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CRÓNICA DE DANZA

La magia de 'Giselle' cautiva a Peralada

El montaje de la obra a cargo del Ballet du Capitole de Toulouse abre la contrastada oferta de danza del festival

César López Rosell

Un momento de la representación de Giselle en Peralada.

Un momento de la representación de Giselle en Peralada. / TOTI FERRER

La fiesta de la danza del Festival de Peralada no pudo empezar con mejor pie. El debut del Ballet du Capitole de Toulouse con el montaje de Kader Belarbi del mito romántico ‘Giselle’ sorprendió al Auditori por la magia y frescura de la mirada del director de la compañía francesa. Desde el respeto total a la esencia a la versión del clásico de Jules Perrot y Jean Coralli (1841) y con algunos retoques para acercar este cuento bailado al siglo XXI, la representación sedujo a un público que ni se movió de sus asientos cuando las gruesas cuatro gotas de lluvia cayeron sobre la platea y el anfiteatro. Agilidad, coordinación y una plástica historicista con decorados realistas dinamizaron la velada.

Los aplausos a los números de danza de este montaje durante la función y las aclamaciones finales a sus protagonistas certificaron la satisfacción con que se recibió esta propuesta. En ella, Belarbi transforma a los payeses de la aldea de Giselle en viticultores. En contraposición, el segundo acto de esta historia de amor y traición más fuerte que la muerte, transcurre en un ambiente fantástico, el del territorio de las Wilis (vengativos espíritus de las jóvenes muertas que matan a los hombres que se internan en él durante la noche). El coreógrafo acentúa la diferencia entre los dos mundos, el terrenal y el sobrenatural, aplicando líneas estilísticas de ballet que arropan los momentos cruciales de la historia. El vestuario naturalista de Oliver Bériot, estableciendo líneas diferenciales entre nobles y campesinos, contribuye en gran medida a dar fuerza al relato.

Fiesta de la vendimia

Es fastuosa la fiesta de la vendimia en la que se conocen y enamoran la ingenua y expresiva campesina (una etérea Natalia de Froberville) y el príncipe Albrecht (energético Ramiro Gómez Samón), oculto tras la personalidad del aldeano Loys. Una rusa y un cubano dentro de un grupo multicultural, en el que destacó el kazajo Rouslan Sadvenov encarnando al visceral y celoso Hilarion, el aspirante a casarse con Giselle que descubre la verdadera identidad de un Albrecht comprometido con la noble Bathilde. Alexandra Surodeeva compone una convincente Mirtha, reina de las Wilis. El vertiginoso despliegue de pasos a dos, cuartetos, giros y sublimes solos como el de la protagonista en el primer acto mantuvieron el ritmo del espectáculo a un alto nivel.

La cuarentena de intérpretes en escena, con los arreglos de la música original pregrabada de Adolphe Adam a cargo del suizo Philippe Béran para adaptarlo a esta versión escénica, dan la medida de la coralidad de esta producción que permite momentos de lucimiento para la mayoría de los bailarines. Una gran noche de danza que precede a las esperadas citas con María Pagés y su flamenca ‘Oda del tiempo’ (20 de julio), Svetlana Zakharova y las estrellas del Bolshoi con ‘Amore’ (13 de agosto) y ‘Folia’, un propuesta multidisciplinar de Mourad Merkouzi que une hip-hop y música barroca (17 de agosto). Oferta de contrastes para un arte mayúsculo.    

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