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historietista de culto

Tom Gauld, el dibujante que ama los libros

El autor de cómic escocés publica 'En la cocina con Kafka', segundo recopilatorio de sus tiras humorísticas sobre literatura para 'The guardian', nominado a los premios Eisner

Anna Abella

Viñeta de Tom Gauld en En la cocina con Kafka. 

Viñeta de Tom Gauld en En la cocina con Kafka. 
El dibujante de cómic y humorista gráfico Tom Gauld, durante su visita a Barcelona para participar en el festival Primera persona. 
Viñeta de En la cocina con Kafka, de Tom Gauld.
Viñeta de En la cocina con Kafka, de Tom Gauld.
Viñeta de En la cocina con Kafka, de Tom Gauld.
Viñeta de En la cocina con Kafka, de Tom Gauld.

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"Libros leídos, libros por leer, libros a medio leer, libros para cuando tenga tiempo, libros que no pienso leer, libros solo para aparentar, libros leídos (aunque no recuerdo ni una palabra), libros que ojalá no hubiera leído... ". Es la personal clasificación de su biblioteca que Tom Gauld (Aberdeenshire, Escocia, 1976) dibuja en una de sus tiras cómicas más populares y celebradas, con la que más lectores suelen identificarse, de la que admite sentirse especialmente orgulloso, y que define el tono de muchas de sus viñetas. Al autor de cómics y brillante humorista gráfico, que acaba de visitar Madrid y Barcelona para participar en el festival Primera Persona, se le conoce como "el dibujante amante de los libros". 

Tom Gauld, el pasado viernes en Barcelona. / FErran nadeu

Es un apodo que le gusta, admite. "Porque no significa que soy un dibujante erudito o intelectual sino que me gustan los libros. Y de ahí salen mis viñetas, del hecho de que me gustan los libros y me río con ellos, juego con ellos, pero no me burlo de ellos ni hago una sátira negativa ni voy de intelectual", puntualiza quien lleva 12 años publicando cada semana una tira cómica en ‘The Guardian’ -lleva "unas 500", calcula-. En ellas saca punta con humor 'British' y minimalismo a los clichés del mundo literario y editorial y lanza dardos -eso sí, cariñosos-, contra el esnobismo y la pedantería. Muchas de esas viñetas las recopiló primero en 'Todo el mundo tiene envidia de mi mochila voladora' y ahora en 'En la cocina con Kafka' (Salamandra Graphic), nominado a los Eisner.     

Viñeta de 'En la cocina con Kafka'. / TOM GAULD

"Si hablara del 95% del mundo editorial en que todo va bien no tendría gracia. Lo divertido es el 5% de errores, catástrofes y problemas que existen. Igual pasa con los autores: seguramente el 95% de ellos son buenos, responsables y sensatos pero hay un 5% de ególatras que dan pie a las situaciones cómicas", cuenta quien por ejemplo coloca en una tira, en la salida de un laberinto típico de los pasatiempos, a un novelista autobiográfico y pregunta al lector si sabría guiarlo hasta el premio literario esquivando a sus amigos y parientes furiosos.

Viñeta de 'En la cocina con Kafka'. / TOM GAULD

"No estoy en contra de la cultura elitista o intelectual, sino en contra de la gente que considera que eso es lo único que existe y que se ríe o mira por encima del hombro a la cultura popular -precisa Gauld, que también colabora en 'The New York Times', 'The New Yorker' o 'New Scientist'-. Lo que pretendo es reírme de esa actitud".       

"No estoy en contra de la cultura elitista o intelectual, sino en contra de la gente que considera que eso es lo único que existe y que se ríe o mira por encima del hombro a la cultura popular" 

Tom Gauld

Dibujante

A Gauld, que ha compaginado las viñetas de humor con novelas gráficas como 'Goliath' (enfocada desde el punto de vista del gigante) y 'Un policía en la Luna' (un homenaje intimista a la ciencia ficción), 'The Guardian' le propone un tema cada semana. "Puede ser Jane Austen, unos cerdos o Drácula. Me dan pistas. Lo más difícil es encontrar la idea para combinarla con la original, hallar el contraste". Para ello, empieza a dibujar bocetos en una libreta mientras da paseos y bebe café. "Por ejemplo, si te dicen Kafka, que es un mundo oscuro y sombrío, uso el truco de buscar lo contrario, que en este caso fueron los programas de cocina en televisión. Y desarrollo la narración, a menudo presentando una idea tonta y ridícula de forma que parezca sensata. Ahí está el humor". Y aparece Kafka cocinando "bizcocho borracho de limón" mientras afirma que "el sentido de la vida es que se acaba" y que solo tiene verdadera conciencia de sí mismo cuando su desdicha "es insoportable". 

Viñeta de 'En la cocina con Kafka'. / TOM GAULD

Muchas de sus viñetas contraponen el mundo del libro clásico con su papel en el siglo XXI, como la que imagina cómo se publicitaría 'Guerra y paz' en un periódico digital: "Estos dos hombres se batieron en duelo. ¡Ni te imaginas el resultado!". "La tecnología es una forma interesante de acercarme a la literatura clásica. Así, un videojuego me parece lo contrario de las hermanas Brontë. Y con eso no quiero parecer el típico dibujante de cómic cascarrabias que dice que en su época leyó las obras completas de Dickens y se queja de que hoy los chavales se pasan el día jugando al Candy Crush. Porque, por un lado, no creo que sea cierto, y por otro, porque no me gusta esa actitud cascarrabias. Pero lo utilizo para reírme de lo tontas que pueden ser las nuevas tecnologías y de los viejos cascarrabias".    

Señala Gauld que, aunque a él le gustan autores como Chris Ware y su 'Fabricar historias', que "son complicados para quien no es lector de cómic", él intenta "contar historias que pueden pasarle a cualquiera" y que sean "accesibles" a un público generalista que tras ellas pueda querer leer otros cómics.  

Historias largas como 'Un policía en la Luna', donde analiza "grandes sentimientos como la soledad" del protagonista, que de niño soñaba con trabajar en el satélite y de repente ve que no es como pensaba, o 'Goliath', donde pone "a los personajes en situaciones incómodas". "Empiezo con historias épicas y emociones visuales para bajar al mundo de las inquietudes humanas", explica. Pero entre sus tiras literarias también las hay sobre actualidad –una manifestación de ancianos revolucionarios o lo que significa "terror en el campo": "Un anuncio de una urbanización de 100 casas a precios económicos"-. Y, aunque se confiesa "algo cobarde" ante el reto de afrontar la política, no la elude. Ahí surge un político pensando en cómo terminar su discurso: si con la mentira descarada, la estadística engañosa o la palabrería simplista. "Funciona mejor que dibujar la narizota de Theresa May... ".

Viñeta de 'En la cocina con Kafka'. / TOm gauld

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