CRÓNICA DE CONCIERTO

Shawn Mendes, ídolo pop en construcción en el Sant Jordi

El joven astro canadiense combinó la balada intimista, el r¿n¿b sensual y el rock épico en la presentación en Barcelona de su tercer disco

Shawn Mendes, en el Palau Sant Jordi, este martes.

Shawn Mendes, en el Palau Sant Jordi, este martes. / FRANK VINCENT

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Jordi Bianciotto

El ídolo adolescente clasicote que vimos hace dos años ha crecido y ganado algo de grosor, entre el neotrovador que viene a ofrecer su corazón y el agitador de la pista de baile a golpe de sensual r’n’b. Shawn Mendes ya ha cumplido los 20 y, rompiendo con su pasado, o algo así, se presentó este martes en el Palau Sant Jordi con un disco titulado con su nombre, transmitiendo esa idea de reinvención y maduración supersónica e invitando a pensar que, como diría Raphael, llegó la hora de pasar “de la niñez a los asuntos”.

Si el concierto del 2017 fue en horario familiar, 19.30, este ya se colocó en la franja homologada de las 21.00, señal de que Mendes ya juega en la liga de los mayores. Su pop con fibras acústicas, texturas negras y brotes de aparato rockero atrajo a una multitud ‘teen’ (lleno en la sala), pero los novios, hermanos y padres comparecientes no tuvieron motivos para hacerse el harakiri: el concierto de este canadiense (de padre del Algarve) recorrió canciones simpáticas y ‘sexy’, como ese ‘Lost in Japan’ que abrió la noche y en el que Mendes proyecta una fantasía romántica en la otra punta del mundo.

Nieto de Michael Jackson

Arropado por una banda, a diferencia del ‘oneman show’ Ed Sheeran, Mendes dio algunos de sus mejores perfiles en el terso tramo de apertura, a lomos de la repescada ‘There’s nothing holdin’ me back’ y un ‘Nervous’ con inflexiones a lo Michael Jackson (ídolo confeso) e infeccioso falsete. Escenario bonito, con una pantalla de vídeo en forma de esfera flotando inclinada sobre la tarima, y la guitarra acústica como discreta aliada, dando paso a otro éxito anterior, ‘Stitches’. El Sant Jordi, un océano de puntos de luz rosácea. “La parte más increíble del espectáculo sois vosotros”, piropeó.

Lo suyo bebe de muchas fuentes y la más desaconsejable es ese grifo en el que pone U2, del que manó la épica rockera de ‘Bad reputation’ y ‘Never be alone’, con efectismo percusivo y líneas de guitarra con pretensiones atmosféricas. Quizá Mendes adolezca de querer ser muchas cosas a la vez: también el sentido ‘piano man’ de  ‘When you’re ready’ y ‘Life of the party’, interioridades que recorrió desde el pequeño escenario situado en el centro de la pista, bajo el cual colgaba una flor gigante de cambiantes colores.

Contra los novios dominadores

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Tras otra balada rock un tanto adocenada, ‘Ruin’, y el éxito con coartada social ‘Treat you better’ (en que le dice a la chica que haga el favor de deshacerse de ese novio cafre y dominador y que, por supuesto, le elija a él), las cosas volvieron a ponerse más interesantes a costa del r’n’b elástico de ‘Particular taste’ y la sensual intimidad de ‘Where were you in the morning?’, con más falsete y una atmósfera neo-soul que cuajó pese a la grandiosidad del espacio.

Aferrándose a la guitarra acústica, Mendes defendió ‘Youth’ (dueto discográfico con Khalid) rascando las cuerdas como si le fuera la vida y asociando la idea de juventud a “la libertad y la felicidad” y clamando por “cambiar el mundo”. Los últimos ‘hits’, ‘Mercy’ y el un tanto hinchado ‘In my blood’, con la versión más bien canónica de Coldplay (‘Fix you’) de por medio, culminaron la noche dando un perfil de Shawn Mendes en abierto desarrollo y con algunos cabos por atar: ¿estamos ante un trovador moderno, un revisor de la música negra o un fan del ‘stadium rock’? Se verá.