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CRÓNICA TEATRAL

'Cronología de las bestias', oscuros secretos de familia

Carmen Machi es el gancho del negro 'thriller' del argentino Lautaro Perotti que presenta el Lliure de Gràcia

José Carlos Sorribes

Santi Marín, Patrick Criado (de espaldas), Pilar Castro (al fondo) y Carmen Machi., en la escena final de ’Cronología de las bestias’. 

Santi Marín, Patrick Criado (de espaldas), Pilar Castro (al fondo) y Carmen Machi., en la escena final de ’Cronología de las bestias’.  / JAVIER NAVAL

A Lautaro Perotti lo descubrimos por aquí gracias a  su extraordinaria interpretación del lunático Marito, uno de los personajes capitales de 'La omisión de la familia Coleman', la celebradísima comedia de Daniel Tolcachir hoy en cartel en el Teatre Romea en su versión catalana. Socio de Tolcachir en la compañía Timbre 4, Perotti es como su colega un multiusos: igual actúa, que escribe o dirige. A estas dos últimas facetas suyas responde 'Cronología de las bestias', que presenta en el Lliure de Gràcia con un reparto totalmente español y el gancho seguro de Carmen Machi. De nuevo, se trata de una pieza con la familia como eje argumental, y de una oscuridad aún mayor que la de los Coleman.

En un entorno cerrado, una aparición desenreda un secreto/mentira de hace más de una década. Carmen Machi es Olvido (nombre bien adecuado para su personaje), una mujer madura abandonada por su marido y que vive bajo el tormento de la inexplicada desaparición de su hijo, Beltrán (Patrick Criado), cuando era poco más que un niño. Ella vive bajo el mismo techo que su hermana Celia (Pilar Castro), una infeliz que no rige demasiado. Se pasa todo el día tejiendo jerséis. Fue madre soltera y su vástago, César (Santi Marín), es el hombre de la casa. Nada es lo que parece y la irrupción de Beltrán, casi como un joven salvaje más de una década después de su desaparición, bien que lo corroborará.

Saltos temporales

La cronología del título de la pieza de Perotti viene por una dramaturgia-puzle, con saltos temporales del presente al pasado para que el espectador vaya ajustando las piezas de una historia asfixiante, propia de un 'thriller', y con un pulso casi propio de un relato de terror. Contribuye a ello un subrayado excesivo en la puesta en escena: muchas carreras, muchas puertas que se abren y se cierran a portazos y la obvia sensación de que una bomba puede estallar en cualquier momento.

Y lo de bestias queda claro en una familia volcánica, en la que la mayoría de sus integrantes no se anda con chiquitas. A mandoble limpio si hace falta. Machi, por ejemplo, le arrea un bofetón a Criado en una escena que te deja helado. No es posible que no le duela al joven actor.

El director Lautaro Perotti acelera en exceso una obra que presenta
una dramaturgia como un puzle

A favor de este montaje sobre la mentira como base de la convivencia familiar juega un clímax y una atmósfera obsesivas. Pero en contra maniobra una dirección tempestuosa, como el propio relato, y  muy acelerada por momentos. Tampoco escapan a ese frenesí los intérpretes. Machi es un valor seguro, pero en 'Cronología de las bestias' brilla más en reposo que cuando se enfurece. Castro sí tiene siempre el tono de su dubitativa hermana.

Santi Martín, mientras, construye un personaje de una sola cara, rígido en exceso. El debutante Patrick Criado (cara conocida por series televisivas como 'Águila roja' o 'Mar de plástico') deja entrever madera de actor de carácter, a tener en cuenta. Puede ser muy físico y a la vez dar el tipo sin abrir la boca como en la escena del reencuentro a solas con Machi. Por último, Álvaro Lavín encarna a un sacerdote, casi un detective, que pone en tela de juicio, y sin mucho éxito,  la súbita vuelta del hijo desaparecido. Es prescindible, y no por su aseado trabajo, sino por su irrelevancia en la trama.