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LA GRAN CITA 'INDIE' DE BARCELONA

Björk hace soñar al Primavera Sound con su 'Utopia'

La cantante islandesa reinó en la primera jornada del festival, que acogió conciertos sustanciosos como los de Kelela, Sparks y Delorean

Jordi Bianciotto

Concierto de Björk en el Primavera Sound 2018 / FERRAN SENDRA

Concierto de Björk en el Primavera Sound 2018
Concierto de Björk en el Primavera Sound 2018
Concierto de Björk en el Primavera Sound 2018
Concierto de Nick Cave en el Primavera Sound, este junio.
Concierto de Sparks en el Primavera Sound.
Ambiente y público en la primera jornada del Primavera Sound en el Parc del Fòrum.
Vince Staples, durante su actuación en el Primavera Sound.

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Un mundo de ensueño, con flora de tamaño gigante, aves exóticas y una tropa de flautistas danzando a los pies de una especie de altar vegetal: es la tierra fantástica de ‘Utopia’, el disco con el que Björk envolvió la jornada inaugural del Primavera Sound con su proyección idealizada del mundo, en contraste con las miserias políticas y medioambientales de la realidad. Espectáculo majestuoso que, a la espera del pase de Nick Cave and the Bad Seeds, marcó un punto álgido de esta primera noche en el Parc del Fòrum.

Poco prodigada en Barcelona en los últimos lustros, Björk lució sobre todo su presente, que la aleja de aquel perfil pop de los años 90 a favor de una propuesta más etérea y enfocada a la elaboración de ambientes y texturas inéditas. Se trataba de estimular nuestros sentidos, como apuntó en la primera canción, ‘Arisen my senses’, camino de otras piezas del nuevo disco, ‘The gate’, la propia ‘Utopia’ y ‘Blissing me’. Rostro parcialmente cubierto por una máscara de fantasía, flores en las pantallas de vídeo y aires de jardín galáctico, de un exuberante Shangri-La.

La gran noticia para los fans veteranos fue el rescate de dos clásicos: ‘Isobel’, una de las perlas de ‘Post’ (1995), enmarcada por campos de espigas, y ‘Human behaviour’, de ‘Debut’ (1993), con su vigor industrial disminuido y sus acentos rítmicos subrayados por las siete flautistas femeninas. Desde luego, Björk no es de los artistas que se repiten. Mención también para la recuperada ‘Pleasure is all mine’, que condujo a un regreso a ‘Utopia’ de creciente tensión rítmica.

Sensualidad electrónica

La de Björk no fue la única voz femenina que extendió su particular reinado en el Fòrum: hay que hablar de la estadounidense Kelela y del refinado r’n’b  de su primer disco largo, ‘Take me apart’, del que ofreció una exquisita cata. Arropada por bases electrónicas y dos coristas, Kelela brindó su voz templada a composiciones sinuosas, entre suaves marejadas rítmicas, a través de canciones como ‘Enemy’ y ‘Bank head’, y subió la presión en el éxito final, ‘Rewind’. Sofisticada ciencia rítmica, elegancia y porte mayestático. ¿Una Diana Ross para el siglo XXI?

Representando las esencias de un rock más o menos clásico, The War on Drugs, con la puesta en escena de ese disco caudaloso aunque algo autocomplaciente llamado ‘A deeper understanding’. Adam Granduciel, cantautor urbano, sumergido en su sugerente narrativa adulta, salpicada por los brillos de canciones de obras pasadas, como ‘Pain’ o ‘Strangest things’.

Maduros y excéntricos

Poniendo a la jornada un acento de feliz excentricidad, Sparks y sus 40 y tantos años de canciones imprevisibles a cuestas, con los falsetes de Russell Mael y el rictus severo de su hermano Ron a los teclados. Ataviados todos con chaquetas rosa, presentaron disco, ‘Hippopotamus’, y recordaron el rock con brillos glam y cenefas barrocas de ‘Propaganda’ o ‘Dick around’. Desvíos electro-disco en ‘Tryouts for the human race’ y los ‘hits’ a todo trapo: ‘When do I get to sing ‘My way’’, ‘The number one song in heaven’ (con Ron saltando de la silla y marcándose una chocante coreografía) y ‘This town ain’t big enough for both of us’. Y un encantador número de ‘music hall’ a voy y piano con ‘Suburban homeboy’. Sparks, siempre un caso aparte.

Y en el Auditori Rockdelux, el pasado y el futuro de la canción vasca más aventurera, la de Mikel Laboa, a cargo de Delorean. El cantautor fallecido en el 2008 podría sentirse orgulloso de ver sus creaciones en las inquietas manos del grupo de Zarauz. Composiciones que acuden a la raíz popular cubiertas a su vez por capas de electrónica un poco mística, con txalapartas procesadas y voces salidas de otro plano de la realidad. La saga de los ‘lekeitios’ y piezas como ese mareante ‘Kantuz’ que cerró la sesión, después de que los músicos desvelaran su deseo final: “Este disco es una invitación para que indaguéis en la obra de Laboa”. Otra de las mil y una pistas a seguir para este nuevo Primavera.

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