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VOLUMEN ILUSTRADO

Los olvidados que moldearon a Elvis, Marilyn, Capone, Poe y otros iconos

Un libro rescata a 60 cómplices en la sombra que fueron decisivos en el ascenso de personajes que escribieron la historia

Anna Abella

Fragmento de la ilustración de Byron Eggenschwiler, de Edgar Allan Poe, en Quién, qué, cuándo. 

Fragmento de la ilustración de Byron Eggenschwiler, de Edgar Allan Poe, en Quién, qué, cuándo. 

Mentores, socios, cónyuges, musas, colegas, amantes, amigos, parientes, entrenadores... un discreto ejército de 'héroes' anónimos ha ayudado a escribir la historia a la sombra de iconos de mundos tan diversos como el arte, el cine, la ciencia, la literatura, el deporte, el crimen, el diseño o la política. Porque "detrás de cada gran persona hay alguien que posibilita su ascensión", afirman los autores de 'Quién, qué, cuándo. Los cómplices olvidados por la historia' (Nórdica Libros), Jenny Volvovski, Julia Rothman y Matt Lamothe. Nombres como Marilyn Monroe, Elvis Presley, Walt Disney, Coco Chanel, Edgar Allan Poe, Charles Darwin o Al Capone se suceden hasta un total de 60 en este cuidado volumen junto al de hombres y mujeres -también un perro, el de la poeta Emily Dickinson- que marcaron sus vidas e influenciaron sus carreras. 

"Son historias humanas: de amor, rivalidad, obsesión, privaciones y pasión", apuntan los autores en la introducción. Y las preguntas surgen: ¿podríamos hoy leer 'Lolita' si la mujer de Nabokov, Vera, no la hubiera rescatado literalmente de las llamas? ¿Habría sido Muhammad Ali la leyenda del boxeo que fue si a los 22 años, cuando aún se llamaba Cassius Clay, no hubiera conocido al policía Joe Martin, que como 'hobby' se dedicaba a entrenar a púgiles? ¿Conoceríamos hoy las enseñanzas y la filosofía de Cicerón si en la Antigua Roma el instruido esclavo Tirón no hubiera registrado fielmente las palabras de su maestro? O, ¿habría hallado Louis Armstrong el camino para ser un tótem del jazz si siendo un niño abandonado por sus padres un comerciante de carbón de Nueva Orleans llamado Louis Karnofsky no le hubiera puesto en las manos una trompeta?  

Durante un trabajo de ocho años, los autores del libro eligieron primero a los protagonistas que creían debían ser sacados del olvido y luego buscaron a una sesentena de expertos que pudieran escribir sobre ellos y a otros tantos ilustradores y diseñadores para retratar a estos cómplices rescatados. Bajo estas líneas, 10 ejemplos:      

JOHN ALLAN, PADRE ADOPTIVO DE POE

¿Qué ocurrió en 1826 entre Edgar Allan Poe y su padre adoptivoJohn Allan, para que el futuro maestro del cuento de terror pasara de llamarle en sus cartas "mi querido Pa" a convertirse, según su progenitor, en un "adolescente mezquino, malhumorado, resentido y desagradecido" a quien amenazó con un bastón desde su lecho de muerte? La escritora Emily Mitchell explica cómo un Poe huérfano de dos años fue acogido en 1811 en el próspero hogar de este influyente hombre de negocios, quien con el tiempo sufriría pérdidas económicas, le sería infiel a su mujer, Frances, a la que el escritor adoraba, y le negaría el dinero para la matrícula y el sustento cuando Poe empezó a estudiar en la Universidad de Virginia. Aquello abocó al autor de 'El cuervo' a apostar y contraer deudas. Reflejo de lo vivido, en su obra, las casas nobles y lujosas se trocan en "extrañas, decadentes y rotas", las personas "que al principio son una cosa luego son otra" y "lo acogedor y familiar se convierte en hostil y extraño", señala Mitchell. 

Detalle de la ilustración sobre Marilyn Monroe / JULIANNA BRION

SAM SHAW. FOTÓGRAFO DE MARILYN MONROE 

Igual que suya fue la foto de un Marlon Brando de camiseta rasgada en 'Un tranvía llamado deseo', suya fue la idea de la no menos icónica imagen de Marilyn Monroe con la falda ondulante de su vestido blanco sobre la rejilla de ventilación del metro para 'La tentación vive arriba'. La amistad entre la actriz y Sam Shaw, que duraría hasta la muerte de ella, nació cuando siendo Marilyn amante de Elia Kazan este le pidió que trajera y llevara en coche cada día al rodaje de '¡Viva Zapata!' al fotógrafo, que no sabía conducir. Aquella imagen de 1954 para la comedia de Billy Wilder, que consolidó la leyenda de la estrella, se le ocurrió a Shaw tras leer el guion y recordar una fotogénica imagen que él mismo tomó en 1941 para la revista 'Friday' de una joven en un túnel ventoso observada pícaramente por un marinero. Al rodaje de la escena en la avenida Lexington de Manhattan acudieron tantos y tan escandalosos fans que tuvieron que repetirla en un estudio cerrado. Allí Shaw inmortalizó a Marilyn en la foto que daría la vuelta al mundo. El resto de imágenes que tomaría de su amiga, cuenta la directora del archivo del fotógrafo, Melissa Stevens, siempre fueron entre bastidores, cómoda y "sola".

