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LA GRAN CITA DEL CINE FANTÁSTICO DE CATALUNYA

'Clímax', el 'trip' orgiástico y alucinógeno de Gaspar Noé, triunfa en Sitges-2018

'Lazzaro feliz', de Alice Rohrwacher, y 'Mandy', de Panos Cosmatos, fueron las otras dos grandes ganadoras de una excelente -e infinita- 51ª edición del festival

Julián García

Tráiler de Climax (2018).

La singularidad de un festival como el de Sitges, su condición de escaparate de las infinitas y maravillosas posibilidades expresivas del cine fantástico, queda demostrada solo con revisar el rutilante palmarés de su 51ª edición. Solo aquí, territorio abierto y sin ataduras, puede otorgarse el premio a la mejor película a Climax’, el trip orgiástico y alucinatorio de Gaspar Noé; y, al mismo tiempo, el gran premio del jurado y el de la crítica a ‘Lazzaro feliz’, la mágica y poética fábula social sobre la bondad de Alice Rohrwacher. Entre una y otra, entre sus respectivos viajes al infierno y al cielo, cabría el universo entero, con todas sus galaxias y su materia oscura, con todo el cine imaginable. Un universo en el que, por supuesto, no podía faltar ‘Mandy’, la cósmica historia de venganza de Panos Cosmatos, que se llevó el premio a mejor director.

La 51ª edición del festival baja el telón con la sensación de haber ofrecido una de las mejores programaciones de su historia. Más allá de los inevitables títulos de relleno, en su sobredimensionada sección oficial había este año películas absolutamente mayúsculas, como las había fuera de concurso, en un colosal e infrecuente estallido de cine. Al final ganó ‘Climax’, bien, ningún problema, pero nadie se habría quejado si lo hubieran hecho ‘Lazzaro feliz’, o ‘Mandy’, o las (tristemente) olvidadas ‘Under the silver lake’, de David Robert Mitchell, solo recompensada con una necesaria mención del jurado, y, sobre todo, ‘Burning’, de Lee Chang-dong, morosa, esquiva, ambigua, capaz de colarse en tus pensamientos y perseguirte durante días.

El anuncio del triunfo de 'Clímax' fue recibido entre la prensa con ovación cerrada, sin apenas debate. El jurado de Sitges pareció entregado al filme de Noé. "¿La habéis visto? Se defiende sola. Me destrozó el alma. Es una auténtica experiencia física", afirmó la actriz y productora Carolina Bang. "El género fantástico es innovación y 'Clímax' es una película innovadora que por fuerza te impacta. Es imposible que te deje indiferente", secundó la directora artística Anaïs Emery. 'Clímax' puede que sea la obra más asequible de Noé, entendido, claro, bajo los parámetros del cine incómodo, cuando no abyecto, del provocador director de 'Irreversible' (2002). Pero es, sobre todo, una brutal experiencia inmersiva, un cóctel de música electrónica y danza alucinógena, un estudio sobre el primitivismo humano que nos presenta a un grupo de jóvenes bailarines pasando del disfrute hedonista a la pesadilla tóxica después de que alguien les eche un ácido en el ponche.

Premio para 'Desenterrando Sad Hill'

Del resto de galardones, destacar el del público, siempre festivo y espontáneo, para la jubilosa 'Upgrade (Ilimitado)', de Leigh Whannell, cuyos vítores al final de la proyección hacían presagiar el galardón; el de mejor actriz para la gran Andrea Riseborough por su papel de mujer con problemas de identidad en ‘Nancy’, de Christina Choe; y el de mejor actor (inesperado) para Hassan Majooni, suerte de Jack Black iraní protagonista de la delirante ‘Pig’, de Mani Haghighi. Sin poner peros a la elección del carismático Majooni, uno echó de menos aquí a Nicolas Cage, ese  vengador roto de dolor en ‘Mandy’. Poco que alegar, en cambio, al mejor guion para ‘Au poste !’, el nuevo e hilarante artificio del absurdo perpetrado por el director y músico Quentin Dupieux.

Dentro de la sección Noves Visions, el premio a la mejor película recayó en el conmovedor documental ‘Desenterrando Sad Hill’, de Guillermo de Oliveira, la historia de un grupo de entusiastas que han dedicado parte de sus vidas a restaurar el legendario cementerio del duelo final de ‘El bueno, el feo y el malo’; y el de mejor director, en Philip Gröning por ‘My brothers’ name is Robert and he is and idiot’. El siempre atrayente premio Blood Window fue para la impactante ‘Muere, monstruo, muere’, de Alejandro Fadel; y el Anima't para la preciosa ‘Mirai’, de Mamoru Hosoda. En cuanto al reputado Méliès de Plata, fue otorgado al drama 'Fuga', de Agnieszka Smoczynska; y el premio de la crítica a la mejor ópera prima, a 'Domestik', de Adam Sediák.

‘Maquia: when the promised flowe blooms', de Mari Okada, se alzó con el Fantàstic Discovery; ‘American animals', de Bart Layton, con el Òrbita; y 'Tumbbad', de Rahi Anil Barve, Anand Gandhi y Adesh Prasad, con el Focus Àsia. Mientras tanto, 'Baghead', de Alberto Corredor, conquistó el Brigadoon-Paul Naschy. Y en una demostración de que quizá no todo está perdido, el premio Carnet Jove fue para ‘Lazzaro feliz’, en una ilusionante elección por parte del jurado joven al tratarse de una película de autora, ingrávida como un ángel, rodada en super 16 milímetros, alejada de las convenciones del género fantástico.

Récord de entradas vendidas

El festival baja el telón de su 51ª edición con un nuevo éxito apotéosico de público. "Hemos subido un 4% con respecto al año pasado. A día de ayer [viernes], habíamos vendido 66.136 entradas por las 67.618 del 2017", explicó el director del festival, Ángel Sala. "Es una noticia estupenda ver que cada vez somos un festival más grande, más mediático, con más invitados", dijo el jefe de todo esto. No en vano, Sitges ha crecido casi un 35% en los últimos cuatro años, lo que obligará a replantear dónde está su techo y, sobre todo, su futuro cercano.

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