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RECONOCIMIENTO

Joan Margarit, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

El galardón reconoce el valor literario y el conjunto de la obra del popular poeta catalán, Premio Nacional 2008 por 'Casa de misericòrdia'

Anna Abella

Joan Margarit, el año pasado, en el Ateneu Barcelonès. 

Joan Margarit, el año pasado, en el Ateneu Barcelonès.  / RICARD CUGAT

«Cuando escribes, intentas hacerlo lo mejor posible. Lo que desearías es hacer un gran poema, que siendo corto, intenso y breve pueda salvar la vida a alguien. Eso es dificilísimo de conseguir. Yo no sé si lo lograré», reflexionaba con humildad a este diario Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938) poco después de saber que había sido reconocido con el 28º Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por el conjunto de una obra que el exdirector del Instituto Cervantes y de la RAE, Víctor García de la Concha, calificaba de «inmensa». Pero aunque el poeta catalán, Premio Nacional de Poesía 2008, siempre defiende la humildad –«un escritor que se lo cree y que no duda es tonto y no sabe lo que tiene entre manos»–, admite que sí, que alguien le paró un día por la calle y le dio las gracias porque un poema suyo le había salvado la vida. «Es por lo único que escribes», afirmaba el arquitecto y autor de poemarios como 'Casa de misericòrdia', 'Joana', 'Càlcul d’estructures' o 'Misteriosament feliç' (en Proa y Visor). 

«Utiliza la poesía como instrumento moral, de pensamiento y vida, de ética y de práctica», añadía este martes García de la Concha en el Palacio Real de Madrid, durante el anuncio del fallo del premio, el más importante de poesía en español y portugués, convocado por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca y dotado con 42.100 euros además de la edición de un poemario antológico y de la celebración de unas jornadas académicas sobre el premiado. Sin estar adscrito a ninguna «estética de grupo» ni «encasillado» en alguna generación poética, la poesía de Margarit, además catedrático de Cálculo de Estructuras en la Universitat Politècnica de Catalunya, tiene una «enorme claridad expresiva» y aspira «a la exactitud», apuntaba García de la Concha, que comparecía junto el presidente del Patrimonio Nacional, Alfredo Pérez de Armiñán, y el rector de la Universidad de Salamanca, Ricardo Rivero, que copresidían el jurado.

Según el exdirector de la RAE, la obra del popular poeta catalán se enfrenta al «desorden existente en el mundo cotidiano» y es un «instrumento para afrontar la dificultad ética de vivir en consecuencia con los principios». El «canto al amor y la belleza de las relaciones humanas es uno de los aspectos sobresalientes» de su poesía, añadía, destacando cómo su poesía ayudó al autor de 'Estació de França' a «calmar» la tragedia de la pérdida de una hija, a la que dedicó el poemario 'Joana'.

Bilingüismo

También destacó su bilingüismo, pues aunque el autor de 'No era lluny ni difícil' empezó a escribir en castellano, desde  los 90 lo simultanea con el catalán. «No traduce de un idioma a otro, no se trata de poemas en catalán traducidos al castellano, sino que es un ejemplo de cultura en continua traducción». Según el propio Margarit, no hay poeta que no haya escrito en su lengua materna, y la suya es el catalán. «Luego hay poemas que surgen en castellano», apunta.  

Tras publicar en el 2018 los recuerdos de infancia 'Per tenir casa cal guanyar la guerra' (Proa / Austral) ahora trabaja en un nuevo libro de poemas además de estar revisando versos y prosas antiguas. Para él, ganador entre otros, del Premio de la Crítica y del Jaume Fuster, la cultura y la poesía son fundamentales. «La cultura es lo que más cuesta de adquirir y lo que menos cuesta perder». 

La poeta Ida Vitale, Premio Cervantes 2018, también recibió, en el 2015, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En los últimos cinco años también han sido premiados María Victoria Atencia, Antonio Colinas, Claribel Alegría y Rafael Cadenas.