MICHAEL Y JOY BROWN, MECENAS DE HARPER LEE

'Matar a un ruiseñor', cuyo protagonista, Atticus Finch, quedará en la retina con el rostro de Gregory Peck, "cambió el curso de las letras estadounidenses y ayudó a promover el diálogo sobre el movimiento de los derechos civiles", señala el músico y escritor John Niekrasz. Premio Pulitzer 1961, 30 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y única obra que Harper Lee publicaría en más de medio siglo, la novela tuvo un espaldarazo definitivo por parte del escritor Michael Brown, quien desinteresadamente se convirtió en su mecenas. Les presentó un amigo común, Truman Capote, que era íntimo de la autora desde la infancia, cuando eran vecinos y compañeros de clase. Ella tenía 23 años, había dejado Derecho, se había mudado a Nueva York para abrirse paso y trabajaba en una aerolínea. Brown había llegado de Tejas tras servir en la segunda guerra mundial y se había casado con la bailarina Joy Williams. El matrimonio invitaba a menudo a Lee a su casa y pronto descubrieron que "era una escritora que llegaba a las profundidades del alma". No dudaron en regalarle la paga de un año entero para que dejara el trabajo y se dedicara solo a escribir. Y no les defraudó. 

Detalle de la ilustración sobre los mecenas de Harper Lee / PIETER VAN EENOGE

'BOY’ CAPEL, AMANTE DE COCO CHANEL 

"Dos caballeros estaban pujando por mi pequeño y caliente cuerpo", recordaría Coco Chanel, refiriéndose a su amante Étienne Balsan, heredero textil que la sacó del mundo del cabaret, y al rico amigo y compañero de polo de este, el capitán británico Arthur Edward Capel, más conocido como 'Boy'. Fue la relación con Capel, pero sobre todo su prematura muerte, la que devastó de tal forma a la diseñadora que desde entonces, apunta la periodista y escritora Lauren Viera, manifestó que "pondría a todo el mundo de luto por él": durmió sobre sábanas negras, vistió de negro riguroso y el negro no dejó de estar presente en su trabajo. Boy fue quien la instaló en un apartamento en París y la ayudó a abrir su primera sombrerería. Tras la década en que fueron amantes (años en que ambos mantenían otras relaciones), él acabó casándose con una aristócrata en 1918. La muerte de Boy se produjo poco después, en accidente de coche, cuando iba a ver a Coco por Navidad. Para el frasco del mítico perfume Chanel 5, su número favorito, se inspiró en los envases de tocador de Capel y en su licorera, de exquisito cristal. 

FRANK WILD, MANO DERECHA DE SHACKLETON

El legendario explorador Ernest Shackleton consideraba a su segundo al mando, Frank Wild, su "otra mitad". Tanto que sus restos hoy descansan juntos y en su epitafio reza "la mano derecha de Shackleton". Con Wild, "valiente, enérgico, capaz y de un optimismo inagotable", relata la escritora Julia Holmes, cualidades que se revelarían providenciales, partió a bordo del 'Endurance' junto con 27 hombres más rumbo a la Antártida en 1914, una expedición de la que lograron volver vivos tras dos años a la deriva. El barco quedó atrapado en el hielo y tras una odisea helada alcanzaron la desolada, remota e inhabitada isla Elefante. Shackleton partió con cinco tripulantes para pedir ayuda a 1.300 kilómetros de distancia dejando a Wild para mantener al resto con vida y ánimo hasta su regreso. Y este, a pesar del hambre, la congelación y la baja moral, afrontando temporales de nieve, vientos de 140 kilómetros por hora y amenazantes olas gigantes, leía cada noche a los hombres recetas para que soñaran con un festín y les obligaba a recoger cada día sus cosas por si volvía el jefe. Años después, en 1921, cuando Shackleton le llamó para una nueva e improvisada expedición a la Antártida, no dudó en seguirle. Pero el jefe murió antes, de un ataque cardiaco.

GLADYS LOVE PRESLEY, MADRE DE ELVIS PRESLEY 

Tanto protegía a su retoño la madre de Elvis Presley que, sin hacer caso de las objeciones de su marido, permitió al futuro rey del rock and roll dormir en la cama con sus padres hasta los 13 años y no le dejó pasar una noche fuera de casa hasta los 18, revela el escritor Mars Van Grunsven. El cantante adoraba a su madre, la llamaba 'baby'. Ella fue quien a los 11 años le compró su primera guitarra instándole a "cambiar la música popular" y él le regaló para su cumpleaños de 1953 la grabación de su primera canción, 'My happiness'. Faltaba un año para que ‘That’s alright, mama’ le catapultara a la fama. Gladys, que estuvo a punto de morir en el parto de gemelos en el que solo sobrevivió Elvis, hizo creer a su hijo que había heredado el alma de su hermano fallecido y que "era especial". Y con la fama empezó el calvario de Gladys. Ambos eran sonámbulos y tenían pesadillas recurrentes sobre desastres inminentes. Tanto temía ella que estando de gira tuviera un accidente que cayó víctima del alcohol, las anfetaminas, las píldoras para dormir y las depresiones, que culminaron en un fatal ataque cardiaco en 1958. "Perdí a la única persona que amé", sentenció Elvis.

