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RESUMEN DEL AÑO CULTURAL

Jo, qué año el 2018

Seleccionamos los mejores libros, películas, series y discos del año que concluye

Ramón Vendrell

Rosalía, en una imagen promocional de ’El buen querer’

Rosalía, en una imagen promocional de ’El buen querer’

El 2018 ha sido un año importante para la cultura en España, y no solo porque la designación de Màxim Huerta como ministro del ramo y su instantánea dimisión por un problemilla con Hacienda transparentaran el verdadero interés del poder político por la cultura.

Recordemos el revelador sainete. Iba nombrando ministros Pedro Sánchez y no llegaba el de Cultura y Deporte. Al parecer, y son más que rumores, un peso pesado del sector tras otro iban dando calabazas al nuevo Ejecutivo socialista. De modo que, en lo que puede interpretarse como hacer de la necesidad virtud, el Gobierno anunció que el agraciado era Màxim Huerta. Hubo pasmo en el grueso de los círculos culturales y alborozo en los cercanos al famoseo, no en balde Huerta era conocido por su paso por ‘El programa de Ana Rosa’ y, en menor medida, como autor de ‘best sellers’ (o casi) refinados, difícil categoría, en efecto. El golpe de efecto de Sánchez y compañía estaba bien pensado (aunque quizá su materialización fuera radical en exceso): ya que no encontramos a un intocable, apostamos por un rostro popular y así le sacamos varias capas de polvo de seriedad a la cultura. 

No hubo tiempo para evaluar los resultados de la decisión: Huerta se vio obligado a dimitir una semana después de su nombramiento al trascender una vieja infracción tributaria. Tras las críticas y el planchazo, el Gobierno renunció a ahondar en el discurso renovador (lo que cimentó aún más la percepción de que Huerta no había sido sino una solución de emergencia) y nombró ministro de Cultura y Deporte a José Guirao, experto en arte y gestor cultural con una brillante trayectoria al frente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y de La Casa Encendida.

El cualquier caso el presupuesto del ministerio sigue anclado en el 0,2% del total de los Presupuestos del Estado (y el de la Conselleria de Cultura significa el 0,8% de los Presupuestos de la Generalitat).

El fin del mundo pop

Parafraseando a REM, el 2018 ha significado el fin del mundo pop tal y como lo conocíamos. La nueva hornada de raperos españoles forjada durante la crisis en parques e internet ha emergido como poderosa fuerza generacional. Ayax y Prok, Natos y Waor, Dellafuente y demás ya no solo cuentan las visualizaciones de sus vídeos por millones, sino también los asistentes a sus actuaciones por miles y hasta decenas de miles. Están contra todo y contra todos y pueden permitírselo, pues han llegado adonde han llegado sin el más mínimo apoyo de las industrias musical y comunicativa. Han creado una nueva épica callejera que la muchachada parecía estar esperando.

Otro tanto han hecho sus parientes cercanos y extremos los traperos, quienes nunca han tenido nada en contra del estigmatizado reguetón. Hablamos, en fin, de la amalgama que ha dado en llamarse músicas urbanas y que Rosalía ha hermanado con el flamenco para crear un fulgurante éxito planetario con ‘El mal querer’. No hay hipérbole: el segundo álbum de la joven de Sant Esteve Sesrovires, un golpe de Estado en toda regla contra la hegemonía anglosajona en el pop, ha sido elegido como el sexto mejor del año tanto por la biblia ‘indie’ ‘Pitchfork’ como por ‘The New York Times’. Su presencia estelar en el cartel del próximo Primavera Sound, junto a J Balvin y la tira de artistas del cajón de sastre urbano, certifica el nuevo orden en la música pop.

Movimientos tectónicos en el cine

Tráiler de ’Roma’ (2018)

También ha habido movimientos tectónicos en la industria cinematográfica. En un año de cosecha extraordinaria, los críticos de EL PERIÓDICO han votado ‘Roma’ como la segunda mejor película internacional (y ‘La balada de Buster Scruggs’ no se ha colado entre las 10 primeras por los pelos). Tanto el filme de Alfonso Cuarón, que ganó el León de Oro en la Mostra de Venecia, como el de los hermanos Coen han sido producidos por Netflix, que solo ha roto su inflexible política de estrenar siempre en ‘streaming’ en el caso de ‘Roma’, aunque en contadísimas salas y más que nada para proyectar la película hacia los Oscar. El gran cine en casa va muy en serio.

Por último, tres hurras por dos nombres. Santiago Lorenzo, escritor de ‘Los asquerosos’, el mejor libro del año según este diario, e Isaki Lacuesta, responsable de ‘La leyenda del tiempo’, nuestra mejor película nacional. Ambas obras son nuevos jalones en las trayectorias de dos autores personalísimos a los que deseamos muchos años de inmovilidad creativa.