar de leer aquí. Quien no pueda esperar a saber qué clase de retos superó el antiguo Neo en esta entrega, será feliz leyendo lo que sigue.

Contra el jugador más alto de la NBA

'Parabellum' empieza con Wick y su pitbull a la carrera por Nueva York. Las prisas se explican porque, en cuestión de una hora, una vasta red de asesinos tendrá permiso para hacerse con la cabeza de nuestro héroe, quien no debió matar a Santino D'Antonio (gran nombre) en el territorio sagrado del hotel Continental. Hay una recompensa de 14 millones y habrá un alto grado competitivo.

Uno de los aspirantes a hacerse con el trofeo, de hecho, se salta a la torera el periodo de gracia y arrincona a Wick entre las estanterías de la Biblioteca Pública de Nueva York. Los fans del básquet quizá salten en su butaca: se trata del astro serbio de la NBA Boban Marjanović, el hombre más alto de la liga (2,22 metros), pívot de los Philadelphia '76ers. Stahelski ha admitido haberse inspirado para esta elección en 'Juego con la muerte', en la que Bruce Lee intercambiaba leches con un Kareem Abdul-Jabbar que todavía no había saltado de los Bucks a los Lakers (estos amigos rodaron juntos en 1971).

Si la primera parte era puro 'gun-fu' y en la segunda se superaban en el terreno 'car-fu', aquí podemos hablar de 'book-fu'. Para defenderse de su espigado enemigo, Wick/Reeves se sirve, un poco al estilo del Bourne de 'El ultimátum de Bourne', de un grueso libro de cuentos de tradición eslava de 1864. Y al acabar deja el libro otra vez en su sitio. Ciudadano ejemplar.

Acción con animales

Más difícil todavía que rodar con animales es… rodar acción pirotécnica con animales. Reeves ya tenía experiencia con los caballos (como demostró no hace tanto en 'La leyenda del samurái: 47 Ronin'), pero aquí se supera en este aspecto, quitándose de encima a unos motoristas mientras cabalga a lomos de un Morgan.

A veces, la acción de Wick se basa en alguna sorprendente limitación: dos hombres altos (uno en particular) dándose una tunda entre estrechos pasillos de biblioteca. Pero Stahelski también piensa en términos expansivos, como demuestra esa fabulosa 'set piece' en Casablanca, donde Reeves y su vieja amiga Sofia (Halle Berry) se abren paso entre el fuego enemigo con ayuda de dos pastores belgas malinois. Conseguir los planos adecuados (es decir, largos, ininterrumpidos por socorridos cortes de montaje) llevó tres semanas.

Es la clase de detalle que confirma a Stahelski como verdadero creyente del cine de acción. Creyente y fan: aquí sigue rindiendo más o menos claros homenajes a películas que pueden ser bastante recientes. Es complicado observar la crueldad gore y creatividad de cierta secuencia con cuchillos sin pensar en 'The night comes for us', del indonesio Timo Tjahjanto. La persecución con motos y espadas parece salida de la torrencial 'La villana', del surcoreano Jung Byung-gil. Directores que, como Stahelski, sueñan con hacer creíble lo imposible.

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