Detalle de la ilustración sobre Elvis y su madre / rachael cole

WARD KIMBALL, EMPLEADO DE WALT DISNEY

De su lápiz nacieron Pepito Grillo, el gato de Cheshire y el sombrerero loco de ‘Alicia en el país de las maravillas’ o el quinteto feliz de cuervos de ‘Dumbo’. Ward Kimball se permitió un capricho en 1938 y compró un tren de 22 toneladas, lo restauró y lo hacía correr por un circuito de 200 metros en el patio de su casa. A verlo asiduamente acudía su jefe, el mismísimo Walt Disney, que lo había contratado como animador. El creador de Mickey Mouse dijo de él, la única vez que lanzó un cumplido a un empleado: "Es el único hombre que trabaja para mí al que considero un genio". Kimball, que vestía colores chillones e imposibles combinaciones de cuadros, rayas y lunares y podía pasarse una tarde corriendo por los estudios disfrazado de gorila, afirma su biógrafo Amid Amidi, contagió a Disney su pasión por los trenes hasta el punto de que empezó a coleccionar trenes de juguete y también construyó un tren a vapor a escala en su jardín, pasatiempo en el que Kimball le ayudaba. No es casualidad que también le asesorara en Disneyland, donde un tren aún enlaza las distintas zonas temáticas.

JOHNNY TORRIO, MENTOR DE AL CAPONE 

Bien sabido es que Al Capone, "enemigo público nº 1" para el FBI e imagen del gánster por excelencia, responsable directa o indirectamente de 400 asesinatos, solo cumplió condena acusado de evasión de impuestos en el penal de Alcatraz, de donde salió para morir mermado por la sífilis. Eso fue en 1931. Antes hizo 'carrera' gracias a su mentor, Johnny Torrio, también conocido como Terrible Johnny, Johnny el Cerebro y Johnny el Inmune. De él aprendió el negocio criminal un Capone con "inteligencia callejera", escribe el escritor y diseñador Dave Zackin: tras ser uno de sus recaderos en Nueva York, dirigió uno de sus burdeles, fue su aliado de confianza y finalmente su socio, controlando el alcohol, la prostitución y el juego en Chicago. Hasta tal punto se fiaba de Capone que después de sufrir varios intentos de asesinato (sobrevivió a disparos en la mandíbula, pulmones, ingles, piernas y abdomen) se retiró y le cedió su imperio mafioso, que generaba unos beneficios de cien millones de dólares al año.

Detalle la ilustración sobre el mentor de Al Capone / kyle platts

GWEN JOHN, MUSA DE RODIN

Un Auguste Rodin, a sus 64 años, ocultándose de ojos curiosos en el armario de las pinturas mientras se besa con la pintora Gwen John, de 28, era toda una imagen que podía empañar la reputación del artista, ya famoso. Se amaban, asevera la escritora Goldie Goldbloom. La joven, fuerte y decidida artista llegó desde su Gales natal al parisino Montparnasse de principios de siglo tras recorrer Francia a pie con otra mujer pintando retratos para poder comer. Llegó a mandar a Rodin más de 2.000 cartas escritas e ilustradas a mano y él, motivado por su amor por Gwen, hizo algo “innovador y sorprendente para la época”, cuando acababa de terminar su escultura ‘El pensador’: le encargaron una estatua de homenaje al pintor James McNeill Whistler, fallecido hacía poco y que había sido profesor de Gwen, y en vez de retratarlo a él, creó una escultura usando a su amante de modelo y la llamó ‘Musa escalando la montaña de la fama’, mostrando “una ambiciosa liberación de energía hacia el cielo”. Aquella obra fue un punto de inflexión en su carrera.

G.P. PUTNAM, MARIDO DE AMELIA EARHART

“Cuando me vaya, me gustaría irme en mi avión. Deprisa”, había dicho una vez Amelia Earhartla mujer piloto más famosa de la historia y la primera mujer en cruzar el Atlántico en solitario en avión, en 1932. Y así se fue, cinco años después desaparecía mientras sobrevolaba el océano Pacífico. Pero para alcanzar la fama tuvo un decisivo papel el editor de prensa, autor y aventurero G. P. Putnam, que acabaría siendo su marido, aunque ella, independiente y contraria desde siempre al matrimonio (una “atractiva jaula”, lo calificaba), antes le hizo firmar que sería una “relación abierta”, que no interferiría en su trabajo y que si no eran felices la dejaría marchar, cuenta la escritora Daphne Beal. Putnam, que representaba a un rico patrocinador, vio en Earhart la persona ideal para ser la primera mujer en cruzar el Atlántico y usó con éxito sus dotes de publicista para lanzar su carrera y, a través de ella, “promocionar la causa de las mujeres trabajadoras”. 

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