02 dic 2020

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EN EL PALAU DE LES ARTS

Luces y sombras de un Verdi casi inédito

La primera producción española de la romántica ópera 'Il corsaro' brilla en Valencia por su propuesta musical y su buen reparto

César López Rosell

Un momento de ’Il corsaro’ en el Palau de les Arts de Valencia.

Un momento de ’Il corsaro’ en el Palau de les Arts de Valencia. / Miguel Lorenzo

Interesante apuesta del Palau de les Arts con el estreno de 'Il corsaro', una de las óperas de Giuseppe Verdi menos conocidas. La obra, basada en 'The corsair' de Lord Byron, nació en 1848 en medio de la pugna de dos editores que se peleaban por los derechos del título. Esta romántica y enigmática pieza, con ingredientes épicos, amorosos, exóticos y apelaciones al honor, quedó en el olvido durante largos años hasta su posterior rescate. En España solo se ha ofrecido en una versión concierto en el Liceu (2004) y otra representada en Bilbao (2010) antes de llegar a esta primera producción propia del teatro valenciano en colaboración con la Ópera de Montecarlo. La propuesta, dirigida musicalmente por Fabio Biondi, ha cosechado un notable éxito gracias a la orquesta y coro y la calidad del reparto, pero ha defraudado con la vanguardista puesta en escena de la alemana Nicola Raab.

Nexo de unión entre un periodo romántico entroncado con el belcantismo y el verismo, la partitura muestra pasajes de gran belleza que apuntan a la línea estilística que seguirá con la trilogía popular de 'Rigoletto', 'La traviata' e 'Il trovatore' y posteriores obras de madurez. La ópera fue escrita en plena revolución italiana pero alejándose de los tintes políticos que el autor reflejó en otras creaciones como 'Nabucco'. Más allá de la concisión y los tópicos de un libreto limitado a las dimensiones de una ópera que no llega a las dos horas, el valor de la producción se centra en las virtudes músico-vocales.

Una pasión fatídica

La trama narra la historia de Corrado, un corsario que decide implicarse en la lucha contra los turcos dejando a su amada Medora presa de los peores presentimientos en la isla que habitan. La batalla en la ciudad de Cretone acaba con el triunfo de los asaltantes, que llegan hasta el harén, donde el protagonista logra salvar de las llamas a Gulnara, la favorita del pachá Seid. Una rápida reacción de los turcos les permite devolver el golpe y apresar a los invasores. El héroe será condenado a muerte, aunque las maniobras de la favorita lo salvarán. En el regreso, encuentra a una moribunda Medora que se ha suministrado un veneno creyendo que su idolatrado amor no regresaría. El suicidio del héroe concluye la historia.

Ante la pobreza de la propuesta escénica de Nicola Raab, el público se deja llevar por el poder de la partitura

Raab ha decidido situar la acción en el espacio mental de Lord Byron. Las situaciones externas se presentan como imaginaciones suyas expuestas con la ayuda de proyecciones, láminas que nos remiten a las pinturas orientalistas del siglo XIX y la creación de algunos cuadros, como el del harén, francamente pobres en lo visual. El vestuario, con profusión de turbantes, dorados y hasta un traje de derviche para el protagonista, no pasa de la categoría de disfraz de alquiler. La 'regista' no ha dado tampoco con la tecla en la dirección de actores. Por ello el público se deja llevar por el poder de la partitura, con el foso de la orquesta elevado casi a la altura del escenario para conseguir una mejor conexión fónica entre cantantes e músicos.

Biondi exhibe la firmeza de su pulso en este repertorio que se aleja de sus propuestas más ligadas a la música barroca. Mantiene a salvo el equilibrio entre la orquesta y las explosivas voces con apuntes maravillosos de algunos solistas de la formación y poniendo especial énfasis en los momentos de mayor lirismo. La esperada presencia de Michael Fabiano (Corrado), uno de los tenores más ascendentes del circuito, no decepcionó. Con buena presencia y recursos más que sobrados, lució un timbre rotundo, transparente y con buena proyección. Kristina Mkhitaryan deslumbró como Medora conquistando a la sala con la belleza y expresividad de su registro, que brilló especialmente en el aria del primer acto. Oksana Dyka (Gulnara) mostró sensualidad y un potente caudal vocal a veces sobrepasado, mientras que Vito Priante cumplió en lo canoro pero le faltó fuerza dramática para dar cuerpo al repelente Seid y Evgeny Stavinsky ofreció un buen Giovanni dentro de un notable reparto.

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